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    Marcha Triunfal de Dilma

    29 AGO 2010 | Daniel Pérez del Castillo

    La candidata presidencial, Dilma Rousseff, recorre triunfalmente ese continente que es Brasil de la mano o, al menos, acompañada con los grandes carteles de su padrino y protector el actual presidente Lula da Silva.

  •  Las últimas encuestas para las elecciones del próximo 3 de octubre le otorgan un 47% de los votos –24 puntos de diferencia–, seguida a gran distancia –con el 30%– por el ex gobernador de San Pablo, José Serra. La antigua guerrillera de 62 años es prudente y reconoce que el partido todavía no está jugado y que queda mucho camino por recorrer.

     Pero Lula está exultante. Como Pygmalion está convencido de que su pupila saldrá airosa. La opaca e insulsa militante izquierdista se ha convertido en casi una estrella de la televisión brasileña, colorida y sonriente a ratos, lo cual le permitirá recoger los votos de los millones de brasileros que ha visto mejorada su calidad de vida durante los años de gobierno de Lula. Y en el plano interno como Jefa de Gabinete y, en particular, al frente de la poderosa compañía estatal Petrobras ha aprendido a manejarse con las grandes empresas brasileras.
     En sus declaraciones, Lula repite que Dilma continuará su política en todos los campos e incluso no tiene reparo en afirmar que la vigilará para que se cumplan las metas fijadas. Seguirá como líder indiscutido de su Partido de los Trabajadores y asegura que no piensa para nada retirarse o dedicarse a pronunciar discursos, descartando las propuestas de presentarse como candidato a la Secretaría General de las Naciones Unidas o a otro organismo internacional.
     Mientras tanto aprovecha el tiempo y, como parte de la campaña de Dilma, inaugura los últimos tramos de los 4.000 kilómetros de la carretera transoceánica que atraviesa Brasil, Bolivia y Perú y acuerda con su colega chileno Piñera –y naturalmente Argentina y Paraguay– la realización de otro tramo paralelo más al sur.
     El jueves pasado firmó la concesión para la construcción en el río Xingú –afluente del Amazonas– la central hidroeléctrica de Belo Monte, la tercera del mundo –después de la de Tres Gargantas en China y la de Itaipú entre Brasil y Paraguay– que suministrará unos 11.200 megavatios. El proyecto, rechazado por los ecologistas y por los radicales de izquierdas de dentro y fuera, fue impulsado por Dilma cuando era Ministra de Energía y Minas. Brasil es evidentemente diferente y los intereses nacionales priman.
    Además, algo poco conocido en Europa, el país puede vanagloriarse de contar con las mejores universidades de Iberoamérica. De 1996 a 2008 se triplicó el número de doctores graduados y hoy día dedica el 1.56% de su Producto Interior Bruto a la investigación científica. Esto no fue sólo mérito de Lula, pero él mantuvo este esfuerzo al tiempo que impulsó mejoras en la enseñanza primaria y secundaria. 

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