PUBLICIDAD

Siria ha enconado el debate de los presuntos expertos internacionales que, como nosotros, se plantean si lo que está por venir –y va a venir, seguro– es aún peor. La verdad es que el islamismo no nos ofrece confianza alguna. Sobran ejemplos.
Los españoles somos muy de frases tópicas. Por aquí han pasado cómicos de cualquier estirpe que han vivido años de una ocurrencia. “Veintidós, veintidós”, repetía con mayor o menor gracia un dúo descompensado (tapón el uno, junco el otro); “yo sigo”, proclamaba un argentino feo como el ayudante de Lucifer. La gente les festejaba y repetía la ingeniosidad como síntoma incluso de una forma de existir. Pues bien, ahora ya no vamos de estas frases, vamos de sentencias; será que el tiempo es menos feliz. La que ahora está sembrando jurisprudencia castiza es esta: “Ya nada será como antes”. Los españoles, sin embargo, no queremos que esto ocurra; es más, en los tiempos de Zapatero pensábamos que era imposible la advertencia, pero en este momento, ya no: todos sabemos que “ya nada será como antes”.
El timo de la Primavera
El problema estriba en adivinar cómo será lo que nos espera. Y a este respecto, tengo para mí dos percepciones: la primera, que nos estamos mirando demasiado el ombligo; la segunda, que lo que pueda ocurrirnos vendrá más de fuera que de dentro. Aquí nos hallamos tan ocupados en conocer el último dato de nuestra catastrófica situación económica que pasamos por encima de lo que está ocurriendo en un mundo del que lo ignoramos casi todo. Fíjense, en apenas un mes, se cumplirá un año de uno de esos acontecimientos que marcan nada menos que la historia de un siglo: la famosa Primavera Árabe. Así, con mayúsculas. En 12 meses se ha sabido realmente poco: que han sido derrotados abyectos dictadores, que lo eran, que la calma no ha vuelto con ninguna revolución islámica, y que en este tránsito han muerto en varias latitudes cientos de miles de personas. Realmente un timo de Primavera.
Apoyados en la evidencia del terror de aquellos sátrapas: el tunecino, el egipcio, el libio, el yemení... nos hemos dejado seducir por la hipotética belleza de una nueva era democrática, en la que ya no existieran tiranos que sojuzgaran a su pueblo y que ni siquiera les dejaran expresarse libremente en unas elecciones. Hemos filmado en todas nuestras conciencias una película de buenos y malos. Los primeros eran y son naturalmente los sanguinarios autócratas derruidos. Nada que objetar. Y los buenos, ¿quiénes son los buenos?
Pues ciertamente –decimos– los insurgentes que han acabado con años y años de dominación. Pocas gentes se han atrevido a expresar públicamente que esta película no es precisamente un western de los admirables de Gary Cooper o James Stewart, que la producción es efectivamente una película de malos y malos. Siguiendo con la metáfora cinematográfica, es más que probable que los vencedores vayan a ocupar el pueblo que antes hollaba el miserable caudillo de todas represiones, y que se dediquen no a construir una nueva convivencia, sino a hacer imposible la vida de los que no piensan como ellos. Los ejemplos de Irak o de Egipto son a este respecto absolutamente contrastables. Incluso hay paradigmas más cercanos.
El islam lo cambia todo
Y si en algún lugar de ese mundo árabe convulso se ha hecho evidente esta disquisición entre los malos, los que huyeron o fueron asesinados, y los presuntos buenos, que han llegado (o están apunto de llegar) y que, en todo caso, siguen también asesinando, este lugar es Siria, objeto principal ahora mismo del debate internacional. La interrogante que se plantean los analistas más objetivos es sencillamente esta: derrocado, como parece inevitable, Bashar el Asad, ¿los que le sucedan serán mejores? Cuando preguntamos a los expertos, nos construyen toda una argumentación que se basa en tres fundamentos: el primero, que a lo mejor, cosa improbable, el actual presidente sirio resiste; el segundo, que el maremágnum de fuerzas opositoras es tal en Siria que es muy difícil identificar quién realmente puede ser el heredero del dictador; el tercero, el más preocupante, es que en aquel escenario es muy cierta la presencia de los terroristas de Al Qaeda.
Es decir, que podemos estar recorriendo un camino que va de lo malo a lo peor o de lo peor a lo malo, como los lectores prefieran. Siria ha enconado el debate de los sesudos expertos que, como nosotros, se plantean si lo que está por venir –y que va a venir, seguro– aún es peor. Siria está poniendo de los nervios a toda la civilización occidental. La verdad es que el islamismo no nos puede ofrecer confianza alguna. Sobran ejemplos.
En todo caso, y a lo que iba: el mundo, vía dominio islamista, está cambiando, y aquí no nos estamos enterando de que esa revolución nada silenciosa, agresiva, está modificando los fundamentos de nuestra propia sociedad universal. El siglo XX fue el del protectorado abrasivo del comunismo; el siglo XXI está siendo ya el de la irrupción de una civilización que no acepta las convenciones occidentales y que además no se conforma con eso, sino que quiere sustituirlas por elementos radicalmente teocráticos como son la imposición de la sharia, de esa ley islámica que, curiosamente, no despierta ningún resquemor en grupos tan confesamente progresistas (esa su definición) como los integrados en el feminismo. Si en Siria sucede lo que estamos entreviendo, lo que se avecina es un Estado islamista nada partidario de que, por ejemplo, el 8% de la población que es de obediencia cristiana pueda ser respetado. Estos días estamos viendo cómo de la ciudad-mártir de Homs están huyendo cientos de cristianos temerosos de que los nuevos dueños puedan pasarlos directamente por las armas.
