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    Democracia… a la española

    25 FEB 2012 | Pablo Castellano

    Hay jueces que se resisten a aplicar la ley Claridad y por repugnancia ideológica.

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    Puede haber leyes que no gusten pero ni la ignorancia de las leyes, ni la disconformidad, eximen de su cumplimiento. Los jueces, mientras el legislativo no las modifique, deben aplicarlas. Las resoluciones del Ejecutivo gozan de la obligada obediencia hasta que los tribunales se pronuncien sobre su improcedencia. El legislativo, el judicial y el Ejecutivo no pueden hacerlo todo como les dé la gana, y tienen marcado su ámbito de competencia por las Leyes. Estos principios, y pocos más, son el basamento de la seguridad jurídica. La totalidad de los legisladores, jueces y gobernantes están más obligados que nadie a hacerlos respetar,empezando por ellos mismos.
    Cuando el Parlamento se pronuncia sobre la polémica Historia, cual si fuere una Academia no está haciendo más que el ridículo, como el Tribunal que pretende con sus resoluciones dirimir cuestiones científicas. Tan errados ambos como el Gobierno que decide sobre la conveniencia o no de ciertas lecturas.

    Aquí y ahora hay jueces que se resisten a aplicar la ley por repugnancia ideológica,u olímpicamente se la inventan. Un ministro se ha permitido afirmar que el Tribunal Constitucional, que sí esta para eso, no podía ni debía examinar la consitucionalidad de un estatuto de autonomía. El TC, que no esta para eso, legisla como tercera cámara, y corrige a los Tribunales en su labor jurisdiccional. Remata el disparate el que alguien pretenda que el Parlamento se pronuncie con petulantes declaraciones, sobre temas que le están vedados pues no entran en el campo del quehacer legislativo, ni del control, ni de la exigencia de responsabilidades. Declara, más que para aclarar, para confrontar.

    Demasiados, quieren ser al tiempo legislador, juez, Gobierno y hasta Jefe de los creyentes. Pero esto no sólo se produce en el servicio de los tres poderes. En la calle legislamos, sentenciamos y …también hacemos lo que nos da la real gana. Invocando la legítima defensa.

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    1 Comentario

    • Anónimo(No registrado)13:07 | 26 de febrero, 2012

      La claridad que ve, D. Pablo, es debida al gran agujero existente en el tejado, tejido roto a cielo abierto sobre la cubierta de seguridad y protección in iure del edificio, ahora bastarda a tres aguas y sin cubo que asista la gotera que pende cayendo incesante, de cuya reparación nadie se obliga y cursa por inacción e innecesaria mala práctica, que tampoco cesa, continuada a inédita obra, todo ello gracias desde que a manos de Alfonso los españoles conociéramos el fatal desenlace del fallecimiento del fallecido Barón de Montesquieu, que Dios tenga en su Gloria dos veces. Con pilares movidos y desplazados sus ejes, el arquitrabe mediante "trias politica" no es capaz de sustentar a su vez con garantías la arquitectura restante; de nada vale pulverizar con spray 3 en 1. Mucho se ha enarbolado la bandera trapajosa de los grandes pactos de estado por quienes son meros usufructuarios de la soberanía popular, última residencia del poder, cuando del rosa catecismo al amarillo gran hermano, trapero mayor con bonus plus, media decapa y decapa a marchas forzadas los mass media cual catequesis totum revolutum de la parroquia. Consuela recordar el bachiller de mejores textos Anaya haber estudiado que de la civilización Maya no pudiera cumplirse este año el augurio canalla de su calendario.

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