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    El juez Andrés Maestre, decano de Sabadell.

    El juez Andrés Maestre, decano de Sabadell

    26 DIC 2009 | X. Horcajo

    Condenó a un joven por un: “Viva la Guardia Civil”

  • Jordi Pujol fue el inventor de la política de símbolos. Quería que en la calle se visualizara el nuevo poder de la Generalitat restablecida y no reparó en asumir complicadas competencias presupuestarias. Sacar de las carreteras a la Guardia Civil era uno de sus objetivos y no reparó en gastos, con la creación de una policía autonómica que debía ser, según decía, “la nuestra”. Se la dotó de los mejores medios, se seleccionó el personal desde cero y se puso al frente de la escuela a demócratas probados; sin embargo, existe una cierta sensación de fracaso. Los Mossos d’ Esquadra son igual de odiados en la calle, incluso más, por cierta inexperiencia y excesos que los antiguos “números” verdes de la Guardia Civil.

    Para sorpresa de los nacionalistas, la “nostra” policía, a pesar de su formación, no deja de asombrar con condenas por abusos en las comisarías y en las detenciones. Desde su puesta en marcha en la comarca de Osona en 1994, los Mossos no se han ganado a los ciudadanos como los bobbys británicos. Vean si no, en Internet, las frecuentes grabaciones de abusos de agentes autonómicos en comisarías, a veces incluso se trata de féminas. De hecho, las cámaras se tuvieron que colocar de forma oculta en las comisarias para controlar los frecuentes desmanes de los agentes. O si lo prefieren, vean también en Internet  los punzones que portaban para reprimir manifestaciones de okupas, poco dignos de una policía “de diseño”.

    Ese es el marco de referencia que explica que ante lo que un ciudadano puede considerar un exceso le sobrevenga un sentimiento de añoranza de la Guardia Civil o de la Policía Nacional (conocida en el mundo nacionalista como policía de l’Estat). Eso le pasó al joven Cristian Mosquero Galán el 18 de marzo de 2007 cuando a las 5:30 de la madrugada cuatro Mossos pararon su vehículo, en el que viajaba con tres amigos. El conductor espetó a los agentes: “¡Viva la Guardia Civil!” y estos le denunciaron ofendidos ante los tribunales de justicia.

    Como un despropósito casi siempre lleva a otro, la denuncia de los dos agentes acabó en sentencia tras juicio rápido (31 de marzo de 2007) por la que se condenó al ciudadano a pagar 180 euros o a 15 días de arresto por gritar “en tono despreciativo y vejatorio la expresión ¡Viva la Guardia Civil!”. La sentencia del ilustrísimo magistrado Andrés Maestre, que además es decano de los juzgados de Sabadell y miembro de la Unión Judicial Independiente (UJI), le considera “autor responsable de una falta contra el orden público prevista y penada en el artículo 634 del Código Penal”.

    En la sentencia se declara "probado que el denunciado señor Mosquero, al salir de una zona lúdica de Sabadell, profirió a los agentes actuantes (denunciantes), debidamente vestidos de uniforme, en tono despreciativo-vejatorio, la expresión: “¡Viva la Guardia Civil!”.

    "Los anteriores hechos –escribió el ilustrísimo magistrado juez- que se declaran probados, son constitutivos de una falta contra el orden público (…) por concurrir en la conducta del señor Mosquero los elementos, tanto objetivos como subjetivos, del tipo penal que nos ocupa”.

    El resto de los acusados en este procedimiento, los otros tres ocupantes del coche, fueron absueltos “en virtud de la ausencia del principio acusatorio”.

    “De dicha falta es criminalmente responsable, en concepto de autor, el señor Mosquero por su participación directa, material y voluntaria en los hechos que la integran, como resulta acreditado por el testimonio en el acto del juicio de los denunciantes, en especial el Mosso d’Esquadra número 10.038 y el reconocimiento de los hechos que le inculpa por la propia parte denunciada”.

    Sin duda la sentencia de este juez, zaragozano de origen, cuarentón  y decano del mayor partido judicial catalán, después de Barcelona, destilaba contradicciones. En primer lugar entregada a  los denunciantes, los Mossos. Ofensiva para la Guardia Civil y quienes la respetan. Olvidadiza ante sacrificios en sangre de la Guardia Civil precisamente en Cataluña. Por ejemplo, en el caso del atentado etarra a la casa cuartel de Vic, en el que murieron diez personas, entre guardia civiles y familiares. Y, un horror para la libertad de expresión de los ciudadanos de a pie. Puestos a buscar algo que pueda justificar esta sentencia, piensen en el tremendo exceso de trabajo de los juzgados. Eso, los piadosos; el resto remítanla al universo de Kafka. Tanto, por lo que toca a los Mossos de piel fina, como por el talento de su “Señoría”.

    Pero Maestre, titular del juzgado 4 de Sabadell desde 2005, volvió a ser protagonista, como buen aspirante a “juez estrella”.

    El simulacro bufo

    La Coordinadora de Prevención de la Tortura denunció a este  magistrado ante el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) por haber representado un simulacro de juicio ante 240 agentes policiales para “ayudarles a eludir las consecuencias penales de los excesos en las detenciones”, dice la denuncia. Andrés Maestre y el fiscal, Ignacio Abinzano, con togas e insignias judiciales, reprodujeron un conocido juicio celebrado anteriormente en la Audiencia Provincial de Barcelona contra dos Mossos por lesiones dolosas a un detenido y en el “distendido” simulacro de juicio se denunció que se habían dado “pautas y consejos a los agentes”.

    ¿Cabe esperar este tipo de actuaciones de un funcionario; alineado, falto de neutralidad de un servidor de justicia, ante los que pueden cometer torturas o malos tratos policiales? Recomendaba a los agentes: "Diga no lo recuerdo antes que polemizar con fiscales o jueces". Una excelsa reflexión judicial que no parece dirigirse a buscar la verdad, sino la indulgencia del tribunal. Un juez facilitando la absolución de posibles futuros culpables. Es el sueño de Publio Siro, el poeta que acuñó aquello de “la absolución del culpable es la condena del juez”. Lo de Andrés Maestre era ponérselo “a huevo” a los agentes. Los ponentes de las jornadas contaban con destacados responsables de la policía autonómica catalana.

    “¿Qué les parecería que un juez y un fiscal explicasen a un grupo de banqueros en un cursillo público cómo eludir la acción de la Justicia por si fueran perseguidos por blanqueo de dinero o por delito fiscal?”, escribía sobre esto un rotativo catalán.

    El juez se consideró “indignado por la situación injusta a la que era sometido” y calificó de intento de desprestigio la denuncia al CGPJ de los antitorturas, insistiendo en el carácter meramente “docente” del acto organizado por el Sindicato Profesional de Policías Municipales de España-Cataluña en el que participó. El CGPJ consideró que no hubo actuación irregular a la vista de las cintas del acto y archivó la queja el pasado mes de julio.

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