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    Un proyecto de regeneración para España
    Tribuna

    Un proyecto de regeneración para España

    24 MAY 2011 | Alfredo Dagnino Guerra

    Esa otra España posible necesita de la implicación y del esfuerzo de todos.

  • Creo sinceramente que España, nuestra amada y aturdida España, es, en esta hora de su historia, motivo de preocupación. Lo es para muchos de nosotros y para muchos españoles, que perciben que vivimos un momento particularmente difícil de nuestra historia. Y lo que es aún peor, que perciben que sobre el futuro de nuestra Nación se ciernen no pocas dudas e incertidumbres, cuando no grises augurios. Sabemos que hay ocasiones en la historia de las naciones en las que el oscurecimiento de la razón lleva a negar, o a poner en duda al menos, incluso los principios más elementales y más generalmente aceptados por la experiencia de muchas generaciones. Aquellos principios sobre los que debe reposar la vida en común, se cuestionan y se ponen en tela de juicio, cuando no se mancillan gravemente. Hoy, en España somos cada vez más los que tenemos la percepción de que están cambiando mucho las cosas, excesivamente, y que además están cambiando las esenciales. Las cosas más obvias de siempre dejan de ser obvias y hasta contrarias a su recto sentido. Se niegan y se pierden usos, convicciones, tradiciones, modelos de vida, formas de pensar y de actuar heredadas. La política y la ideología lo invaden todo. Hay, por qué no decirlo, desasosiego, inquietud, inseguridad. Hay tristeza cívica y hasta un cierto sentimiento de pesimismo. Se violenta el espíritu de concordia nacional trabajosamente labrado en la Transición. Se reabren viejas heridas. Y se siembra la semilla de la discordia y de la división entre españoles. Hasta la propia concepción de España como nación histórica y como nación política se pone en entredicho.
    En la raíz misma de tantas preocupaciones, desde la economía a la cultura, desde la política a la violencia terrorista, desde la familia a la escuela y la universidad, desde la injusticia a la falta de respeto por la vida y la dignidad humanas, hay otra crisis más angustiosa: la quiebra moral profunda de los principios y valores que han generado y vertebrado durante siglos nuestra propia identidad como pueblo.

    No parece que sea la mejor España posible, ni parece que sea la única posible. Hay otra España posible. La España consecuente con su historia, con sus raíces, con los fundamentos de su auténtico ser y de su identidad nacional. La España que asume la sabiduría de la tradición y reconoce un valor en sí mismo en lo que dura, en el orden heredado, porque tiene la convicción de que hay principios que están insertos en la historia y en la tradición, no porque sean fruto de una construcción teórica o dogmática, sino por estar ligados a la realidad de la naturaleza misma, regida por principios perennes. La España que siente que el futuro no puede construirse si no es en consideración al bien común de todos los españoles. La España de la responsabilidad y de la altura de miras, que sabe superar las viejas heridas y las querellas históricas entre hermanos. La España de la reconciliación y de la concordia.

    Tengo el firme convencimiento de que esa otra España posible necesita de la implicación y del esfuerzo de todos, necesita del compromiso de todos. Porque las cosas no se arreglan solas. Y esto debiéramos tenerlo bien presente. Que las cosas no se arreglan solas. Que no podemos permanecer como espectadores impávidos frente a lo que está en juego en la vida pública. Y que el futuro de España es responsabilidad de todos y cada uno de nosotros.

    El resultado habido en las elecciones municipales y autonómicas celebradas el pasado 22 de mayo constituye en este sentido una gran oportunidad, pues abre un horizonte que no podemos desperdiciar. Una oportunidad, en primer lugar, para no prolongar aún más la agonía de un Gobierno que, a la luz de la reprobación que el resultado electoral ineludiblemente comporta, debe proceder a la inmediata disolución de las Cortes Generales y consiguiente convocatoria de elecciones generales. Pero una oportunidad, muy especialmente, para que, a la vista del cambio político que se atisba, el Gobierno que resulte de dichas elecciones asuma el compromiso definitivo en orden a una tarea de reconstrucción nacional. Una tarea que no es ni puede ser epidérmica, sino que exige grandes e importantes reformas en diversos campos y órdenes de la vida de la Nación; una tarea que debe representar un auténtico proyecto de regeneración para España.

