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Carmen Calvo, ex ministra de Cultura
No tiene pelos en la lengua para decir lo que piensa. Le gusta jugar con las palabras y hasta inventarlas. Confiesa que se quedó “perpleja” cuando cesó de ministra y que su relación con Rodríguez Zapatero es prácticamente inexistente. Por si quiere tomar nota su sucesora con la llamada Ley Sinde, afirma que en materia de cultura “no sólo hay que contentar a los artistas”. Sospecha que las críticas a la ministra de Igualdad esconden “un rechazo a la igualdad de las mujeres”. Reivindica la “ejemplaridad absoluta” como precio a pagar por quienes se dedican a la política y, si tuviera una varita mágica, echaría mano de ella para acabar con aprovechados y caraduras.
-Usted peleó por la Ley del Cine y la actual ministra tiene un buen lío con Internet y los derechos de propiedad intelectual. ¿Qué opina de la llamada ‘Ley Sinde’, que prevé el cierre de webs con descargas de archivos no autorizados?
-En materia de cultura hay que hacer muchos equilibrios, no sólo hay que contentar a los artistas, el fin último son los ciudadanos. Las regulaciones relativas a la propiedad intelectual tienen que ir muy pensadas, ser objeto de una reformulación completa y en una ley única.
-Los internautas dicen que puede hacer perder los comicios a Zapatero.
-Hay libertades en la Red que tenemos que preservar porque forman parte de una nueva forma de vivir, representan nuevos bienes culturales que no se pueden abordar con los viejos formatos y, al mismo tiempo, hay unos derechos que proteger. Las redes mueven mercados que, a su vez, mueven bienes que hay que reconocer y que hay que pagar. No se puede estar de militante a ultranza en uno de los dos bandos, ésa no debe ser la actitud de un gobernante. Un gobernante tiene que encontrar el equilibrio. Yo tenía un lema: la cultura no puede ser ni gratis ni cara.
-Muchos cuestionan que haya un Ministerio de Igualdad y lo tildan de inservible.
-Me preocupa que las críticas sean tan inconsistentes, tan malvadamente jocosas y que a cambio no se proponga nada, lo que me lleva a pensar que no se está criticando al Ministerio de Igualdad sino a la igualdad de mujeres. Es muy preocupante que haya gente en democracia que no entienda que un Gobierno debe dedicar un área a fomentar políticas de igualdad, baluarte de la convivencia democrática.
-¿Es un ministerio en el que la ideología pesa más que la solución de los problemas reales?
-Aquél que no quiera ver que la discriminación de las mujeres es una realidad y un problema no vive en este país, ni en este planeta. Si alguien no quiere ver que la discriminación de la mujer es una realidad que a veces termina en asesinato, tendría que preguntarse si es demócrata.
-¿Tienen relación esas críticas con la nueva Ley del Aborto?
-La interrupción voluntaria del embarazo no se produce porque haya una ley o deje de haberla, es una realidad que se produce a lo largo de los siglos. Hay quien prefiere cerrar los ojos y hay quien quiere afrontarlo lo mejor posible. España tenía una despenalización bastante farragosa y era necesario que pusiéramos sentido común democrático. Esta es una ley que deja a cada cual frente a su conciencia. Nadie está obligado a hacer lo que no quiere, como no está obligado a hacer lo que no quiere con el matrimonio o con el divorcio, que son derechos que regulan las libertades civiles de los ciudadanos. Cada cual tiene que verse con su conciencia, con su religión y con sus criterios.
-La Comisión de Igualdad acordó por unanimidad facilitar la baja de los diputados por enfermedad o por maternidad, sin embargo la fórmula de la sustitución presenta problemas legales que dificultan su cumplimento.
-Fíjese hasta qué punto se asume que el prototipo de ciudadanos es el masculino que hasta la Constitución y el Reglamento de la Cámara están previstos para parlamentarios varones. Nunca se pensó que algún día el Congreso y el Senado tendrían la mitad de mujeres y que algunas darían a luz. Incluso he participado en debates en los que se me ha dicho que cómo vamos a tocar leyes orgánicas por este tema.
-¿Encontrará encaje legal?
-Es que no queda otra. Es que las mujeres tenemos derecho a que la Constitución y las leyes de este país, también la Ley Electoral, se adecuen a nuestras circunstancias. Me da igual cuál sea la dificultad. Y otra cosa: un embarazo no es una enfermedad, no se pueden comparar. Cuando lo ha elegido, es la alegría más grande de la vida de una mujer.
-¿Cree que los medios de comunicación que incluyen anuncios de contactos harán caso a la ministra Aído o seguirán haciendo negocio con la prostitución?
-Independientemente de la crisis, de los dineros y de las ganancias, hay una contradicción brutal evidente entre una sociedad que lucha contra el machismo y la explotación sexual y unos medios de comunicación que ofertan a seres humanos como mercancía. Tiene que llegar el momento de la responsabilidad, de la autorregulación y de la sensatez y que retiren esos anuncios, como se ha hecho en otros países europeos, porque no se puede defender una cosa y la contraria y, como dice la canción, no estar locos.
