España está en Fallas. El ruido ensordecedor de las tracas impide escuchar argumentos y el humo de los petardos no deja ver la realidad. En medio de todo este caos, el Gobierno le ha pegado fuego a la economía, el empleo se ve reducido a cenizas, los principios morales están a punto de arder y a la educación de nuestros hijos ya se le aproximan las antorchas. Zapatero, la fallera mayor de este aquelarre, tiene intención de arrasar con todo. Y de momento, lo está consiguiendo.
Hemos llegado a un punto en el que es difícil imaginar un escenario peor para nuestro país. Hasta el propio Almunia ha tildado de “optimistas” las previsiones del Gobierno. Ni los propios socialistas se creen ya los argumentos del presidente. Y mientras los ciudadanos sufren en sus carnes los efectos de la crisis, el Gobierno radical de Zapatero avanza en su modelo de sociedad: aborto libre y gratuito, barra libre para la píldora del día después, fomento de la promiscuidad entre los adolescentes, invitación a la homosexualidad y la masturbación, retirada de símbolos religiosos, asignaturas adoctrinadoras en los colegios, alejamiento de los padres respecto a la educación de sus hijos y reescritura de la historia de nuestro país, mediante leyes y retirada de monumentos, los de un lado, claro.
Todos los principios morales de nuestra sociedad deben ser pasto de las llamas purificadoras en este pandemónium socialista. Nada debe quedar en pie, salvo el ninot indultat, que este año tiene forma de faisán y pretende echar tierra sobre una investigación muy necesaria acerca de un chivatazo de la Policía al entorno de ETA para evitar la detención de los criminales.
La capacidad destructiva de Rodríguez Zapatero no tiene límites. Algún día, él dejará de ser presidente, pero quien venga detrás deberá apechugar con su nefasto legado. La cremá sigue adelante.
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