PUBLICIDAD
Ayer no pude dejar de leer con verdadera perplejidad en LA GACETA las declaraciones que realizó recientemente a Canal Sur el presidente del Congreso, José Bono, en las que nos acusaba a mi mujer, María Dolores de Cospedal, y a mí, de orquestar conjuntamente una presunta conspiración periodística contra su honorabilidad.
Ignacio López del Hierro
Ayer no pude dejar de leer con verdadera perplejidad en LA GACETA las declaraciones que realizó recientemente a Canal Sur el presidente del Congreso, José Bono, en las que nos acusaba a mi mujer, María Dolores de Cospedal, y a mí, de orquestar conjuntamente una presunta conspiración periodística contra su honorabilidad. Según la teoría del señor Bono, nosotros seríamos los autores intelectuales de una trama en la que interpretaríamos un papel protagonista de garganta profunda de los periodistas que han publicado las informaciones relativas a sus actividades empresariales y propiedades patrimoniales.
Unas informaciones que, debo admitir, no me habían merecido mayor interés hasta ayer, cuando, para mi estupefacción, he descubierto que los urdidores en la sombra del complot que denuncia el señor Bono éramos mi mujer y yo.
Según las declaraciones recogidas por LA GACETA, el presidente del Congreso admitía en Canal Sur que carecía de pruebas para sostener esta difamación, pero añadía que eso era lo que había oído a otras personas (¿?). Nunca he tenido la oportunidad de conocer a José Bono, aunque como ciudadano me merece el debido respeto en su calidad de tercera autoridad del Estado.
Más allá de su función institucional, he de admitir que mi interés hacia sus avatares personales o profesionales se limita a la más absoluta de las indiferencias. Trabajo en la empresa privada desde hace más de 20 años y mi dedicación se ciñe exclusivamente a mi familia y a mi actividad profesional.
El mundo de la política me es ajeno, salvo en lo que respecta a mi lógico interés por la carrera de mi esposa. Acusarme, junto a ella, de mover unos hilos invisibles en una intriga palaciega me parece un delirio cinematográfico impropio del presidente del Congreso de los Diputados. Deseo seguir preservando mi intimidad como hasta ahora.
Espero, en cualquier caso, que el señor José Bono tenga la oportunidad de rectificar sus graves acusaciones. De persistir en ellas, me vería entonces obligado a poner en manos de mis abogados las oportunas acciones legales que pudieran derivarse.
En cualquier caso, agradezco profundamente a LA GACETA la oportunidad que concede a un ciudadano normal de defenderse, con el honor y la palabra, de las abrumadores injurias vertidas contra él por quien ocupa la tercera autoridad del país.
TEMAS RELACIONADOS: Opinióncaso bonoIgnacio López del HierroJosé Bonopatrimonio de Bono
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Si quieres entrar en el debate debes estar registrado en nuestra comunidad.
Si ya lo estás, debes iniciar sesión.
Si aún no lo estás, regístrate aquí.
Recuerda que tu comentario puede ser votado por el resto de los usuarios que estén registrados.
Revisa nuestras normas de conducta si no quieres que tu comentario sea moderado. Acceder al manual.