Esto es un experimento y como tal tiene su aquél. Me refiero a este peculiar patio de vecinos –en el mejor sentido de la expresión–, en el que un puñado de irresponsables deja su sitio por un momento para irse por peteneras sin más limitación que el maldito número de caracteres. Está bien.
Aunque soy consciente de que todo lo que se innova indefectiblemente evoluciona, de momento opto por el formato más ortodoxo para no entrar en nada concreto. Pienso que la estantería es tan amplia que no dispongo del ángulo de visión preciso para fijarme en un anaquel concreto. Y encima, sólo con esta retahíla de imprecisiones he perdido la mitad del espacio.
Una impertinencia más. Mi cometido en este diario está en que me dedico circunstancialmente a sobrevolar, como un abejorro incómodo, sobre el trabajo de los demás, por aquello de que hay que cerrar a una hora siempre fatídica. Lo interpreto como un salvoconducto para escribir de lo que me dé la gana: del dichoso villarato –vaya por Dios–, de la última película de Jean Becker –¡que grande La fortuna de vivir!–, del último disco de Fito o de la política como ¿arte de lo posible?
Otro día explicaré la diferencia entre los grandes sinvergüenzas y los auténticos sinvergüenzas. De los primeros me fío porque abandonan sus principios, dejando los principios donde estaban y, encima, vuelven a ellos cuando quieren, si quieren. No alteran la verdad, afortunadamente. Los segundos, por contra, más peligrosos que la peste negra, se empeñan en cambiar los principios para ajustar la realidad a sus intereses, deseos, delirios o caprichos. Y al final no hay tu tía para saber si ingenieros del sentido común como Sócrates o Machado tienen razón o han quedado demodé.
En el caso de mi otra comunidad de vecinos, la de verdad, los auténticos sinvergüenzas cambiaron los principios universales de la termodinámica para justificar un drástico recorte en el horario de calefacción. Les convenía, porque viven en pisos cálidos, pero han condenado a un frío de narices todo el invierno a los pisos de orientación norte y este. C’est la vie. Por eso quiero vivir en un unifamiliar.
Los responsables de La Gaceta, sus vecinos de usted, escriben a diario de temas que no son de su especialidad para ofrecer un nuevo punto de vista.
TEMAS RELACIONADOS: Opinión
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Si quieres entrar en el debate debes estar registrado en nuestra comunidad.
Si ya lo estás, debes iniciar sesión.
Si aún no lo estás, regístrate aquí.
Recuerda que tu comentario puede ser votado por el resto de los usuarios que estén registrados.
Revisa nuestras normas de conducta si no quieres que tu comentario sea moderado. Acceder al manual.