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La prensa internacional destaca el retiro de Siria de los embajadores occidentales (incluyendo el español) y de los países del Golfo Pérsico. Mientras tanto el régimen de Damasco continúa con sus bombardeos permanentes en Homs, en otras localidades sirias y el ministro ruso de Asuntos Exteriores Lavrov regresa a Moscú.
The Financial Times dice que Turquía apoya también los esfuerzos para obligar a Asad a detener la violencia.
Estados Unidos y varios europeos siguen a Francia con su propuesta de reunir a “amigos de Siria” para ejercer nuevas presiones y/o sanciones.
Después de su visita, Lavrov asegura que Asad se comprometió a realizar reformas políticas, anunciar una nueva Constitución e invitar a dialogar a los opositores.
Por su parte el Consejo Nacional Sirio (CNS), que reúne a varios grupos disidentes, informa que Rusia planteó la formación de un Gobierno de unidad nacional en un plazo de dos meses que dejaría a Asad con el poder hasta las elecciones de 2014, algo totalmente inaceptable para ellos.
La cadena CNN señala que Asad quiere presentarse como un reformista y que se mantiene en el gobierno gracias a una combinación de crueldad, subterfugios y habilidad para manejar las divisiones de los distintos grupos políticos y religiosos.
Lo califica como un gran sobreviviente que ha logrado dominar la situación a pesar de 11 meses de levantamiento popular y sangrienta represión contra miles de civiles.
Jouati, un portavoz de los opositores, dice que cuando Bashar al-Asad asumió el poder en 2000, a la muerte de su padre Hafez Asad, heredó una vasta red de servicios de inteligencia de estilo soviético que le permitió controlar el descontento popular.
Y Andrew Tabler, un analista en el Instituto del Cercano Oriente de Washington, considera que Asad ha sido más violento que Mubarak o el propio líder serbio Milosevic. “Es una persona completamente cruel que no duda en ordenar disparar sin interrupción”.
Al mismo tiempo ha sabido aprovechar las tensiones y disputas ancestrales existentes en Siria entre los diversos grupos religiosos y ha hecho un “buen trabajo” para confundir frecuentemente a los diplomáticos.
Pero estima que, después de los miles de muertos, la opinión pública mundial está cambiando e incluso en Rusia ya no lo consideran ni como aliado, ni como amigo.
Sin embargo la Stampa de Turín cita a Lavrov que afirma que “Asad está asumiendo sus responsabilidades”. El editorialista no comparte obviamente este comentario y critica la lógica de realismo político asumida por Rusia y China carente de escrúpulos. Son oportunistas que aprovechan las dificultades que tiene ahora Estados Unidos en una región en la que ha invertido mucho a partir de 1990.
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