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Mientras el ex ministro de Fomento deja que los suyos reclamen su regreso, Génova medita si le conviene. Ha sido temido y respetado al mismo tiempo, pero consiguió poner orden en el PP.
Madrid.- Francisco Álvarez-Cascos, Paco, no es uno más en el Partido Popular. Fue la mano dura de Génova durante mucho tiempo y aun en sus años de exilio político, desde que el PP dejó de gobernar en 2004, cualquier palabra o gesto suyo ha tenido fuerza suficiente para llevarse un titular. Pasó con sus enmiendas en el último Congreso nacional del PP en 2008, sus críticas a Rubalcaba y la supuesta “camarilla policial” creada en el caso Gürtel, sus problemas con el PP de Gijón y el culebrón de su regreso. El general está hoy en la reserva, pero puede que por poco tiempo.
Sus afines hablan y él hace como que no sabe nada. Sus seguidores le reclaman y él insiste en que no quiere pronunciarse sobre un posible regreso al ruedo político. Sus simpatizantes crean páginas web, abren perfiles en redes sociales y él, por fin, se lanza a decir en una entrevista radiofónica que hay “una marea creciente” de gente que desea que vuelva a la actividad política y se presente como candidato por Asturias en las próximas elecciones autonómicas. Pero concluye: “Sólo voy si me lo piden”.
Suficiente para que en los despachos de Génova todos levanten las orejas e intenten disimular las sacudidas del temblor. Si el antiguo secretario general vuelve y consigue la presidencia de su tierra adoptiva (nació en Madrid hace 63 años), se sentará cada dos meses en el comité ejecutivo del partido. Y con sus precedentes, es casi seguro que no será un barón cómodo que diga sí a todo. Él es la referencia de una época de éxitos y de estricta jerarquía, pero el PP de hoy, aún siendo igual, es totalmente distinto. La renovación es casi absoluta fuera de la sede central y encajar todas las piezas del puzzle puede ser difícil si las aristas no están bien perfiladas.
Quienes le conocen y han compartido horas de trabajo con él no dudan en resaltar que es un hombre de “mano dura”, pero acto seguido ponen de relieve su “magnífica” labor como coordinador máximo del partido. Consiguió poner orden en una formación sin forma. Tomó un partido desorganizado y caótico en 1989 y no lo soltó hasta que todos los hilos se movieron a su gusto. Ese fue el momento en el que el presidente Aznar, tras su primera victoria electoral de 1996, le llamó para ocupar la vicepresidencia primera de su primer Gobierno.
Después llegó su momento como ministro de Fomento. Pocos dudan del impulso de las infraestructuras en aquellos años, especialmente por el AVE, pero lo sucedido con el Prestige también pesa. La petrolera fue remolcada a alta mar y allí se hundió, vertiendo 50.000 toneladas de fuel en 2002. Fue probablemente uno de los momentos más duros de Álvarez-Cascos al frente de este departamento.
Una mezcla de respeto y miedo es lo que infundía el ex dirigente popular en sus tiempos al frente del partido. Si sonaba el teléfono y al otro lado hablaba el jefe, no era raro que el rostro de quien recibía la llamada se tensara. Sus broncas eran sonadas. Daba igual que fueran las siete de la mañana, media tarde o pasadas las doce de la noche. El día, efectivamente, siempre ha tenido para él 24 horas. Pero también sabía felicitar por el trabajo bien hecho. Su exigencia no era incompatible con la defensa de los suyos. Disciplina para todo, sin duda, pero justicia para agradecer y recompensar, también.
En definitiva, el apodo de general secretario (por secretario general del PP) era merecido. Y él no reniega. Asegura que nunca le molestó porque cree que con esta hipérbaton se reflejaba algo que en aquel momento era un valor: el trabajo estricto y el orden. Para su equipo buscó a los más aptos. Los colaboradores, dice, deben ser los más profesionales porque son para trabajar; mejor no confundir la amistad con el amiguismo.
Mientras se mantiene en la reserva, sus empresas, el arte y la pesca ocupan su tiempo. Esta misma semana el ex ministro ha sido noticia por haber conseguido un salmón de 5,5 kilos en el asturiano río Esva. El único que se pescó aquel día. Aunque sea en su día libre, si es para pescar, cazar o ir a la montaña, el posible candidato madruga y se levanta casi con los gallos. Su abandono de la vida pública no supuso un cambio de horarios. Cada mañana se levanta a las 7.30 para leer los titulares de los periódicos en su correo electrónico. Y si algo le interesa, lo retoma al mediodía o por la noche para leerlo con calma. Los medios ya no le atraen tanto como antes, cuando eran el reflejo de su trabajo.
Ahora dedica sus horas a la presidencia de una multinacional mexicana, asentada en España y dedicada a la informática avanzada . Tiene también su propia empresa de gestión y promoción de infraestructuras. En el campo artístico, en el que también ha trabajado, asegura que sigue siendo un aficionado aunque esté casado con una ex galerista. Y aunque con ella ha aprendido más sobre arte contemporáneo, sigue siendo un entusiasta de Goya.
Entre salmones y mirós Álvarez-Cascos ha aprovechado estos dos últimos meses para dejarse ver mientras se habla de su regreso. Primero fue en el aniversario de los 20 años de la primera ejecutiva de José María Aznar, en Sevilla, donde almorzó con sus viejos compañeros de batalla. Mariano Rajoy también estuvo en aquella comida. Aquel día hubo foto de familia, pero las portadas fueron para su amigo el ex tesorero Luis Bárcenas, que aquel mismo día dejaba definitivamente el partido. Pero sí consiguió el titular cuando el pasado 7 de mayo reapareció en un acto de partido en Burgos. Se dejó ver para hablar de infraestructuras y el Gobierno se llevó un par de bofetones, por “autobombo y embuste”, dijo.
Su próxima aparición podría ser como candidato, algo que el presidente del PP de Asturias, Ovidio Sánchez, ya le ha pedido a Rajoy porque, aseguró hace unos días, Cascos “nunca se marchó”.
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