
Si ya era un escándalo el convenio del controlador, en época de crisis es un insulto para el resto de los trabajadores. Ante una huelga salvaje de controladores en 1981, Reagan activó un plan de emergencia que incluía a personal militar. El 60% de los pilotos procede del Ejército del Aire y se integró en las compañías comerciales tras un curso de formación. Los que se den de baja por estrés no estarán capacitados para ejercer. Paradojas.
Tras el chantaje de los conductores del metro de Madrid, los ciudadanos nos topamos una vez más con los controladores aéreos. Esa exigua casta, formada por poco más de dos mil profesionales y que disfruta de un salario anual de entre 300.000 y 700.000 euros, se ha dispuesto a amargarnos el verano. Echan un pulso a Fomento y AENA por la conservación de sus privilegios, pero hacen la puñeta a sus conciudadanos. Además pueden sacar pecho porque forman parte de esa élite laboral que controla los sectores más estratégicos de un país: los medios de transporte. Pero ¿quién controla a los controladores? ¿Tiene medios y cobertura legal el ministro José Blanco para detener la huelga de celo que mantienen desde hace meses? ¿Tiene un plan B desde que se inició el conflicto hace un año? Sí, hace un año.
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