Una guerra civil
Y que se me entienda: no gasto ni un minuto de mi tiempo en defender al tirano de Damasco. Ni un minuto. La preocupación de esta crónica dominical marcha por otras vías opuestas a la continuidad de este individuo, educado, eso sí, en las costumbres occidentales y en universidades donde pudo doctorarse como oftalmólogo. Vuelvo al principio para pedir reflexión sobre dos aspectos: el cambio que se está produciendo en el mundo y que rebasa la propia crisis económica, y la escasa, por no decir nula, atención que estamos prestando a esta revolución, presos como estamos de nuestros endogámicos problemas.
Por supuesto que no me aparto de nuestra doméstica responsabilidad, del poco trato, de la mínima información, y de la corta intención analítica con que tratamos la situación. Lo que sucede en este momento en Siria es algo cercano al misterio: el régimen naturalmente se ha blindado, los opositores no parecen dispuestos a reconocer error alguno en su estrategia ni a contar muertos ajenos, y los observadores internacionales han salido de Damasco con el rabo entre las piernas y sin un bagaje de conocimiento que nos sirva como documentación.
Y si he afirmado que esta es una guerra civil, que lo es, añado sin ambages que las potencias exteriores no son, ni mucho menos, inocentes. Cada quién cuida sus presupuestos y sus contratos. Rusia no es que bloquee a la ONU precisamente por amor a los sirios, Francia camina entre el sí y el no o todo lo contrario, y Obama, que tiene elecciones en noviembre, está lejos de apostar por una intervención para derribar al oculista Bashar. Esto, según dirían los lingüistas más sabios, es una aporía, es decir, algo irresoluble aunque contenga algunos puntos de racionalidad perfectamente inteligibles. Desde luego que, a partir del caos económico universal, y del empuje islamista, nada va a ser igual; ahora bien, no parece, porque no parece, que este aterrizaje bélico de la sharia pueda traer una paz democrática por acá, por allá y por acullá. Más bien lo contrario.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
5 Comentarios
Siria es una dictadura porque la alternativa es peor (régimen islamista) . Cuando murió el anterior dictador, las fuerzas del sistema sirio obligaron al hijo, que es oftalmólogo y quería dedicarse a su profesión, a tomar el poder para no dejar el hueco a los fundamentalistas. Quienes apoyan a los rebeldes pretenden provocar una guerra, sin duda para destruir a Israel o a Irán, o a las dos, para dominar esas naciones y por añadidura el mundo árabe.
DAVILA COMO SIEMPRE DEFENDIENDO A LOS DICTADORES Y A LOS CORRUPTOS , CLARO SE JUEGA LA MAMANDURRIA , ¿TE HA ESCRITO ARIZA ESTE ARTICULO?
Don Carlos, como estoy convencido que todos esos países solo pueden vivir bajo dictadura, sea esta social-militar como la Baasista o teocrática, no me preocupa demasiado su futuro EXCEPTO por cuanto nos afectará a nosotros, porque el objetivo final de TODOS los musulmanes es la conquista de todo el orbe para el Islam y los extremistas pretenden hacerlo mediante la guerra santa... y los tenemos a la puerta de casa...
Todavía hay quienes piensan que una teocracia monopartido NO es una dictadura - son del bando de los que piensan que en la URSS, la antigua Europa del este, Cuba o Corea del Norte hay "democracia"...Y también hay buenistas que piensan que una democracia real puede florecer dentro de aquella filosofía...Esos dos grupos también me preocupan, porque los tenemos dentro y apoyan, cada uno por su motivo, a los islamistas que, también, tenemos dentro.
Comnpatriota:
la verdad que lo tuyo no se sostiene...
Israel e Irán enemigos,al menos la nación persa es la que juró echar al mar a los israelitas...¿Quiénes entonces pueden querer que ganen los fundamentalistas para destruir una u otra u las dos naciones?
¿Quién puede estar interesado y con el suficiente poderío militar?
Motosierra: conviene formular las cuestiones con un cierto orden.-
1.- ¿Quienes arman y animan a los rebeldes?
2.- ¿Para que provocan una guerra civil en Siria?
3.- ¿Que naciones apoyan militarmente a cada bando?
4.- ¿Que naciones próximas a Siria sufrirían ataques devastadores en caso de sus apoyos a las fuerzas contendientes degeneraran en una guerra regional?
5.- ¿ Que naciones aumentarian su influencia en la zona cuando se terminara esa guerra?
7.- ¿ Es posible que algunos líderes occidentales hayan imaginado que pueden controlar a los fundamentalistas islámistas dejándoles conquistar el poder y después controlarles, unos bajo influencia americana, otros francesa, etc ? Yo también opino que no se sostiene, pero ya se ha hecho una guerra en Libia y si no es por el veto ruso, la lian también en Siria. Y en las guerras muere el pueblo en cuyo nombre algunos pretenden justificarlas.
Para comentar debes registrarte
Si quieres entrar en el debate debes estar registrado en nuestra comunidad.
Si ya lo estás, debes iniciar sesión.
Si aún no lo estás, regístrate aquí.
Recuerda que tu comentario puede ser votado por el resto de los usuarios que estén registrados.
Revisa nuestras normas de conducta si no quieres que tu comentario sea moderado. Acceder al manual.
Sepa más sobre nuestra política.