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    Ilustración Fraga.

    Fraga: expresivo anecdotario

    22 ENE 2012 | Carlos Dávila

  • Viajábamos los periodistas en su caravana electoral. Era un auténtico convoy compuesto por no menos de siete furgonetas hostiles propias de los ochenta; eran más bien camionetas de pescado en las que los periodistas nos volcábamos a derecha e izquierda más que si fuéramos realmente besugos conservados en hielo. Fraga y sus escoltas marchaban por delante en un Volvo, creo, a una velocidad que el individuo este que todavía gobierna el tráfico en España, el socialista Pere Navarro, hubiera juzgado directamente de cárcel. Una etapa –lo recuerdo– cubría el terrible, frondoso recorrido de Oviedo –donde nos despedía Álvarez-Cascos con una chaqueta amarilla de cuadros que le debía de haber regalado Gabino de Lorenzo– hasta Villalba, el pueblo natal de Fraga, donde teníamos que cumplir el obligado requisito de saludar a “Tía Amadora”.

    Entonces éramos muy jóvenes y nuestras vejigas, sin necesidad de sonda, aguantaban unas horas, pero no tantas como para no sentir la necesidad de soltar urea o en el campo o en una gasolinera. Así que, llegado el momento de la micción imprescindible, solicité al jefe de mi conducción que parara en algún lugar apto para la evacuación. El guía, un tipo permanentemente adornado por una pipa que olía a taberna irlandesa, trincó el walkie-talkie, el instrumento de comunicación por entonces, y se dirigió con respeto reverencial a don Manuel. Le dijo:

    -Don Manuel, Carlos Dávila solicita un receso para orinar.
    Con voz de trueno, secamente además, respondió el jefe:
    -Dígale que no está contemplado en la ruta.

    Atrevidas preguntas

    Las ideas de Fraga eran irrebatibles e inconmovibles. Un lunes al mes nos reunía a los cronistas políticos en un restaurante, La Criolla, felizmente desaparecido, de la calle Fuencarral en Madrid. Don Manuel se empujaba diversos aperitivos, los más, embutidos correosos, se sorbía luego un caldo gallego con tropezones de toda índole y se terminaba o con una chuleta de ternera o con un pescado bien regado en salsas absolutamente indescifrables.

    A las once y media le traían la botijada correspondiente y se empeñaba en meternos en el cuerpo una queimada irascible cuyo primer sorbo nos horadaba a los pobres plumillas directamente el duodeno. Por entonces Fraga ya había contestado a nuestras preguntas. Uno, bastante insolente y temerario, levantaba el brazo en señal inequívoca de proferir una cuestión. Fraga me veía y, con ojos de fuego absolutamente entrañables por otro lado, me increpaba:

    Curiosos adjetivos

    Curiosamente, no guardo ni el menor rencor de aquellos episodios. Íbamos todos como quien asiste al banquete de un tío abuelo que se permite el lujo de soltarnos un pescozón. Otro día, en una tertulia periodística, la única que aún sobrevive desde la Transición, un osado colega, docto en los saberes más inútiles que imaginarse puedan, tuvo el atrevimiento de discutirle a don Manuel las características anatómicas y costumbristas de un pájaro denominado, y no por casualidad pienso, “la marica”. El inconsciente discutía con Fraga incluso el modo de dormir del volátil animalejo. Fraga iba caldeándose y le denunciaba esa faz suya entre tremebunda y chistosa que tanto ha dado de sí a los ideadores de viñetas. De pronto, no pudo más, largó una palmada en la mesa a resultas de la cual saltó su reloj por los aires y el vino de su copa tiñó el techo, y bramó:

    -¿Sabe lo que le digo? Pues que yo de pájaros entiendo mucho porque los mato.

