Habrá que reescribir la historia.

Lorca y las mil pesetas de Ruiz Alonso

20:58 (07-01-2010) | 5

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El documento publicado en exclusiva por LA GACETA sobre los últimos momentos de Federico García Lorca da un vuelco a la historiografía y demuestra una vez más que las investigaciones apuntaladas en testimonios orales muchas veces han de ser revisadas cuando se accede a documentación fehaciente.

La detención y muerte de Lorca han abierto siempre especulaciones y se han utilizado sectariamente desde que se produjeron. Se hacía figurar, por ejemplo, en el piquete a guardias civiles y falangistas, incluso con un candor que uno entiende por motivos de lógico cariño filial, no hace mucho, la hija de Ruiz Alonso, que mandaba el grupo que detuvo a Lorca en casa de los hermanos Rosales, y declaraba que quien había denunciado al poeta era el propio José Rosales. Nada más increíble, ya que el entonces jefe de la Falange granadina había acogido bajo su protección a Lorca, y cuando fue a protestar por su detención ante el gobernador civil, el tristemente célebre comandante Valdés, éste le amenazó de muerte delante de testigos. Ramón Ruiz Alonso, ex diputado de la CEDA, no consiguió renovar su acta en las elecciones de 1936 y acudió a José Rosales para que intercediese ante José Antonio Primo de Rivera y le admitieran en Falange. A cambio pedía que la organización le asegurase las 1.000 pesetas mensuales que cobraba como diputado. Pero Rosales le dijo que el partido no pagaba las adhesiones, que lo que necesitaban eran afiliados que cotizasen y no afiliados que aspirasen a cobrar.
 El comentario de los Rosales sobre la petición de Ruiz Alonso corrió por los círculos políticos y sociales de Granada, y el tipógrafo del Ideal y ex diputado se vio desairado en sus filas sin haber conseguido ingresar en las nuevas que pretendía.

No resulta una fábula pensar que cuando Ruiz Alonso denunció a los Rosales por tener refugiado en su casa a Lorca, la denuncia tenía, como así era formalmente, en el punto de mira no al poeta sino a los jefes falangistas que quedaban en evidencia como traidores al proteger a un rojo. En las sutiles pesas y medidas de aquellos días el comandante Valdés y el propio Ramón Ruiz Alonso esperaron a que los dos hermanos mayores Rosales estuvieran fuera de la ciudad para rodear la casa y detener a Lorca, y buena prueba de las intenciones del delator es que cuando José Rosales llega al Gobierno civil para interesarse por su protegido, Valdés le amenaza con fusilarle, amenaza no poco seria en aquellas circunstancias.
 Las 1.000 pesetas que José Rosales negó a Ramón Ruiz Alonso y los imprudentes comentarios que los hermanos Rosales hicieron en la ciudad sobre la petición del ex diputado cedista, bien pudieron estar en el inicio del cúmulo de hechos que llevaron al gran poeta a la muerte.

*Juan Van-Halen es senador y académico correspondiente de la Historia.



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