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    Zapata, morir para vivir

    07 MAR 2010 | Javier Nart

    ¿Aceptaría Gabriel García Márquez vivir un solo día como el común de los cubanos?

  • La seudoizquierda siempre ha tenido una extraña fascinación por las dictaduras siempre que se enmarquen en la retórica de la “revolución”, del “antiimperialismo” o de la tenebrosa creación del “hombre nuevo”. Es sorprendente el cómplice y mentecato papanatismo de tanto intelectual del mundo occidental condescendiente hasta la náusea ayer ante la barbarie estalinista y hoy con los últimos vestigios de la esclerosis leninista.

    ¿Han escuchado ustedes un solo reconocimiento de error, una sola palabra de arrepentimiento de tantos gurús del “izquierdismo de salón” que alababan las “libertades reales” de la Europa comunista frente a las despreciables “formales” de occidente?

    Y aún hay miserables que defienden las virtudes de la dictadura familiar castrista (de Fidel a Raúl), que ciertamente no tolerarían en sus delicadísimos cuerpos. ¿Gabriel García Márquez, vocero y propagandista del régimen, admitiría vivir un solo día como el común de los cubanos? ¿Abandonaría las casas de protocolo para pasar a disfrutar de las excelencias cotidianas en las que se desarrolla la vida de las gentes de la isla? Me refiero a lo concreto: la sanidad sin medicinas, el racionamiento en los alimentos, las colas al sol aguardando el camión-autobús, las viviendas precarias, el trabajo mal pagado.

    La libertad no es concordar con la verdad oficial, que además no es patrimonio del poder. Esa verdad única y excluyente es propia de los dogmas religiosos. Libertad es la capacidad de discrepar, ya que otras opiniones son tan válidas como las propias. Y todo ello sin el temor de que por reunirse, por opinar, por heterodoxia, se dé con los huesos en la cárcel. Eso tan sencillo es lo que se define como democracia. Cuando el poder tiene inscritas la verdad y la patria en el registro de la propiedad, vigilado por la policía y el ejército, eso ni es revolución ni es democracia: es fascismo, es estalinismo, es franquismo, es bolivarismo. Es castrismo.

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