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El silencio no es rentable. La callada por respuesta tampoco. Es más, tanto en un caso como en otro se consigue el efecto contrario al que se persigue en las comparecencias públicas. Los políticos, los directivos, los portavoces o quienes se dirigen a una audiencia a través de los medios de comunicación deben saber que la información no es para los periodistas, sino para sus lectores, televidentes u oyentes.
El silencio no es rentable. La callada por respuesta tampoco. Es más, tanto en un caso como en otro se consigue el efecto contrario al que se persigue en las comparecencias públicas. Los políticos, los directivos, los portavoces o quienes se dirigen a una audiencia a través de los medios de comunicación deben saber que la información no es para los periodistas, sino para sus lectores, televidentes u oyentes. Parece mentira que en la llamada sociedad de la información y de la comunicación todavía observemos actitudes cerradas y por tanto equivocadas de personas que quieren comunicar y sin embargo no aceptan el más elemental principio de toda comunicación, que es construir un diálogo entre las partes y en concreto, de que los periodistas ejerzan el derecho de poder preguntar, porque así lo interpretan de cara a contribuir a la información de sus oyentes o lectores.
Muchos directivos, hombres y mujeres de empresa y algunos políticos me preguntan cuál es el secreto para comunicar sus bondades ante “los enemigos periodistas” y, si fuere el caso, disimular los errores o fracasos que conlleva toda actividad pública o privada. La respuesta puede parecer simple pero es la única que conozco: tener algo que decir y, además, estar preparado para decirlo. Y toda empresa, institución o partido político tiene algo que decir. Tanto si van bien las cosas como si van mal.
La clave está en preparar ese algo con rigor y profesionalidad. Insisto: tanto si van bien como si van mal. Si van mal porque seguro que tarde o temprano los medios de comunicación se enterarán. Y será mejor que la empresa, la institución o el partido correspondiente sepa qué decir. Mejor que improvisar e infinitamente superior a no decir nada, porque si tu no dices lo que haces, otros dirán lo que no haces y además, será mucho peor.
Si las cosas van bien, con más motivos. ¿Para qué sirve fabricar, producir, gestionar, coordinar o liderar si no lo sabemos comunicar? Lo importante es que compren lo que haces y para conseguirlo, se necesita una buena comunicación donde se tengan en cuenta los mejores supuestos para lograr la notoriedad y prestigio de la marca, producto o empresa.
Las cosas se saben cuando se saben decir. Y para saberlas decir, primero las tenemos que aprender, luego interiorizarlas y, más tarde, por fin, transmitirlas. Efectivamente muchos directivos o políticos que poseen cualidades insuperables en sus funciones igual no tienen esa capacidad comunicativa necesaria para trasladar a la opinión pública una serie de mensajes o de conceptos. Es igual. No pasa nada. Los directivos que quieren aprender a comunicarse en público, delante de los medios, de los consumidores, de los accionistas, de los sindicatos, de los líderes de opinión, de los políticos o de quien sea, pueden disponer de unas útiles herramientas que en muy poco tiempo les pueden servir de gran ayuda.
Los cursos de formación en comunicación para portavoces consiguen efectos muy positivos. Por supuesto que un directivo nunca llegará a alcanzar las dotes y cualidades de un locutor de radio o un presentador de televisión, pero un curso de entrenamiento le servirá, cuando menos, para no cometer errores garrafales en comunicación y para tener en cuenta algunas claves para que el público le entienda. La comunicación es básica en nuestro quehacer profesional. Lo único que se necesita es tener verdadera voluntad de aprendizaje y algo que decir.
Otra cosa muy distinta es querer instalar como lógico y normal no aceptar preguntas de los medios de comunicación en una comparecencia pública, como por ejemplo, una rueda de prensa. La práctica política norteamericana dice en sus manuales de estilo sobre la comunicación que “las ruedas de prensa del presidente de EE UU se organizan cuando interesa al presidente”. Obvio. Pero una vez dicho eso, los portavoces de la Casa Blanca están preparados, con independencia del color político, para responder cualquier pregunta que les planteen los medios.
La callada por respuesta no es la solución. El “sin comentarios” o “eso hoy no toca”, tampoco. Los periodistas harían bien, si sus jefes se lo permitieran, en no ir a ninguna rueda de prensa donde no se pueda preguntar y si van y nos les dejan ejercer su derecho como transmisores de la información, en levantarse e irse al tiempo que deberían informar a sus lectores y oyentes de la forma particular de ejercer el derecho a la comunicación de la entidad o persona convocante.
Porque no sólo es importante lo que se dice o lo que no se dice o, en cualquier caso, cómo se dice, sino muy especialmente la actitud. La actitud es la respuesta. Eso de no querer contestar a las preguntas de los medios ya es una actitud. ¿Cuándo cambiarán de actitud algunos políticos y directivos y entenderán, de una vez por todas, que la respuesta nunca es el silencio?
Todo comunica. Todo. Lo que se dice y lo que no se dice.
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