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    Juan Van-Halen

    El voto informado

    03 OCT 2011

    La dualidad que lleva a Rubalcaba a negarse a sí mismo y a su pasado ya no engaña a nadie.

  • Juan Van-Halen

    El 20 de noviembre el pueblo tendrá la palabra. Suele decirse, desde un buenismo a mi juicio mal entendido, que “el pueblo nunca se equivoca”. Pero no es siempre así. Hitler llegó al poder por unas elecciones, y ya sabemos en qué dio. La democracia sólo es “el menos malo de los sistemas políticos”, según la definición de Churchill. Nada más y nada menos.

    Recuerdo aquella ironía de Agustín de Foxá, un heterodoxo de derechas, en su novela Madrid de Corte a checa, cuando cuenta que en una reunión de médicos ateos, picapleitos y boticarios masones se somete a votación la existencia de Dios y deciden que no existe por una mayoría de siete votos. El resultado del esperpéntico acto hubiese sido otro con votantes distintos, más objetivos y más informados. Y nada tenía que ver, en todo caso, con la existencia de Dios.

    En el voto pesa el índice de información de los votantes. Si no cuentan con una información veraz o, peor, son interesadamente desinformados, no podrán formar un juicio sobre lo que más conviene al interés general. Por ejemplo, si en las elecciones generales de 2008 los electores hubiesen contado con una información veraz sobre la grave situación económica que ya avanzaba, es probable que el veredicto de las urnas hubiese sido distinto. Pero la realidad fue manipulada. Los electores recibieron machacona y desvergonzadamente el mensaje de que España iba bien, que estábamos en la champions league de la economía mundial, que nuestro sistema financiero era fuerte, que la crisis iniciada en Estados Unidos no saldría de allí. Y acusaron de antipatriotas y agoreros a quienes anunciaban lo contrario. Basta ver ahora el célebre debate Solbes-Pizarro en televisión para comprender hasta qué punto ya había quienes veían que la crisis económica golpearía a España mientras otros se aferraban a la idea de una España sin riesgo de crisis, rica y feliz. La demagogia y la mentira son la desinformación misma.

    Y no puede aducirse que el Gobierno no sabía entonces lo que se avecinaba, porque en su día se conoció un informe del Banco de España, de antes de las elecciones, en el que se anunciaba que la crisis económica afectaría a Europa y con mayor virulencia a nuestro país.
    Lo vivido desde la segunda elección de Zapatero evidencia que, por desgracia, los electores se equivocaron en 2008. No habían recibido una información veraz previa. Lo que cuenta ahora, en vísperas electorales, es si estamos recibiendo una información veraz.
    Todos o casi todos los partidos proclaman que hay que apretarse el cinturón, pero entre unas y otras proclamaciones hay diferencias y no de matiz. El PSOE lleva diciendo desde hace mucho que estamos saliendo de la crisis; el propio Rubalcaba declaró el pasado 2 de agosto que son evidentes los síntomas de mejoría económica y acabo de escucharle de nuevo asegurar algo parecido. Otras formaciones, como IU, nos anuncian que la salida de la crisis está en lo que, generalizando, supone apostar por “lo público”. Lo llaman “una salida a la crisis desde la izquierda”. Las experiencias enseñan que lo que puede entenderse como tal salida supondría la felicidad de los sindicatos, el engaño de los ciudadanos, la dimensión exagerada del sector público, más déficit, más deuda, la huida de capitales al exterior, la parálisis inversora, y, en definitiva, más paro.

    El Gobierno de Zapatero no creyó nunca en las medidas correctoras de la crisis, porque, además de liberales, eran impopulares, y por eso no las tomó o las tomó tarde y acuciado por la Unión Europea, el BCE y el FMI. El Partido Popular propone sus fórmulas para salir de la crisis, que se han reflejado en decenas y decenas de iniciativas parlamentarias votadas en contra por el PSOE y sus ocasionales –y carísimos– socios en el Congreso de los Diputados y en el Senado. No es cierto que no exista una alternativa palmaria a la política económica del dúo Zapatero-Rubalcaba. Los ejes de la fórmula de Rajoy son similares a los que su partido puso en marcha en 1996 cuando se encontró España con una tasa de paro del 22,1%, aún superior a la actual, y la dejó con un 10,7% en 2004, creando cinco millones de empleos frente a los actuales cinco millones de parados.
    Grecia, con un Gobierno socialista, tampoco creyó en medidas impopulares, y ha acabado en el hoyo más profundo. Vive de lo que le dan. Las últimas medidas griegas son drásticas. No quiso tomar decisiones impopulares hace dos años y ahora se ve obligado a decidir medidas dramáticas y a la desesperada. Si trasladamos la experiencia a España, si hubiésemos empezado a tomar medidas cuando se apuntaba la crisis, completándolas y fortaleciéndolas paulatinamente, no estaríamos como estamos.

    ¿Vamos a llegar a las elecciones con una información de la calle suficiente y veraz? Esta vez creo que sí; por lo menos ya estamos escaldados. Esa dualidad del candidato Rubalcaba que le lleva a negarse a sí mismo y a su pasado ya no tiene capacidad de engaño. O era un miembro muy infeliz del Gobierno de Zapatero que asistía a las decisiones de los Consejos de Ministros con enfado y distancia, que es lo que quiere que nos creamos aunque sea inaceptable, o es un cínico de tomo y lomo.

    El 20 de noviembre conoceremos el veredicto de las urnas. Sería muy grave que los electores se volvieran a equivocar. Más tiempo perdido, más sufrimiento y más debilidad.

    *Juan Van-Halen es académico correspondiente de la Historia y de Bellas Artes de San Fernando.

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