-¿Le ha creado algún problema pertenecer a la Asociación Taurina Parlamentaria?
-No tengo que pedir permiso para que me gusten los toros y, como diputada que soy, formo parte de un grupo de parlamentarios que, simbolizando la pluralidad de los españoles, representamos a los taurinos. Dicho con otras palabras: democracia en estado puro. Se han dicho tantas barbaridades que lo que se ha puesto de manifiesto con este debate es que una parte de los antitaurinos no son antitaurinos sino otra cosa. Algunos deberían hacérselo ver por un psiquiatra.
-Otros proponen que la Fiesta taurina sea Bien de Interés Cultural.
-A este debate le sobra política y espero que cuando llegue el momento, mi partido en Cataluña sepa lo que tiene que votar y pare el disparate de prohibir los toros.
-Ha dicho que se enteró de su cese como ministra ‘dos segundos antes’. ¿Resentimiento?
-Resentimiento no es la palabra. Hablo por mí, claro. Yo dije un día que no era ministra, sino que estaba de ministra. Siempre he tenido muy claro que los cargos son pasajeros. Pero como no me lo esperaba, me quedé perpleja.
-Fue vicepresidenta del Congreso. Si Bono no se hubiera cruzado en el camino, ¿ahora sería presidenta?
-No lo creo. Son cosas que me reservo, pero tengo una posición dentro de mi partido y del socialismo que es lo que es. Bono
siempre ha tenido más enteros, como si fuera la Bolsa.
-Estos días ha sido noticia que José Bono le ha comprado un piso de más de un millón de euros a su hijo. Quien representa a la tercera autoridad del Estado, ¿debería ser más cuidadoso en sus actuaciones?
-No digo ya el presidente del Congreso, digo todos los que nos dedicamos a la política libremente porque queremos servir a nuestro país a través de las instituciones, recibimos, no privilegios, sino honores y, a cambio, tenemos un precio justo que pagar: ejemplaridad absoluta.
-¿Cómo fue su relación con Rodríguez Zapatero? ¿Es tan frío y autosuficiente como dicen?
-Mis relaciones con el presidente fueron estrictamente de trabajo. No le conocía y el único trato fue cuando despachábamos asuntos relacionados con el ministerio, por lo tanto debo ser muy prudente porque cualquier cosa que diga es tan subjetiva que no merece la pena. Ahora la relación prácticamente se limita a saludarle si nos cruzamos en el Congreso.
-¿Cree que cambiará el Gobierno en los próximos meses?
-En seis años ha hecho bastantes cambios, me parece que es su estilo, su concepción de cómo organizar su equipo. Si nos atenemos al pasado, seguramente lo hará.
-¿Se bate en retirada Fernández de la Vega?
-La política es tan cambiante y sorpresiva en esto de nombrar, quitar y poner a gente –lo digo por mi propia experiencia– que no me atrevo a decir nada. Como dedicación –no me gusta llamarla profesión– la política es muy dura, especialmente en este país donde, en general, somos poco prudentes para medir lo que decimos y el daño que podemos hacer. Hay gente que trabaja muy duro y no se lleva ningún mérito y otra que no hace nada y se lleva los méritos de los demás. Si me dieran una varita mágica para mejorar la democracia, reformaría los partidos por dentro para que funcionen con criterios de mérito y capacidad. Y haría otra cosa que, a lo mejor, sorprende a la gente, pero he estado casi doce años en dos Gobiernos, el de Andalucía y el de España, así que lo digo con conocimiento de causa: cambiaría las normas de protocolo.
-¿De protocolo?
-Vivimos en una sociedad mediática, todo es imagen, fotos y titulares, y muchas veces el protocolo, por razones de cortesía, regala todo eso a políticos que tienen la tremenda cara dura de quedarse con el trabajo ajeno e ignora a aquéllos que dedican años a desarrollar un trabajo, que tienen ideas y que arriesgan. Muchas veces el lío mediático no tiene nada que ver con la realidad. Adecuar el protocolo a la realidad ayudaría a la credibilidad de los políticos. Sería muy importante una evaluación no sólo en las urnas, sino en los partidos y en los cargos que ocupan para que no digan una cosa, acaben haciendo otra y nadie se acuerde.
-Como ministra, planteó, sin éxito, la rebaja del IVA para libros y discos, ¿qué opina ahora de la subida que plantea el Gobierno y de la polémica que ha generado?
-Es un debate absolutamente artificial. Se dice algo tan malvado como que supondrá 400 euros per capita. Mentira, el IVA lo pagamos todos, pero paga más quien más consume, que es el que más dinero tiene.
-Mayor Oreja sostiene que hay negociación con ETA y que la banda terrorista contribuirá a que Zapatero gane las elecciones.
-Tengo la sensación de que Mayor Oreja no tiene nada que hacer ya en política mas que hablar de esto de forma recurrente, lo que resulta lamentable y patético. Tendría que dimitir.
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