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    El 11-M, un día que conmocionó a España
    Editoriales

    Seguimos sin saber

    10 MAR 2010

    Han pasado seis años desde la mañana del 11 de marzo de 2004 y los familiares siguen llorando a sus víctimas, la memoria se sigue estremeciendo con el recuerdo del miedo y del dolor, y los españoles seguimos sin saber cuanto tendríamos que saber del 11-M.

  • Al llanto de aquellos días se une la pavorosa constatación de que las bombas en los trenes lograron un propósito tan magno como terrible: nada menos que cambiar el curso de la Historia de España. Todavía hoy las reacciones a los atentados y las consecuencias –políticas, sociales e institucionales– de los mismos sirven para definir lo sucedido en torno al 11-M no sólo como la página más dolorosa de nuestra democracia, sino también como la más vergonzante.

     Sí, cambió el curso de nuestra Historia. Y lo cambió para peor. Sería de la mayor hipocresía, en primer término, negar la relación de causa-efecto de la victoria electoral de Zapatero –por lo demás, legítima– ante un PP que dominaba las encuestas. En segundo lugar, la reacción del PSOE ante los atentados mostró unos rasgos de manipulación y malignidad insuperables por parte de la izquierda, en un ambiente de violenta deslegitimación de la derecha ya previamente caldeado a resultas de la presencia de tropas españolas en Irak. En los archivos están los acosos a las sedes del PP, las declaraciones infamantes de Rubalcaba, las palabras no menos indignas de Pedro Almodóvar acusando al PP de intentar un “golpe de Estado institucional”, las falsas informaciones de la cadena SER.

     Allí donde se necesitaba unidad, la izquierda sembró confusión cainita. Y allí también quedó inaugurado un Gobierno Zapatero caracterizado por un sectarismo ideológico que llevó a poner tras el famoso cordón sanitario a la derecha política y social de España, rompiendo, en primera instancia, el pacto antiterrorista. La subsiguiente comisión de investigación habida en el Congreso no hizo sino confirmar el todo vale contra un PP que había coordinado los trabajos de emergencia con una perfección que hoy –cuando medio país se paraliza por una nevada– se recuerda como modélica. El acoso a la derecha prosiguió con una orquestación mediática por la cual todos los esfuerzos periodísticos que buscaban investigar la verdad del 11-M fueron sistemáticamente escarnecidos. Alguna de las asociaciones de víctimas, como la dirigida por Pilar Manjón, llegó a prestarse a la manipulación y al ataque. En definitiva, España no ha superado el 11-M porque nunca ha querido enfrentarse a él, sino que se ha limitado a aceptar los velos más precarios para tapar el atentado. Empezando por el mismo juicio. 

     Y es que la gravedad del momento para la conciencia nacional que ha supuesto el 11-M no tuvo mejor plasmación que el penosísimo recorrido judicial que tuvieron los atentados, ya desde la instrucción del sumario a cargo del juez Del Olmo y hasta la oscura actitud de Gómez Bermúdez. La Justicia española se ha visto impotente a la hora de señalar a los inspiradores verdaderos del acto, a los ideólogos del atentado más mortífero en la Historia de Europa. Apenas hay seguridad del verdadero papel que tuvieron, incluso en la comisión material del atentado, El Chino, El Egipcio, Suárez Trashorras, Abdelmajid Bouchar o Antonio Toro. Lo único que está claro es que nada está claro, salvo que a unos delincuentes de poca monta no se les ocurre una trama mortífera que mató a casi 200 personas, para la que no tenían experiencia ni medios. ¿Al Qaeda? ¿ETA? ¿Servicios secretos extranjeros? ¿Qué sabemos de verdad del 11-M? Seguimos sin saber nada, salvo la indignidad de algunos.

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