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UGT y CC OO, correa de transmisión del partido que gobierna.
La patochada sindical escenificada ayer en Madrid por los liberados paniaguados de UGT y CC OO era la crónica de una pantomima anunciada. Hace ya casi ocho meses que el gran jefe sindical, José Luis Rodríguez Zapatero, les pidió amenazadora y lacónicamente: “Necesito vuestro apoyo. Necesito vuestro cariño”. Y los sindicatos, que incomprensiblemente han permanecido mudos durante meses y años, contemplando cómo el Ejecutivo de su líder engrandecía, con una política errática y desacertada, las legiones de los parados españoles, cuya cuenta camina inexorablemente hacia los cinco millones de personas, ayer se entregaban y echaban servilmente a la calle en Madrid para escenificar el idilio que, desgraciadamente para los españoles, hoy viven el PSOE y sus grandes aliados, los sindicatos “de clase”, UGT y CC OO.
La gente no da crédito a lo que ve. Los sindicatos mayoritarios, en una actitud tan irreconocible como reprochable, se dedicaron infantilmente a dilapidar durante unas horas su función principal; la que en una democracia tienen encomendada, que no es otra que la defensa de los derechos de los trabajadores. En un actitud idílica de perfecta connivencia con el PSOE y con el poder, hicieron ayer alarde, sin ningún disimulo, de sus verdaderos intereses, sembrando una actitud de rechazo hacia los trabajadores y los ciudadanos a los que dice representar, cuya cosecha va a pasarles factura.
La concentración, que no manifestación, celebrada ayer en Madrid, era conscientemente cómplice del objetivo del Ejecutivo de ZP de culpabilizar a la clase empresarial y a todos los emprendedores de la crisis económica. El papel consentido y culpable de los sindicatos era una representación orientada a correr una cortina de humo sobre la gestión que está llevando a cabo Zapatero y la panda de inútiles que le rodean. Un Gobierno que demuestra, un día sí y otro también, su incapacidad para proporcionar soluciones adecuadas para superar la crisis económica que está atravesando el país y que, irresponsablemente, se ha visto agravada por la actitud negligente de un presidente del Gobierno que vive en la inopia y que ha hecho de la improvisación el estandarte de su política.
El panorama es deprimente. Pero lo más sangrante de todo esto no es que los sindicatos se coloquen como escudo protector del poder establecido, sino que la convocatoria de la concentración se ha realizado al más puro estilo franquista, al utilizar la maquinaria del Estado para poner transporte gratis a todos los asistentes a la manifestación y 30 euros “para el bocadillo”. El espectáculo proporcionado ayer por los sindicatos “de clase” era la escenificación real que venía a confirmar la decadencia del “poder” sindical –si a una afiliación del 10 por ciento se la puede calificar del tal– que, en tiempos recientes, constituía el gran símbolo de la libertad. Hoy, a tenor de los acontecimientos, el papel de los sindicatos está relegado, en lo que a UGT y CC OO se refiere, a ser la mera correa de transmisión de la izquierda que gobierna. Es, como algunos comienzan a denominar, una especie de ministerio sin cartera de pesebreros subvencionados y agradecidos.
Para su desgracia, la concentración de ayer quedará en los anales de la historia de la democracia como la actuación de un sindicalismo que en el siglo XXI actúa de igual manera que los sindicatos verticales. Es el regreso del totalitarismo que tanto se critica, pero que se encuentra cada día más vivo en el seno de la sociedad española por la política de un Gobierno de inútiles e irresponsables arropado por nacionalistas radicales y sindicatos desacreditados
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