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    El presidente del Gobierno está obligado a configurar un gabinete de mayor peso para afrontar el final de su segunda legislatura. / Chema Barroso

    Fernández y Corbacho saldrán del Ejecutivo en la próxima remodelación

    28 FEB 2010 | Miguel Gil. Madrid

    Zapatero acometerá profundos cambios, presionado por los malos datos de los sondeos. Blanco asumirá funciones de mayor peso.

  • El último barómetro del CIS lo ha dejado bien claro: los ciudadanos suspenden al Gobierno en pleno y el PP se consolida en las encuestas. El 71,1% de los ciudadanos ya no confía en José Luis Rodríguez Zapatero, y se ha llegado a la conclusión de que las siglas ZP “ya no suman, sino que restan” al PSOE, como repiten en los aledaños del partido reputados consultores políticos.    La vieja guardia (lo que queda de ella), se inquieta ante la deriva de Zapatero, y candidatos de zonas de voto moderado, como el presidente de Castilla La-Mancha, no ocultan su malestar y piden públicamente un cambio de rumbo en el Gobierno.

        A la baja y de salida, María Teresa Fernández de la Vega y Celestino Corbacho, y al alza, políticos como José Blanco, José Enrique Serrano, José Antonio Alonso o Bernardino León, según la mayoría de las fuentes socialistas consultadas por este diario.

        Tanto en el Partido Popular como en el PSOE dan por hecho que José Luis Rodríguez Zapatero remodelará el Gobierno poco después del 30 de junio, cuando concluya la de momento malograda Presidencia de turno de la Unión Europea.

    Contradicciones    

    La descoordinación en la iniciativa del Ejecutivo y los errores de comunicación, reconocidos en privado por altos cargos socialistas, se suceden desde finales del año pasado, cuando ya se encadenaron contradicciones internas varias a cuenta de episodios como el anuncio del cierre de páginas web sin orden judicial o con motivo del secuestro del atunero vasco Alakrana, en el que la ministra de Defensa, Carmen Chacón, que ya arrastraba la losa de su anuncio unilateral de la retirada de las tropas en Kosovo, se vio desplazada por el titular de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos. Junto a ello, las derivadas políticas de una crisis económica que no da tregua.

        Camino de los cuatro millones y medio de parados oficiales, a comienzos de año los mercados financieros internacionales evidenciaron la fragilidad española (hasta entonces, con el denominado diálogo social atascado en la urgente reforma laboral y sin medidas estructurales en el horizonte).

        En Moncloa saltaron todas las alarmas. La prensa financiera internacional, (con el Financial Times a la cabeza, y reputados analistas) pusieron el foco en el problema español incluso neokeynesianos como Paul Krugman, y el Gobierno se decidió a incoar medidas tales como el retraso coactivo en la edad de jubilación, el globo sonda de la modificación en el cálculo del baremo de las pensiones y el recorte de 50.000 millones de euros del gasto público. Unas reformas diametralmente opuestas a los postulados propios del socialismo de Zapatero y sus aliados naturales, los sindicatos.

        Entretanto, durante la ya conocida como “semana negra”, en las filas socialistas no daban crédito a las formas empleadas para el anuncio de estas políticas. Un clamor privado ante un Ejecutivo a la deriva, con excepciones como la del presidente de Castilla La-Mancha, José María Barreda, quien recomendó al presidente una “remodelación importante del Gobierno” con un “Gabinete más reducido”, además de criticar abiertamente la comunicación de Moncloa.

        Junto a las críticas, aliñadas con episodios como el del Desayuno de Oración y la negativa de Barack Obama a visitar nuestro país con motivo de la Presidencia de la UE, comenzaron los movimientos de la vieja guardia socialista.

        Si desde las páginas de LA GACETA José Félix Tezanos, director de la Fundación Sistema que preside Alfonso Guerra, abogaba por un gobierno de coalición ante la crisis, en sectores próximos al PSOE avivaban el debate de la reedición de su candidatura con nombres de posibles sucesores como el de Javier Solana, ex secretario general de la OTAN y ex alto representante de la Política Exterior del viejo continente, que dio el salto en diciembre al sector privado.

