El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, continúa remoloneando para no explicar si quiere o no volver a repetir en 2012 como candidato a la presidencia del Ejecutivo. Esa decisión de postergar el anuncio ha provocado que, durante semanas, se haya estado especulando sobre la posibilidad de que Zapatero abandone la política en el horizonte de 2012.
Varios sectores del PSOE han manifestado ya su malestar por el rumbo que ha tomado el Gobierno y sus discrepancias con la forma de hacer política de Zapatero, que ha logrado que tanto el partido como el Ejecutivo gire en torno a su persona. Pero los estatutos del PSOE son muy claros: “Ningún cargo orgánico ejecutivo podrá ser ocupado por la misma persona durante más de tres mandatos consecutivos”. Y eso incluye también al secretario general. Es decir, que si Zapatero finalmente es el candidato del PSOE en las próximas generales y vence tendrá que renunciar a la Secretaría General del partido.
La otra opción, más probable según fuentes socialistas, es que llegado el caso se proponga una enmienda a los Estatutos del partido que le permita seguir siendo líder del Gobierno y del partido.
Desde Ferraz afirman que eso no supondría “ningún problema”. “Tiene fácil arreglo. Si se confirmara que Zapatero repite como candidato a la presidencia, alguien propondría una enmienda y listo”. Pero ese “y listo” dejaría en mal lugar al presidente del Gobierno al dejar en evidencia esa personalidad controladora que le atribuyen sus biógrafos no autorizados.
Antecedentes
La bicefalia –que el candidato o presidente del partido sea otra persona distinta al secretario general– no tendría por qué ser problemática, según dicen en Ferraz, aunque la realidad es que esa fórmula nunca ha funcionado en ningún partido. La demostración la ofrece el propio PSOE.
Tras la salida de Felipe González, Joaquín Almunia, elegido secretario general, y Josep Borrell rivalizaron como candidatos a la presidencia del Gobierno. Ganó Borrell y Almunia puso su cargo a disposición del partido, pero finalmente llegaron a un acuerdo y se repartieron las funciones. Después, el caso Auiar-Huguet puso fin a las aspiraciones de Borrell, pero esa etapa llevó al PSOE a una caída libre que tocó fondo en 2000, con los peores resultados de su historia.
En todo caso, “está por venir si Zapatero quiere o no seguir siendo el candidato”. Pocos le han solicitado que repita como cabeza de cartel, pues muchos socialistas ya no lo ven como el mejor exponente del partido.
Tanto la vieja guardia como la generación de los desheredados, con Jordi Sevilla como máximo valedor, le plantarán cara. Si decide repetir candidatura deberá reformar los estatutos, y si lo hace, pondrá en evidencia su obsesión por controlar todos los resortes del poder socialista. Además, se llevará la contraria a sí mismo, pues repitió una y otra vez antes de llegar a Moncloa que no es bueno que las personas se perpetúen en las instituciones.
Su obsesión entonces, allá por 2000, era rejuvenecer la clase política. Lo que Zapatero busca ahora es dejar un “legado de igualdad que aúpe hasta el primer puesto del Ejecutivo a una mujer”.
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