    Allí se acabó el incidente. Repito ahora los adjetivos que esta misma semana he insertado en mi billete de cada día: honrado, iracundo, trabajador, docto, excesivo, dictador, ingenioso, atropellado, sincero, intervencionista, rudo, lúdico, aperturista y cachondón, y añado otro: gran comedor. Decía: “Yo puedo afirmar que este gusto por la cocina me llega de mis dos tierras: de mi querida Galicia y, desde luego, de la vasconavarra del apellido Iribarne”. No reparaba. En un monumental restaurante de Santiago, el de Paco Vilas, almorzábamos en una ocasión con el presidente de la Xunta, que, de entrada, se estaba ensañando con unas enormes cigalas. Les clavaba el diente como si las fuera a degollar y, en un trance desafortunado, su colmillo derecho se quedó hundido en la pata del arisco crustáceo. Un hilillo –¡qué digo, un chorro!– de sangre desbordó al jefe por la comisura, pero este, sin inmutarse, dejó claras sus intenciones:

    -No creerán ustedes que me rindo, que me voy al dentista; con estos bichos terminamos como es debido.

    Rehén de los socialistas

    Así el era el hombre. Como su memoria era de elefante (nunca he sabido el porqué de esta imagen, nunca he sabido que estos pantagruélicos mamíferos sean memoriones de oposición) se gustaba rememorando citas, vinieran o no a cuento, de lo que se hablaba en el instante. Y –ya lo he escrito– no admitía la menor duda sobre la veracidad del recuerdo. En el programa Caliente y frío, que lleva en antena desde que la mili se hacía con arcabuz, juzgaba una vez la labor del entonces ministro socialista de Defensa, Narcís Serra, y de repente sorprendió a la audiencia con esta reflexión:

    -Como afirmaba el almirante inglés... (y soltó un larguísimo exordio a menudo trufado de convulsas respiraciones y de frases ininteligibles) no hace nada, pero todo lo hace bien”, para a continuación, como arrepintiéndose de lo dicho, proclamar: “...pero yo no me pondría nunca firme delante de ese sujeto”.

    De Fraga se ha dicho (y escrito) estos días casi todo. ¿Qué es lo que está por contar? Pues quizá esto: que durante muchos años fue rehén de los socialistas. Le adularon, le festejaron, inauguraron para él un cargo inédito hasta entonces en el parlamentarismo español: “jefe de la oposición”. El PSOE felipista tuvo siempre la certeza de que Fraga nunca le podría ganar. Le acompañaba siempre su pasado franquista, que en aquellos tiempos de la postransición era como un estigma que, sin embargo, los socialistas no se reconocían en sí mismos siendo así que la mayoría de sus miembros (ellos o sus padres) habían tenido estrecha relación con el régimen del general.

    ¿Qué pensaba Fraga de su actuación en la dictadura? En televisión, tuve la oportunidad de dedicarle tres entrevistas. La primera impresión era esta: no le gustaba el asunto, no quería recordar aquel paso suyo por el franquismo, pero una vez, en el colmo de su confesión, me dijo: “Yo siempre le dije al general lo que pensaba, él nunca me dijo nada”. En todo caso: personajes como él nunca se han arrepentido de nada. Sobre el particular también le interrogué. Su respuesta fue extraordinariamente clara: “A conciencia no le he hecho mal a nadie; ahora bien, si me pregunta si me lo han hecho a mí, tendría que remitirle a quienes lo han intentado”.

    Ingenuo, infantil

    Este anecdotario no es una biografía, menos aún una necrológica amplia, y desde luego tampoco un retrato político de un hombre personal e intransferible. Lo contado refleja, sin embargo, una estructura personal que puede explicar su trayectoria pública. No fue envidioso Fraga, creo que sí envidiado en algunas épocas de su vida. Ni siquiera puede decirse que se pensara en posesión de la verdad absoluta; ahora, su verdad la ponía pocas veces en discusión, hasta el punto de que muchas veces su defensa resultaba ingenua, hasta realmente infantil. Esa era, al menos, mi impresión.

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    10 Comentarios

    • Mac_einMac_ein12:17 | 22 de enero, 2012

      Muchas gracias D. Carlos por contar esas anécdotas tan graciosas de D. Manuel Fraga, he carcajeado frente al ordenador, personalmente le tenía gran aprecio y era lo que me hacía votar a éstos pps que ya no se sabe quienes son.

