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    La ministra de Defensa asistió ayer en Torrejón de Ardoz al envío de los GR-31. / Chema Barroso

    Un informe advierte de los efectos psíquicos de la Ley de Carrera Militar

    28 MAR 2010 | Evangeline O’Regan.

    El malestar que ha provocado la Ley de la Carrera entre los militares ya tiene diagnóstico médico. Un reciente informe publicado en Sanidad Militar, la revista médica de las Fuerzas Armadas, alerta de la “alta probabilidad de que un número creciente de militares sean víctimas del síndrome burnout, también conocido como "del quemado", por cuestiones relacionadas con el trabajo.

  • Madrid.- El estudio, realizado por el jefe del servicio de Psiquiatría del Complejo Asistencial de Burgos, Jesús de la Gándara Martín; el médico de familia y miembro del grupo de trabajo de Salud Mental de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria, Ramón González Corrales, y un mando militar, atribuye a la “nueva normativa, la integración de escalas, limitaciones en el pase a la reserva anticipada”, entre otros motivos, que los militares estén experimentando “un fuerte sentimiento de frustración”.

    Frustración

    El informe, que tiene por objetivo hacer un análisis de la incidencia del síndrome burnout entre los miembros de las Fuerzas Armadas apunta a algunas de las características que, hoy por hoy, marcan la vida militar, como “las frustrantes expectativas profesionales”, la “evaluación continua”, el “sistema de quejas”, las “misiones relacionadas con la paz”, la “carencia de reconocimiento social” o el “estrés pos-traumático”.

    Los autores inciden en que el actual sistema de evaluaciones que se utiliza para los ascensos “genera un malestar general, al satisfacer a pocos y disgustar a la mayoría”. La subjetividad con la que se llevan a cabo estos informes que determinan el futuro laboral de los militares “produce una sensación de inseguridad y zozobra, lo que impide al militar hacerse una planificación de su carrera”.

    Además, señala otros tres factores que dan lugar a “pensamientos malintencionados de arbitrariedad e injusticia”, como son la asignación de destinos, “cuya tónica creciente es la designación bajo criterio de libre designación en la inmensa mayoría de los casos”, los informes personales anuales, “que son ocultados al militar sobre el que se informa” y, finalmente, el sistema de concesión de recompensas, “donde la experiencia indica que la principal virtud que se destaca es el servicio inmediato y personal al mando que tiene la potestad de proponerla”.

    La proliferación de las misiones de paz en los últimos años también ha influido en la multiplicación de casos de burnout, cuyos principales síntomas son el agotamiento emocional, físico y psíquico, depresión y una baja realización personal.

    El informe, que usa un lenguaje directo y poco frecuente en el contexto de las Fuerzas Armadas para denunciar las consecuencias que muchas políticas están teniendo sobre el colectivo militar, asegura que, en estos momentos, se “da la paradójica circunstancia de que un personal reducido –la Ley de Carrera Militar prevé una importante merma del número de efectivos para el año 2013– debe hacer frente a multitud de operaciones en el exterior, las cuales no dejan de surgir”. Y advierte de que “la trampa es precisamente el desprecio con que se suele tratar a este tipo de misiones relacionadas con la paz, las cuales parece que no representan desgaste alguno para quien las ejecuta”. Los autores alertan de que muchos profesionales no renuevan sus conocimientos de idiomas para no ser enviados a otra misión.

    Sin serenidad

    Otro de los factores que “más influyen” en que un militar acabe quemado es la falta de reconocimiento social. “No es fácil soportar con integridad psíquica, aun en los casos más equilibrados, la sensación de estar entregando la vida a unos ideales que se ven sistemáticamente ridiculizados por ciertos sectores de la sociedad, de defender una bandera que algunos de sus propios conciudadanos se empeñan en sustituir y de ofrecer la vida por una patria de la que nadie parece querer hablar y que, en cambio, algunos aspiran a modificar”, explica.

    “Es difícil mantener la serenidad mental cuando el orgullo de vestir el uniforme, que simboliza la plena entrega a la sociedad y la disposición a asumir cualquier peligro, debe limitarse a las ceremonias internas, restringiendo su uso abiertamente público por temor a que una parte de esa misma sociedad reaccione negativamente”.

    Por ello, los expertos alertan de que el burnout es un síndrome que “va a ir aumento”. Una de las conclusiones “ineludibles” es que es imprescindible efectuar valoraciones periódicas entre diversos grupos de militares –especialmente aquellos que participan en misiones en el exterior o de unidades como la UME–, así como realizar un seguimiento en el tiempo de este personal y sus familiares más allegados.

    Una advertencia directa a la ministra Carmen Chacón. “Alguien debería ser consciente de la urgencia de adoptar medidas para superar el bache emocional que están sufriendo los integrantes de los Ejércitos. Los síntomas de deterioro no pueden ser más evidentes”.

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