
Con los textos de Akal, EpC incurre en adoctrinamiento
“Hay un solo país en el mundo que tiene un desarrollo aceptable y universalizable a la vez: Cuba”. La frase no está sacada de un editorial de Granma, el periódico oficial del castrismo, sino que es uno de los contenidos que los escolares de 4º de la ESO se tienen que aprender en varias comunidades autónomas. Nuestros hijos están siendo adoctrinados en un marxismo rancio, que arremete contra la economía de mercado, y en un anticlericalismo decimonónico, con burlas a Jesucristo y sátiras explícitas sobre el Papa, más propias de un fanzine contracultural que de un material didáctico. No es una broma de mal gusto, sino los textos e ilustraciones del libro Educación ético-cívica de la editorial Akal, empresa filomarxista, que pretende explicar la realidad desde tan sesgada perspectiva y transmitírsela a los adolescentes de 15 y 16 años.
Todo eso se lo deben los padres y profesores españoles a la asignatura de Educación para la Ciudadanía (EpC), una de las líneas rojas que el Gobierno se obstina en no cruzar para alcanzar el pacto educativo con el PP. Es lo que tienen los experimentos de ingeniería social. Se corre el peligro de que en lugar de enseñar a los escolares cómo funcionan el Congreso y el Senado o la división de poderes de Montesquieu, les imparta Ideología de Género una editorial en cuyo catálogo figuran Trotsky (Terrorismo y comunismo) o Sade (Las 120 jornadas de Sodoma).
La sentencia emitida el año pasado por el Tribunal Supremo ante la marea de objetores de conciencia, subrayaba el carácter obligatorio de la asignatura, y señalaba que EpC no lesionaba los derechos de los padres y profesores, pero establecía el límite: no podía incurrir en el adoctrinamiento. El lector puede juzgar por sí mismo si cantar las bondades de la economía marxista o ridiculizar la religión mayoritaria de los españoles es o no adoctrinamiento. Y ni siquiera sutil, sino de trazo tan grueso que movería a la risa, si no fuera porque vulnera derechos y libertades fundamentales.
Por ejemplo, el de los padres a elegir educación para sus hijos. Además, con este tipo de contenidos el Estado rompe las reglas del juego al vulnerar un principio constitucional: la neutralidad ideológica, y al usurpar el papel de los padres. En una sociedad democrática, el Estado es subsidiario: puede llegar a donde la familia no llega, pero jamás debe sustituirla, porque esta es la única que, en propiedad, puede transmitir valores. Por si fuera poco, las viñetas y textos del libro de Akal son presuntamente inconstitucionales, al vulnerar los artículos 14 y 16 de la Carta Magna, que contemplan el derecho a no ser discriminado por la religión y la libertad de religión y culto.
La tropelía cometida conjuntamente por el Ministerio y las comunidades que han impuesto el panfleto de Akal ofrece motivos de sobra para presentar una denuncia judicial en toda regla. No convencen las explicaciones del Gobierno de Castilla-La Mancha (gobernada por el PSOE) alegando que se limita a aplicar la LOE: no puede encogerse irresponsablemente de hombros como si no fuera con ellos. Ésta y las demás comunidades autónomas donde se imparte el panfleto hacen el caldo gordo a la burda ingeniería social de Zapatero. Deben exigir la retirada inmediata de los textos para que EpC se ajuste a lo establecido por el Supremo y ofrezca una verdadera educación cívica, enseñando a Montesquieu, barón de Secondat, en lugar de al marqués de Sade.
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