    Congreso

    Asimismo, desde el entorno de Felipe González también tratan de asegurar cuota de poder ante un hipotético congreso extraordinario o primarias que designen un nuevo candidato. Ahí entra en juego el vicepresidente tercero y ministro de Política Territorial, Manuel Chaves, quien, como adelantó este diario, a través de información de un alto cargo cordobés y un consejero afín al sucesor de Chaves, José Antonio Griñán, ha ido filtrando diferentes informaciones con el objetivo de mantener influencia en el PSOE andaluz y asegurarse capacidad de intervención entre los cruciales delegados de Andalucía.

        Hoy se suceden las quinielas de una crisis de Gobierno anunciada, todas ellas mediadas por las próximas elecciones catalanas y las municipales y autonómicas del año que viene.

        Se dice que aprovechará para renovar parte de la Ejecutiva del partido y situar a ministros que considera amortizados en puestos de salida del Gobierno.

    Fuera del Gabinete    

    Entre los fijos en los puestos de salida, dos nombres: el de la vicepresidenta primera y ministra de la Presidencia, María Teresa Fernández de la Vega, y el del ministro de Trabajo, Celestino Corbacho.
        El pleno económico sobre las iniciativas del Gobierno ante la crisis del pasado miércoles 17 supuso una crisis de Gobierno virtual, como reconocen a LA GACETA muy diferentes voces del Partido Socialista.

        Los designados por Zapatero para tratar de acordar en dos meses con el resto de fuerzas políticas las medidas imprescindibles para salir de la crisis fueron la vicepresidenta segunda y ministra de Economía, Elena Salgado, y los ministros de Fomento e Industria, José Blanco y Miguel Sebastián.

        Tanto De la Vega (encargada de la Función Pública y de la Comunicación y Coordinación del Ejecutivo), como Corbacho (responsable de Trabajo) quedan fuera sin coartadas creíbles desde el Gobierno (“Todo el mundo no puede estar a todo”, “Corbacho ya tiene suficiente con el diálogo social”).

        Al ministro de Trabajo se le escapó ante preguntas de la oposición: “No se preocupe por mi presente ni por mi futuro. Tengo mucho pasado a mis espaldas defendiendo unas ideas, un proyecto y un partido, que es el PSC de Cataluña”, Fernández tampoco estuvo muy acertada respondiendo a los periodistas: se declaró sobrepasada tratando de subrayar su implicación con el Ejecutivo y apuntar “que le faltan horas” para hacer su trabajo.

        Si Corbacho se ve en Cataluña (ha sido desautorizado públicamente en asuntos del calado del de la reforma de las pensiones), la vicepresidenta primera ha asegurado que no piensa dimitir.

        Sin embargo, Fernández ha ido labrándose numerosas enemistades que tratan de minar la confianza que el presidente aún parece depositar en ella. Acaban de abandonar el equipo de la vicepresidenta su jefe de gabinete desde 2005, Fernando Escribano, y la secretaria de Estado de la Función Pública, Carmen Gomis.

    Al alza

    Según apuntan fuentes socialistas, Fernández “tampoco mantiene buenas relaciones con José Enrique Serrano y Bernardino León, director del gabinete y secretario general de Presidencia, respectivamente.

        Ambos están al alza y con posibilidades de llegar a ocupar una cartera cuando se produzca la próxima remodelación del Gobierno: “Serrano, según se dice, ya fue nombrado oficiosamente ministro de la Presidencia hasta que se opuso Fernández, y Bernardino parece un serio candidato a suceder a Moratinos”, señalan desde el PSOE.

        Junto a ellos, cada día suena con más fuerza el nombre de José Blanco como posible nuevo vicepresidente o ministro portavoz. Esta última es una función que ya ejerce de hecho en las cuestiones más complicadas para el Gobierno de Zapatero y el partido. Así lo hizo durante la denominada “semana negra”.

         Por otro lado, se espera que ocupe esta plaza alguna persona que tenga en su haber un perfil técnico, uy que posea además  “profundos conocimientos de las relaciones laborales para ocupar Trabajo, porque el debe de Corbacho no ha sido otro que ese”, destacan.

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