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    Eta nos corteja
    De domingo a domingo

    ETA nos corteja de nuevo

    23 ENE 2010 | Carlos Dávila

    El documento último de la banda no lo redactaron sus nuevos jefes, piénsese en Iñigo Iruin, el abogado de siempre, o en Otegi y el sindicalista Díaz Usabiaga, los dos presos que ahora obedecen a ETA.

  • Tras el vil asesinato de José Luis López de la Calle se organizó en Bilbao una enorme manifestación. Algunos periodistas, arropados, es verdad, por los escoltas del Ministerio del Interior, acudimos a ella. Transcurrió en un silencio pavoroso por la señorial Gran Vía de la capital vizcaína, una calle amplia llena de alicientes para pasear relajadamente. Aquella tarde, sin embargo, nadie marchaba aliviado. Antes de llegar a la Plaza Elíptica, Moyúa, se me acercó un paisano, y en voz muy baja, casi inaudible, me dijo: “Aquí, en esta calle, es donde se ha planeado este asesinato”. De inmediato entendí el sentido de aquella frase, porque en los tiempos más terribles de ETA, cuando la banda de asesinos que comandaba, por ejemplo, José Ternera (en un momento hablaremos de él) mataba a destajo, los expertos en la lucha antiterrorista solían hablar así: “Pero, ¿es que alguien cree que la dirección de estos criminales la ostentan bestias como Potros o Urrusolo?”. Naturalmente que no: la estrategia de los homicidas SIEMPRE, con mayúsculas, se ha urdido desde ámbitos más confortables que los zulos habitacionales en los que comúnmente se ha refugiado ETA. La Gran Vía era una referencia paradigmática.

    Este pasaje viene a cuento de la siguiente historia: los conocedores, también de siempre, de los entresijos de ETA aseguran ahora que el más reciente comunicado de la banda, el publicado hace siete días, NO ha salido de la pluma –si es que la tienen– de esa cuadrilla de desarrapados que forman actualmente la supuesta jerarquía de la banda. Apuntan, y así lo transmito, a tres hombres: el eterno Iñigo Iruín, Otegui desde la cárcel, o el sindicalista también preso, Díaz Usabiaga. No es que los dos últimos, sobre todo el segundo, sean peritos en lenguaje, pero sí son capaces de ordenar alguna reflexión como la que el diario Gara insertó el pasado domingo. El caso de Otegui es, además, muy sugestivo: aquí, en LA GACETA, hemos publicado que este interno tan especial de Soto del Real es en este momento un fiel cumplidor de las consignas de ETA: nula participación en ninguna actividad carcelaria, resistencia pasiva incluso a cualquier orden reglamentaria y, si llega el caso, declaración de huelga de hambre. Esta actitud revela una indudable identidad de propósitos con ETA.

