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    La ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez

    Repsol en vez de Jiménez

    25 FEB 2011 | Editorial

    Exteriores ya estuvo lento de reflejos con la repatriación de turistas de Egipto hace unos días. Y Trinidad Jiménez alegó que esperaba a ver “cómo evolucionan los acontecimientos”.

  • Mientras el Gobierno estaba ocupadísimo en reescribir el pasado, tratando de capitalizar el 23-F, dejaba tirados a su suerte a decenas de españoles en Libia. Que algunos consiguieran salir de un país al borde del abismo –en el que un Gadafi enloquecido amenaza con morir llevándose todo por delante– no fue gracias a una Embajada inoperante, ni a un Ministerio de Exteriores que sestea, sino al avión fletado por la compañía petrolera Repsol-YPF o a vuelos de otros países, como Portugal o Bulgaria.

    Los testimonios de los ciudadanos son concluyentes: “Nos abandonaron”; “el Gobierno no tenía ningún plan de evacuación”; “hace tres días llamamos para ver qué podían hacer por nosotros: nos dijeron que nos buscáramos la vida”... Y las torpes excusas aducidas por el embajador García Cerezo son propias de un escolar pillado haciendo novillos. Ha llegado a decir que no se desplazó al Aeropuerto de Trípoli para asistir a los españoles por razones de “seguridad”. ¿Seguridad? ¿Y la de los ciudadanos españoles? ¿De qué estamos hablando? Un servidor público que se refugia cobardemente en razones de seguridad no merece seguir ni un segundo más al frente de la Embajada. Y un Gobierno que no tiene previsto ningún plan de evacuación después de cuatro días de revueltas sangrientas –disparos de cazas contra la multitud incluidos– debe dar explicaciones por su inoperancia.

    Exteriores ya estuvo lento de reflejos con la repatriación de turistas de Egipto hace unos días. Y Trinidad Jiménez alegó que esperaba a ver “cómo evolucionan los acontecimientos”. Más grave es el caso libio, ya que el rápido desencadenamiento de los hechos convierte en temeridad la política de “wait and see” de la ministra. No tiene más que ver la velocidad a la que han reaccionado los Gobiernos de Francia o Portugal para evacuar a sus súbditos.
    El bochornoso episodio da una idea de la nula profesionalidad de la legación española en Libia y de la escasa diligencia del departamento de Jiménez. Es más: que Repsol haya sido la “embajada de España en Libia”, como comentó un indignado ciudadano al llegar a Barajas, no es anecdótico: revela un estilo muy concreto de entender la política exterior. Primero Moratinos y ahora Trinidad Jiménez la han practicado a conciencia durante estos últimos años. Consiste en subvencionar a quien nos insulta (Cuba) o presiona sobre nuestras fronteras (Marruecos); en mirar para otro lado frente a tiranos que refugian a terroristas (Venezuela). Consiste en tirar el prestigio español por los suelos, dejando que el Reino Unido coma terreno en Gibraltar; e ir, en fin, de hermano pobre en los grandes foros internacionales, tras hacer el ridículo en la Presidencia de la Unión Europea.

    Zapatero puso la alfombra roja a sátrapas tercermundistas como Chaves, Morales o los hermanos Castro y no se dejó en el tintero al propio dictador libio. Conviene recordar en estos momentos en que la ministra Chacón echa en cara a la UE su “benevolencia” con Gadafi, que Zapatero se entrevistó dos veces con el sátrapa en 2010, la última vez compartiendo jaima en el desierto. Un personaje que en el pasado no sólo acogió a etarras, sino que ofreció Libia como campo de tiro y que más de una vez se ha referido a Ceuta y Melilla como ciudades árabes, incluso delante del antecesor de Zapatero –Felipe González–, que le sirvió de anfitrión para que insultara a España en Palma de Mallorca, en los tiempos en que los socialistas flirteaban con el sanguinario coronel.

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