      En España el ser grande, inteligente, no te lo perdonan, ahora, ya comenzó con otro franquista la transición (pero era guapo)aquí sólo triunfan los mediocres y cantamañanas extrañamente, la gente parece abrumarse con éstos hombres hiperinteligentes, honrados y valientes y nobles, al igual ocurre en la vida civil por así decirlo.

      Creo que con D. Manuel muere la saga de políticos de gran calado y profusa inteligencia de siglos anteriores.

      Sólo recriminarle que creo se debiera haber cubierto el funeral de ayer algo mejor en éste medio.

      Gracias otra vez por y un Saludo.

    • msanchezmsanchez13:04 | 22 de enero, 2012

      Tal es el grado de experiencia comunicativa de Carlos Dávila, que, muy a pesar de los ultra progres izquierdosos, leyendo a Dávila, me cabe recordar lo que decía Juan-François Revel de ella:
      .
      (Autor de obras largas sobre el marxismo y socialismo).
      “”La certeza de ser de izquierdas descansa en un criterio muy simple, al alcance de cualquier retrasado mental: ser, en todas las circunstancias, de oficio, pase lo que pase y se trate de lo que se trate, antiamericano””.
      En España, o lo que queda de ella, “ser anti español”. Algo que Fraga supo seguir siendo.

    • CAFÉCAFÉ16:48 | 22 de enero, 2012

      ¿ya esta enterrado fraga ? descanse en paz y mis condolencias para su familia ,bien ,fraga fue un hombre muy trabajador ,honrado ,culto ,inteligente y patatin y patatan ,pero fue un despota ,un hombre mal educado que traia frito a gente cercana ,cuando fue ministro del interior (la calle es mia) y bien que lo era ,en manifestaciones de medio pelo sacaba lo peor de una persona dando palos por madrid sin contemplacion la policia a personas que paseaban por la gran via sin tener nada que ver ,el sistema consistia en que pasaban jeeps por la calle y en marcha se lanzaban los antidisturbios dando estopa sin preguntar ,decia una cosa el jueves y el viernes otra ,le mandaron de embajador a londres para quitarse de encima a este tio ,matesa ,guinea ,fidel castro etc etc estan tambien en su sala de trofeos ,cuando en el 23f salian los diputados del parlamento una vez terminado uno de los dos golpes y tejero los despedia en la puerta ,al pasar Fraga a su lado Tejero le dio en el hombro suavemente y le dijo " eres mucho peor que carrillo" descanse en paz este señor .

    • SOPOTAMADRE18:17 | 22 de enero, 2012

      QUE TENGA LA MISMA PAZ QUE LE DIÓ A LOS QUE LE SIRVIERON...AMÉN

    • kayabakayaba19:12 | 22 de enero, 2012

      luego davila habla mal de fidel castro , alaba a un terrorista como fraga y habla mal de otro terrorista como castro , ¿no son todos iguales?, paRA DAVILA NO , DAVILA FILOTERRORISTA

    • msanchezmsanchez19:15 | 22 de enero, 2012

      kabaya
      tratar a fraga de terrorista, es un detalle sólo al alcance de un chequista, de tapias y cementerios imitadores a tus ascedentes de paracuellos.

    • kayabakayaba19:38 | 22 de enero, 2012

      FRAGA ES TAN TERRORISTA COMO DE JUANA CHAOS , ESTE PONIA OMBAS Y EL OTRO FIRMABA PENAS DE MUERTE, TANTO DA

    • KarlaKarla19:55 | 22 de enero, 2012

      Fraga era el Pujol gallego, tal para cual.

    • Mac_einMac_ein20:35 | 22 de enero, 2012

      Kayaba si hubiera sido un terrorista tú aquí no estabas despabilado, que ***** tenéis con los muertos los izmierdosos, cobardes!! siempre sois iguales
      Pujol era un meapilas del tres al cuarto karla

    • silbarsilbar01:34 | 23 de enero, 2012

      Falta implementar mayúsculas en los comentarios de este artículo.
      ¿No cree que debería evitar que en su periódico los lectores tengan que escribir con faltas de ortografía, sin poder poner mayúsculas en donde es preceptivo?
      Se ruega corregir este error, que curiosamente no existe en los Blogs.
      Si Fraga levbantara la cabeza le iba a propinar un buen correctivo...

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