    Interpretaciones

    El citado texto de Gara ha tenido un par de interpretaciones. La oficial: nada nuevo, más amenazas, están muy débiles y por eso mencionan la alternativa política al tópico “conflicto”… Este comentario, por obvio, es realista, así que cuando el periódico de cabecera del ministro Rubalcaba (el suyo es El País, el de su amo, Zapatero, Público) lo recogió fielmente pareció muy correcto. Sin embargo, un antiguo responsable de la Seguridad del Estado, compañero de Rubalcaba en el felipismo que practicaba el terrorismo de Estado con el GAL, explicaba el documento de muy diferente manera. Decía: “Es, a mi parecer, la respuesta de ETA a alguna petición que se le ha hecho desde el Gobierno. ¿Cuál puede ser esta petición?, pues fácilmente, los etarras escribieran un texto muy similar al que han publicado; es como si yo te hablo así: Si tú me dices esto, yo te diré lo otro. No es nada enigmático; se trata del posible comienzo de un nuevo entendimiento –aún no me atrevo a denominarlo negociación– que, al parecer, ya ha comenzado. Otro experto, también muy conocido del propio Rubalcaba, lo confirmaba: “Esto nunca ha dejado de pasar” y, una persona que sabe muy bien cómo se las gasta el entramado etarra en el País Vasco, nos indicaba, el pasado miércoles, que el sábado anterior, en Baracaldo, ya se produjo una intentona entre enviados especiales de las dos partes.Y así lo contamos. La hipótesis de ahora es, por tanto, ésta: la ETA extraordinariamente debilitada, debilitada afortunadamente como nunca, necesita que su facción política pueda presentarse a las próximas elecciones municipales de 2011. Es su vida o su muerte. La conveniencia política de ese mundo siniestro puede coincidir con la propia de Zapatero. España, ya en su mayoría se encuentra harta, absolutamente harta de la inepcia iluminada de este personaje que, en opinión de los afortunados que aún mantienen con él alguna relación, se halla totalmente fuera de la realidad. Lo denunció su antecesor socialista, Felipe González, y lo sugería hace unas fechas el presidente de una de las grandes empresas españolas que, en una conversación privada, se expresaba así: “Está fuera de la realidad y nosotros le damos definitivamente por amortizado”. Por si los sabuesos de La Moncloa, sus lacayos pertinaces, quieren una pista para identificar al lenguaraz, aquí: fue uno de los participantes de una reunión patronal en Sevilla. Que busquen. Y el que sí busca es Zapatero, que marcha de fracaso en fracaso en la Unión Europea, y que, según extendidas informaciones, vuelve a pensar, otra vez, que su tabla de salvación es el gran acuerdo con ETA. Lo expertos con los que he hablado para redactar esta crónica, coinciden: la foto de ETA dejando las armas encima de la mesa, propulsaría de nuevo la ambición de poder del presidente.

    Ceremonia de desmentidos

    Claro está que debe contar con Rubalcaba, al que en la anterior negociación engañó y dejó prácticamente apartado de la sala de control. Con todo, la nueva operación se hará con o sin el pertinaz ministro que, por lo demás, anuncia a quien le quiere escuchar su intención de marcharse para respirar aire fresco. Zapatero no caerá, en opinión de estos expertos, en el error de volver a confiar en un personaje como el maltratador Jesús Egiguren, al que cedió la iniciativa entera, pero que se hundió rotundamente con los “chicos de la banda”. Y, ¿quiénes son ahora los “chicos de la banda”? Pues sigue siendo uno. A unos de estos grandes conocedores del terrorismo etarra le pregunté hace unos días con más intención que ingenuidad: “Y, ¿por qué no detienen a José Ternera?”. Mi interlocutor sonrió levemente por teléfono (de aquí que Rubalcaba ya conozca toda la conversación) y respondió: “Porque no quieren” Sobraba la réplica: si renuncian a apresar a un prófugo de la Justicia es porque le precisan para mejores hazañas; desde luego, para intentar una reedición, con distintos personajes, eso sí, de la negociación.

    Durante días o meses mejor, vamos a asistir a una ceremonia singular de dimes y diretes, de revelaciones y desmentidos. Estemos preparados para ello. La clave para saber si se confirma la retomada táctica es vigilar muy estrechamente la actuación del simpar fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido, el cual, como primera providencia, esta es una constancia, ha ordenado a su leal colaborador, Javier Zaragoza, fiscal de la Audiencia Nacional, que los colegas que nunca aceptaron los anteriores episodios de vergonzante rendición ante ETA, queden relegados de todo servicio. Podríamos ofrecer los nombres y apellidos de una decena de estos estupendos y hasta heroicos profesionales a los que Zaragoza les ha dejado prácticamente sin trabajo: eran los colaboradores de Fungairiño y por tanto, a ellos ni agua ni viajes ni ocupaciones. Nada. Esta, y no otra, es la explicación de la fuga, otra fuga, de Ignacio Gordillo, 30 años luchando contra ETA en la Audiencia Nacional, y ahora relegado a labores ínfimas. Por tanto, si el dúo Conde-Zaragoza comienza a entender políticamente la Justicia como lo hizo de modo bochornoso en la anterior edición de ETA, ya todos tendremos la certeza de que ha vuelto Zapatero a las andadas. ETA nos corteja (y engaña) de nuevo.

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