    Conscientes de la emergencia del momento y de la oportunidad histórica que representa para el futuro de España, desde la Fundación Intereconomía y del Grupo de comunicación que la inspira queremos contribuir a que dicho proyecto de regeneración para España pueda ser una realidad. El propósito es bien sencillo, pero, al propio tiempo, trascendente. Hacer un diagnóstico de lo que, a nuestro modo de ver, nos está ocurriendo en la sociedad y en la política españolas, un diagnóstico que sirva para saber lo que está pasando y lo que nos está pasando, para así estar en disposición de reflexionar sobre cómo orientar rectamente el futuro de nuestra Nación. Necesitamos saber lo que pasa y saber lo que nos pasa. De otra manera, los españoles no podríamos ser dueños de nuestro propio destino, no podríamos actuar con libertad y con responsabilidad. Y vivir así sería más propio de siervos o de súbditos que de ciudadanos libres y responsables. Alguien ha de atreverse a hacer ese diagnóstico. Y sobre todo, hablar claramente. Hablar claramente, aunque lo que se diga no sea políticamente correcto, socialmente correcto o culturalmente correcto. Aunque pueda significar ir contracorriente.

    Somos cada vez más los que hemos llegado hace ya algún tiempo a la conclusión de que alguien ha de atreverse a decir lo que nadie osa pronunciar. Somos cada vez más las personas e instituciones a las que nos preocupa el porvenir de España, los que hemos llegado a la conclusión de que alguien ha de atreverse a expresar un compromiso indeclinable con los principios que están en la raíz y en la base de nuestra convivencia social y política y que son los propios de la civilización occidental, unos principios derivados de una concepción del hombre y del mundo que están arraigados en la cultura y en la historia de nuestra civilización, esencialmente cristiana; los que ponen al hombre en el centro de la vida en sociedad y no al Estado, los que ponen al hombre con rostro, con nombre, con dignidad inigualable, como ser creado a imagen y semejanza de Dios, una concepción que antepone al hombre frente a la raza, frente al pueblo y frente a tantas y tantas abstracciones aniquiladoras de su vida y dignidad y de su propia libertad. Un compromiso indeclinable con España, con nuestra Nación, con esa idea y ese proyecto histórico, ese sentimiento de pertenencia que nos une más allá de opciones políticas e ideológicas. Un compromiso con una recta concepción de lo que debe ser la verdadera democracia y una vida en común sustentada sobre los auténticos fundamentos éticos y morales.

    Por todo ello, a partir del domingo 5 de junio y a través de sucesivas entregas, LA GACETA publicará semanalmente una tribuna en la que nos emplearemos en hacer ese diagnóstico y en las que desgranemos lo que, a nuestro entender, puede y deber constituir un proyecto ilusionante y esperanzador de regeneración para España.

    *Alfredo Dagnino es presidente de la Fundación Intereconomía.

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    2 Comentarios

    • VininVinin23:25 | 30 de mayo, 2011

      1/2
      - Sr. Dagnino, he leído con interés su documento y reconozco coincidir en muchas cosas y en la esencia de su espíritu, veamos:
      "Vivimos un momento difícil y necesitamos la implicación y el esfuerzo de todos; porque las cosas no se arreglan solas y la Fundación Intereconomia (IE) quiere contribuir a un proceso de regeneración para España; hacer un diagnostico, para saber lo que pasa y lo que nos pasa; hay que hablar claramente aunque ello pueda significar ir contra corriente".
      Confiando que estas frases, que son la esencia del documento sean ciertas, y confío que si, porque de lo contrario todos, además de los males que padecemos, estaríamos perdiendo el tiempo. Yo, Josevinin Oliver, español , casado, padre de familia y pasados ya los 60 años, le comunico, y me perdonará la falta de modestia, ya que de hablar claro se trata, aquí y ahora y poniendo a Dios por testigo...
      (Cont.)

    • VininVinin23:30 | 30 de mayo, 2011

      2/2
      -Que tengo un diagnóstico claro y soluciones claras, para abrazar un asombroso cambio de paradigma que aporte a la sociedad española y me atrevo a decir a todas las sociedades occidentales los procedimientos necesarios para llevar a cabo esa regeneración social tan necesaria antes aludida.
      Ya le he enviado un mensaje en el documento publicado con fecha 29/5/2011, y para referencias le indico, que formo parte de la Comunidad de IE desde el 12/11/2010, que tengo un grupo con nombre La Verdad Humaniza (LVH), donde pueden ser leídos hasta un total de 40 post numerados, para conocer mis formas de hacer y pensar.
      Un cordial saludo de una persona de bien, preocupado y ocupado por el bien de España y de sus ciudadanos.
      Para contactar lo pueden hacer a través de:
      E-mail: josevi.oli@gmail.com
      Movil: 609-720-398
      Saludos cordiales.

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