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    El expresidente de la Generalitat, Francisco Camps y el exsecretario general del PPCV, Ricardo Costa, durante la jornada de hoy del juicio.
    Lecturas para un proceso

    El libro que Francisco Camps se llevó a juicio

    28 ENE 2012 | Enrique García-Máiquez

    La ruta antigua de los hombres perversos, del antropólogo y filósofo francés René Girard, publicada por Anagrama.

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    Quizá lo más interesante del juicio a Francisco Camps no haya sido ni la declaración del sastre ni la composición del jurado ni la audición de las grabaciones ni los alegatos de los abogados, sino la extraña imagen de un encausado leyendo ensimismado un libro que subraya y que comenta luego con alguien y que agita vigorosamente (como una banderola) y muestra, bien a las claras, con la intención de que todas las cámaras capten la portada. Se trata de un libro sobre el santo Job, el de la paciencia frente a los reveses de la fortuna y contra las acusaciones injustas. La prensa se hizo eco del hecho de inmediato.

    En concreto se trata de La ruta antigua de los hombres perversos, del antropólogo y filósofo francés René Girard, publicada por Anagrama. Y aunque efectivamente es un ensayo sobre la historia bíblica de Job, a poco que se conozca esta obra y el pensamiento de Girard, la significación del volumen escogido -que ya con la referencia a Job era muy honda- se multiplica.

    El francés dedica su libro a estudiar la decadencia y caída de los hombres poderosos, concentrándose en el hecho de que aquellos que eran públicamente aclamados pasan, de golpe, a ser públicamente infamados. Ha ocurrido siempre así, siguiendo el mecanismo del chivo expiatorio, que no es sino la ficción mediante la cual la sociedad vacía todas sus culpas sobre una cabeza de turco, y vuelve a sentirse inocente y pacificada. El teatro clásico y muchos documentos históricos de la Antigüedad son, como demuestra Girard, testimonios de aplicaciones apenas encubiertas de esta práctica, que ha permitido la supervivencia de la sociedad humana a las tensiones crecientes y autodestructivas que ella misma genera.

    Una elección inmejorable

    La novedad de Job es la gran aportación bíblica (que culmina en Jesucristo) y consiste en su defensa incansable de su inocencia. Para el paganismo, un hombre condenado por la voz pública no puede ser inocente y el mecanismo necesita de algún modo que la víctima admita su culpabilidad, como hará Edipo. Pero en palabras de Girard, “Job es la Antígona de su propia causa. Le piden que reconozca que su martirio está justificado, y se niega”.

    ¿Hasta qué punto Francisco Camps ha recurrido a este libro en busca de una explicación antropológica y teológica de su situación? ¿O ha sido -como sospecha el experto David García-Ramos en el blog del grupo de investigación girardiano Xiphias Gladius- un consejo afortunado de un asesor perspicaz? Y si fuera así, ¿el asesor era consciente de haber dado en la tecla o simplemente quería que se hablase de Camps como de un Job redivivo? Como siempre nos hemos quejado del pobrísimo nivel intelectual de nuestra clase política, es legítimo sentir ahora un interés muy vivo por saber qué se esconde detrás de un gesto tan sugerente. Quizá un test de comprensión lectora nos sacaría de dudas, pero reconozco que sería excesivo someter a Francisco Camps, con lo que lleva pasado, a una prueba más, aunque solo sea literaria.

    Y con todo, hay un indicio de que puede no ser un girardiano de pro. Porque otra de las ideas clave de este pensador fundamental es que, después de Cristo, se ha producido una inversión de valores y todos queremos posar como víctimas, abusivamente. Este cambio antropológico es inédito en la larga historia de la humanidad, y consiste en que ahora consideramos una protección asumir el papel de víctimas, que todos, incluso en casos de conflictos alejados del mundo cristiano, se apropian. A un buen lector de Girard, por tanto, esos aspavientos con el libro, como arrogándose orgullosamente el papel de santo Job, con independencia de las razones judiciales que le asistan, que aquí no discutimos, han de parecerle un punto histriónicos y excesivos. Aunque la elección del libro resulte, eso sí, inmejorable.


