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    Sala vip

    La España competente

    15 JUL 2010

    Una regeneración económica en España permitiría una menos dolorosa reorganización del Estado en sus vertientes territorial y social, que en cualquier caso, son inaplazables, así como frenar la descomposición de la estructura social del país, con un 20% de su fuerza productiva enquistada en el paro.

  • Arturo Moreno.- Para ello, de forma tardía e insuficiente, se afrontan reformas que no parece que den respuesta con la determinación precisa a los grandes problemas que tiene planteados nuestra economía y, por lo tanto, dilatan la recuperación de la confianza de los mercados, de nuestros prestamistas y acreedores y de los creadores de empleo.
    El decreto ley sobre la reforma laboral, en trámites de proyecto de ley, es romo en su alcance. Ignora la realidad económica de las empresas al no descentralizarse la negociación colectiva, no avanzar en la reducción de la intervención judicial de los conflictos laborales y no reducir la brecha entre contratos temporales y fijos sino más bien fosilizarla.
    Las reformas de las pensiones y de la sanidad (copago) están en fase tentativa, buscando amortiguadores sociales, consenso de la opinión pública y visto bueno en low profile de los principales partidos políticos, huyendo de un hipotético coste electoral. La reforma financiera va sintetizando las etapas previstas de reordenación de las cajas pasándose de las fusiones frías o turbonucleares a la fase de la bancarización, pero la clarificación del balance de bancos y cajas sigue sin despejarse y nadie sabe qué ha sido de los créditos, teóricamente impagables a promotores, y un pasivo contaminado por la compra de deuda soberana.
    Estos son sólo algunos de los fragmentos de la realidad nacional. No podemos ignorarla pero tampoco ahogarnos en ella. España saldrá adelante desde el trabajo y el esfuerzo de todos, y para ello es necesario el cambio de mentalidad de todo el país volcando toda la energía nacional en la dirección fértil y ésta no puede ser otra que la de la competencia, la calidad y la excelencia. Es decir, el espíritu de superación personal y nacional.
    El pilar de nuestro gran cambio no puede ser otro que la ciencia, es decir, la captación y aplicación de conocimiento en los procesos productivos. Para llegar hasta este objetivo tenemos que repensar, y por lo tanto reformar, nuestro sistema educativo, es decir, la formación de nuestro capital humano. En la Universidad se producen tasas muy altas de abandono. Esto limita extraordinariamente el nivel de nuestra sociedad y de sus posibilidades de desarrollo, ya que la falta de cualificación producirá empleos de baja calidad e incidirá en nuestra renta, produciendo un efecto de retroalimentación que inmovilizará el sistema. Con un efecto añadido no deseado, además provocará la huida de las personas mejor preparadas y con más talento del país ante la ausencia de expectativas de futuro. Se trata por lo tanto de un factor estratégico que exige una férrea voluntad política y la vuelta, con el imán de la ejemplaridad, a principios y valores en los que se basa el noble éxito. Sin espíritu, es decir sin valores, las reformas serán un mero tema técnico, bien conocido por los expertos, pero con resultados inferiores al potencial de nuestra sociedad.
    España necesita una urgente renovación económica, tanto en la mejora de los procesos productivos como en la búsqueda de nuevos negocios y para ello hay que incentivar la creatividad, auxiliándola con los soportes necesarios para su concreción. Es conocida nuestra baja productividad, un 20% inferior a la Unión Europea de los 15, y por extensión, la falta de competitividad del conjunto de la economía.
    Por ello, hay que impulsar a las empresas, sobre todo las nuevas de alto contenido en I+D+i, que necesitan vitalmente el acceso al crédito público y privado. Aunque dos tercios del gasto en I+D+i procede del sector privado, en torno a poco más de 10.000 empresas, sin embargo, dos tercios de los investigadores se encuentran en la Universidad principalmente y en los centros públicos de investigación.
    Frente a esto existe la gran empresa española gestada principalmente (la excepción emblemática es Inditex) en torno a los antiguos monopolios públicos, a la banca, a los contratos de obra pública y que en diferentes fases a partir de los años ochenta iniciaron una expansión geográfica por Latinoamérica y, por lo tanto, cambiaron la dimensión de las mismas. Ahora, en ese esfuerzo imprevisible de la pequeña y mediana empresa por salir e implantarse fuera, donde nos jugamos la supervivencia, la gran empresa española debería ayudar a este objetivo por interés propio e interés nacional.
    La llamada Generación del 14 (Ortega, Marañón, Pérez de Ayala, etc.) ya intentó articular en torno a la ciencia el proyecto de modernización y de europeización de España. Articular las capacidades y las habilidades de nuestro país, estimular el rigor y la creatividad, poner en valor nuestros activos, corregir las carencias que frenan nuestra competitividad son elementos nucleares de la imprescindible renovación española.
    Sin sociedad competente España no será un país competitivo. En la vertebración de la España competente nos va el futuro.

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