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El objetivo de la lucha contra el fraude es recaudar 1.000 millones en tres años. El presupuesto de la productora sale de los bolsillos de los ciudadanos. La salida de la crisis comienza por edificar.
No hacían falta alforjas para redescubrir, tres años después de iniciada la crisis, y con 800.000 parados directos de la construcción, que la salida de la citada crisis comienza por edificar, que es un término menos especulativo que construir, aunque al final queramos decir lo mismo. Para rehabilitar viviendas lo primero que hay que tener es dinero y ganas. Queda por confirmar que, además, la factura se pague con IVA, teniendo en cuenta que el ministro Corbacho aseguró hace unos meses que la economía sumergida en España andaba entre el 16% y el 20% del PIB.
Salgado, la vicepresidenta económica que no manda –ya organiza casi todo Blanco–, espera recaudar, en su “lucha contra el fraude”, hasta 1.000 millones en 3 años. El objetivo son las empresas –pymes– y autónomos, que, dada de baja su actividad, hacen chapucillas…
En tiempos de crisis, nadie quiere realmente luchar contra la forma de vida alternativa. Una forma de vida, en el paro, que al fin es igualitaria. Es verdad que yo tengo especial respeto por la secretaria de Empleo del Gobierno, Maravillas Rojo. Es la única que tiene a bien, del Ministerio de Trabajo, responder siempre a las llamadas de este grupo, y es muy de agradecer. Pero lo de la “igualdad en el paro” ha sido bastante desafortunado. En este país se ha despedido a millones de hombres y a unas pocas mujeres; y algunas menos se han incorporado al mercado laboral. En resumen: la igualdad en el desempleo es producto de la mayor de las desigualdades que vive este país: los que tenemos trabajo y los que no.
Y para trabajo, trabajo, el que disfrutan Roures and company. En Televisión Española se han ido a la huelga, pero nadie dice por qué, mas allá de que no les gustan las prejubilaciones –a Corbacho tampoco, y sólo habla de las del sistema financiero–. El verdadero escándalo está en programas como 59 segundos (del que ya sólo cobran los derechos de autor) o España Directo, La mañana y, para terminar de cerrar el círculo, la serie Águila roja, con un coste que se estima por capítulo de 950.000 euros y que la coloca como la serie mas cara de la historia de TVE. La productora de todos estos programas es Mediapro. TVE, con un presupuesto anual de 1.200 millones de euros sacados de los bolsillos de todos nosotros, resulta que externaliza a precios de escándalo programas de bajo coste, en los que los servicios informativos lo pueden hacer perfectamente; y qué decir de los centros territoriales en donde la gente “está mano sobre mano”, en palabras de uno de los hombres que mejor conoce “la casa”.
El PP ha pedido en infinidad de ocasiones los ingresos de Mediapro gracias a la estabilidad recurrente que consigue del Ente público, y no hay manera. Cada edición de España Directo nos cuesta entre 40.000 y 45.000 euros (y este año han rebajado algo el precio). Gracias a este programa, Mediapro puede mantener una red de corresponsalías que luego utiliza para las retransmisiones del fútbol o para vender información a otras cadenas. La presencia de Mediapro en TVE llega a tal punto que, cuando el accidente de Barajas, la unidad móvil destacada era de la productora. Mediapro, esa gran empresa fundada por los íntimos de Montilla, Roures, Bennet y Ferrús, empieza a conquistar España gracias a las conexiones de Javier de Paz , “líder de la conspiración de lo positivo” (Díaz-Varela dixit), el apoyo del asesor áulico Miquel Barroso y la ayuda de los chicos de Globomedia: Contreras, García Ferreras y Emilio Aragón. Ya se sabe que el dinero no tiene carné de partido, aunque, en este caso, todo coincide. Las coincidencias son tales que Félix Monteira, ex director de Público, ha sido nombrado secretario de Estado de Comunicación. Un cargo complicado de cero alegrías: “No podía decir que no, el presidente lleva una semana pidiéndomelo”, aseguraba el propio Monteira en conversación telefónica con un amigo. A un presidente al que se le debe casi todo, y cuyas tropas están en desbandada, no se le puede decir que no. “El primer síntoma de un presidente débil comienza con los propios”, y los propios, en la bancada socialista del Gobierno, están en las críticas descarnadas a sus ministros. La cosa todavía no llega a Moncloa, pero está a punto.
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