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    zapatero en Mallorca
    Editorial

    Tramando una paz en falso

    13 AGO 2010 | Editorial

    A los lectores de LA GACETA no les habrán cogido por sorpresa las declaraciones de Brian Currin sobre el mal llamado proceso de paz con ETA.

  • No en vano, ya desde el mes de febrero, LA GACETA ha venido informando puntualmente de las negociaciones con los etarras, ahora reconocidas explícitamente por el mediador internacional. Las declaraciones de Currin, en todo caso, sirven para retratar en su indigencia moral a socialistas como el ministro Rubalcaba, Patxi López, Javier Rojo, Madina o Eguiguren, personas todas que arremetieron, en ocasiones llegando al insulto personal, contra quienes, como Mayor Oreja, avalaron la veracidad de las informaciones de LA GACETA subrayando los primeros movimientos de la negociación. Con sus negaciones y sus insultos, Gobierno y PSOE engañaron entonces a los españoles. Ahora, con las declaraciones de Currin, se ha descubierto su engaño. 

    Sin embargo, si es grave el hecho de que el Gobierno nos mienta, aún es más grave lo que el Gobierno está negociando a espaldas de los españoles. En ese proceso de acercamiento a la banda se enmarca, como reconoce Currin y adelantó LA GACETA, la política de beneficios penitenciarios de Rubalcaba. Lamentablemente, el Gobierno ha optado por legitimar una vía pésima para tratar con ETA: está alentando la “internacionalización del conflicto”, permitiendo que ETA pueda blanquear su imagen en el mundo de la mano de aliados como Desmond Tutu, Gerry Adams, Francesco Cossiga, Mary Robinson, John Hume y Frederik de Klerk, grupo en el que hay antiguos jefes de Estado y premios Nobel de la Paz. Los españoles sabemos de su crónica desinformación y desorientación respecto de ETA, cuando no de su directa inmoralidad, pero son personas de peso en el ámbito internacional. La concurrencia de estos personajes es un balón de oxígeno para ETA y su entorno, en tanto que aparta el conflicto de España y lo sitúa en el País Vasco, requiriendo la presencia de mediadores internacionales para arbitrar entre las dos partes y haciendo politiqueo de lo que debe ser derecho penal. La estrategia del Gobierno es tan contraproducente como inicua, más aún cuando ETA, pese a la prosperidad con que se está rearmando, conoce momentos de debilidad por el acoso de las Fuerzas de Seguridad, mediante la aplicación del único camino, lento pero apropiado, para terminar con el terror: el imperio de la ley.
    Los negociadores como Currin buscan un alto el fuego que parezca una decisión de ETA, pero es el propio Gobierno el que ha puesto a ETA como condición la necesidad de ese anuncio a cambio de iniciar después otro proceso de paz. Así, ETA podrá volver a hacer política y a manejar dinero público en las instituciones, mientras –como en todas las treguas trampas habidas hasta ahora- los pistoleros se rearman. Por otra parte, es indignante que el Gobierno no informe al PP o que los encargados populares de informar a Rajoy estén influyendo en la posición tibia de la oposición ante el escándalo que se está gestando. Por último, un Gobierno al que todo le ha salido mal, también se ha de equivocar en este mal llamado proceso de paz, aunque sólo sea porque en ETA hay quien quiere y quien no quiere negociar. Pero eso es ya conceder demasiado: al Gobierno sólo le mueve conseguir los únicos beneficios electorales que puede lograr: presentarse como muñidor de una paz falsa. Porque es falsa toda paz como la quiere el Gobierno, “sin vencedores ni vencidos”, cuando ETA ha puesto las balas y los españoles han puesto las víctimas.  

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