    Una buena política cultural

    Un hito de la política cultural de Valencia bajo Francisco Camps será esa imagen blandiendo durante el juicio el libro de René Girard La ruta antigua de los hombres perversos. Ha sido una campaña promocional bien barata; está teniendo una considerable repercusión mediática. Y muy pocos autores se merecen el reconocimiento y la incitación a la lectura tanto como el antropólogo francés. Si gracias a ese gesto, tal vez casual, de Camps se conoce más la obra de Girard, estamos de enhorabuena.

    René Girard nació en Aviñón el 25 de diciembre de 1923, y aunque su interés inicial fue la literatura, en su búsqueda de la verdad escondida tras la mentira romántica, dio con la existencia de las rivalidades miméticas y el consiguiente estallido de la violencia y con el mecanismo apaciguador del chivo expiatorio. Desde entonces, ha seguido esa línea de investigación, aplicándola a la literatura clásica, a la sociología, a la política y a la teología. Converso al catolicismo, ha arrojado una luz muy clara sobre el misterio de la Cruz de Cristo. Quizá su libro definitivo sea Veo a Satán caer como el relámpago.

    Esta curiosa apelación girardiana de Camps no es la primera vez que el francés comparece en nuestra política de más rabiosa actualidad. Los acontecimientos que siguieron al atentado del 11 de marzo de 2004 fueron lúcidamente analizados por el filósofo Alejandro Llano desde el punto de vista de la mímesis y el chivo expiatorio. Girard es un pensador indispensable.
     

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    3 Comentarios

    • Anónimo(No registrado)10:38 | 28 de enero, 2012

      Parte de un comentario en otro medio.
      Wyoming,te tengo en aprecio, más que el bigote a Camps y vice.Pero ***** ¿esto para quien lo escribe?,ya leo los comentarios (snif) pero estos y otros artículos ayudan poco al desarrollo intelectual y personal.(derecha e izquierda)
      Lo peor de Camps no son los trajes,por favor¡¡¡.En este País favores han recibido todos de múltiples y diversas maneras,y negarlo es de estar en Babia.Lo peor de Camps es su mala o pésima gestión,(a mi parecer)eso si es delictivo,como lo es en Andalucia,por cierto ya hay imputados en algunas causas,¿te harás eco de ello,no?como lo fue en E xtremadura,o Castila-La mancha,o ya no te acuerdas?? o no quieres acordarte.
      De Zaplana no puedo decir lo mismo,cuando el entro a la generalitat valenciana,si se noto el cambio,se percibía en la calle,en el trabajo y eso era importante,algunos/as de otra ideología le pondrán reparos,pero los de a pie no...
      Puede que lo hayan mejores,pero el dejó buena sensación,de Camps no puedo decir lo mismo.
      No todo está en leer,sino en la percepción de las cosas,la razón y la lógica de ellas;la capacidad de discernir...
      ----
      Pero en palabras de Girard, “Job es la Antígona de su propia causa. Le piden que reconozca que su martirio está justificado, y se niega”.
      No es así,creo? Haciendo memoria,la gente le pedía a Job que maldijera a Dios,y el se negaba....le respondía,Dios me lo ha dado y Dios me lo ha quitado..

    • UNA GATOADICTAUNA GATOADICTA17:50 | 28 de enero, 2012

      j-MELILLA.¿tu crees que los valencianos son idiotas? que unos meses antes le votaron por mayoría absoluta. (todo ese montaje a sido de la bruja de beneixida acompañada de la falsas acusaciones, del que ahora esta en los tribunales, que es el impresentable garzón.

    • PPSOEPPSOE21:27 | 28 de enero, 2012

      Llega a ser Camps del PSOE y ahora mismo lo estariais poniendo a parir. Por favor, dejar de defender a este personaje. Mientras el pueblo muere de hambre este tio se esta forrando con nuestro dinero y para colmo sale no culpable. Que sera lo siguiente? Iñaki Urdangarin?

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