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    Diagnóstico Alzheimer

    25 AGO 2010 | José María Fernández Rúa

    Las herramientas son neuroimágenes y también marcadores moleculares.

  • Pruebas de memoria y exploración del cerebro con ayuda de tecnología no invasiva de última generación son las herramientas que, de momento, tienen los clínicos para predecir con mayor certeza si una persona con problemas cognitivos leves puede desarrollar la enfermedad de Alzheimer.

    Las neuroimágenes que, con resonancia magnética, realizaron en 85 personas con esa disfunción el equipo de la profesora Susan Landau, de la Universidad de Berkeley, fueron la culminación de una serie de pruebas sobre memoria episódica, junto con marcadores moleculares en sangre para estudiar alteraciones específicas propias de la etiopatogenia del Alzheimer: alteraciones anómales de las proteínas TAU y beta amiloide.

    Los científicos, según detallan en Neurology, se centraron en el hipocampo, que es la parte del cerebro responsable de la memoria y el aprendizaje. También emplearon la tomografía por emisión de positrones para detectar posibles alteraciones metabólicas en el cerebro de estos voluntarios de entre 55 y 90 años.

    Tras un seguimiento de dos años, Landau asegura que cada una de estas pruebas son candidatas a ser utilizadas como tests independientes para predecir la progresión de la enfermedad. La causa del mal de Alzheimer sigue siendo una incógnita, aunque es muy probable que no haya una sola causa, sino varios factores que afectan a cada persona de forma distinta, entre ellos los antecedentes familiares.
    Así, la enfermedad de Alzheimer familiar de aparición temprana, una rara forma que suele aparecer entre los 30 y 60 años de edad, es de carácter hereditario. Pero la clase más frecuente de esta demencia senil es la de la aparición tardía. Para la doctora Ana Frank, del Servicio de Neurología del hospital La Paz, el factor de riesgo más importante para padecerla es la edad avanzada, de manera que a partir de los 65 años aumenta su prevalencia de forma muy notable y en una población mayor de 90 años se presenta en más 30% de los nonagenarios.

    *J. M. Fernández-Rúa es periodista cientíco.

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