Chile es la primera nación suramericana que ha entrado en el selecto club de la OCDE
Han tenido que pasar 20 años del fin del régimen de Pinochet para que la derecha chilena vuelva al poder, prácticamente el mismo tiempo que pasó en España hasta que Aznar llegó al poder en 1996, 20 años más tarde de la muerte de Franco. Además de este paralelismo, las dos derechas, la chilena y la española, muestran también un “sentido histórico de la oportunidad” ciertamente indudable. Si Aznar llegó al poder en una España podrida por la corrupción de casi 14 años de socialismo, con un 23% de paro, –Zapatero ya se va acercando a estos registros–, y unas cuentas públicas en situación casi de quiebra, Sebastián Piñera toma posesión de su presidencia en un momento muy difícil, después de que un terremoto de 8,8 grados en la escala de Richter haya destrozado medio país y dañado importantísimas infraestructuras, dejando a Chile en una situación inimaginable hace tan sólo menos de 20 días.
Las perspectivas del país austral hace escasas fechas eran las que dictaban, entre otros organismos, el Foro Económico Internacional, que consideraba a la economía chilena como la más libre de la región y la quinta a escala global según su Índice de Libertad Económica. Y, precisamente el pasado mes de enero, Chile se había convertido en la primera nación suramericana que se integraba en el selecto club de la OCDE. Además, otra realidad que hablaba bien a las claras del “milagro chileno” de las últimas décadas es que, pese a su ubicación alejada de los grandes centros de poder internacionales y ser un mercado pequeño con algo menos de 17 millones de habitantes, hubiera sabido abrirse al mundo y contar con numerosos acuerdos comerciales, establecidos con más de 50 estados.
Después del “megaterremoto”, como así lo califican los chilenos, uno no puede dejar de pensar que lo mejor que le pudo ocurrir a ese país en las elecciones presidenciales fue que ganara Piñera; sí, un empresario millonario –ocupa el número 437 en la lista Forbes con un patrimonio de más de 2.200 millones de dólares– que posee una trayectoria de éxito, que sucede a 20 años de Gobiernos de la Concertación (alianza de centro-izquierda).
Esta coalición consiguió que el país andino creciera económicamente y fuera un ejemplo en toda la región al seguir el sistema económico liberal marcado en tiempos de Pinochet, pero no pudo poner freno a la gran desigualdad social existente en el Chile de hoy y que ha quedado plasmada tras el seísmo. En el país andino conviven una minoría que vive a la europea en diversas comunas de Santiago de Chile, una amplia clase media que fue la base de la victoria de Piñera y una gran capa de pobreza. Además, tras dos décadas en el poder, las diferencias entre sus integrantes eran manifiestas en asuntos importantes y la concertación era incapaz de ofrecer oportunidades a los chilenos. La esperanza, ahora más que nunca, es la derecha y Piñera.
El nuevo presidente tiene una papeleta enorme, reconstruir Chile, ejemplo hasta la fecha de país serio y estable en un continente marcado últimamente por un bloque populista muy peligroso encabezado por el esperpento de Chávez, el golpista que ha convertido la antaño rica Venezuela en su corral.
Sebastián Piñera centrará sus cuatro años de mandato en levantar Chile, por lo que no tendrá más tiempo para otras cuestiones. Lo que sí demostró en su toma de posesión es que tratará de poner el interés nacional por encima de todo. Sólo así se explica su cercano gesto hacia Evo Morales, vecino del norte junto a Perú, y con el que Chile mantiene un viejo conflicto territorial que intentará llevar a buen puerto. Sin embargo, el presidente chileno lo tiene clarísimo con respecto a su homólogo venezolano ya que, en plena campaña, dijo sin tapujos: “En Venezuela no hay democracia real”. El caudillo y bufón del Caribe contestó de inmediato con diatribas acerca del patrimonio de Piñera y la incompatibilidad con su “socialismo bolivariano”. Ese es un aval más para el nuevo presidente chileno, marcar todas las distancias posibles con el veneno bolivariano que se alió con la rancia y criminal dictadura cubana para atrapar a Ecuador, Bolivia y Nicaragua, fundamentalmente, pero que tiene también sus largos tentáculos echados en Paraguay, Perú, Uruguay, Brasil y Colombia. En este último país, baluarte de la resistencia a la revolución chavista bajo el mandato firme de Uribe, el peligro se cierne de cara a las elecciones presidenciales del 30 de mayo, ya que Chávez intentará desestabilizar a su vecino más odiado, aprovechando que Uribe no se puede volver a presentar.
Piñera va a ser mirado con lupa en su gestión diaria pero también contará con el respaldo de la sociedad chilena. Por otra parte, pese a algunas críticas que ya se ciernen sobre él al referirse a su patrimonio, pienso que para reconstruir medio país y atraer inversiones, el nuevo presidente cuenta con el perfil idóneo: sólida formación y experiencia, empresario de éxito, con grandes relaciones en el mundo financiero y empresarial, etc.
José María Aznar y su esposa, Ana Botella fueron invitados especiales del nuevo presidente en su toma de posesión. A ambos matrimonios les une una estrecha amistad y el ex presidente español quiso estar presente en la temblorosa Valparaíso para darle un abrazo al nuevo mandatario, y desearle suerte, porque la va a necesitar.
*Daniel Alonso es periodista y analista internacional.
TEMAS RELACIONADOS: OpiniónDaniel AlonsoSala Vip
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Si quieres entrar en el debate debes estar registrado en nuestra comunidad.
Si ya lo estás, debes iniciar sesión.
Si aún no lo estás, regístrate aquí.
Recuerda que tu comentario puede ser votado por el resto de los usuarios que estén registrados.
Revisa nuestras normas de conducta si no quieres que tu comentario sea moderado. Acceder al manual.