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    Fernández, ayer en Valladolid, junto al presidente de Castilla y León, Juan Vicente Herrera.

    Los socialistas responsabilizan a Fernández de los fallos de Zapatero

    08 FEB 2010 | Miguel Gil.

    Duras críticas por la actuación de la vicepresidenta primera durante la semana negra del Ejecutivo.

  • Madrid.- La vicepresidenta primera y ministra de la Presidencia, María Teresa Fernández de la Vega, se encuentra en el ojo del huracán. “Está en todas las quinielas para ser derrotada en la próxima remodelación del Gobierno”, reconocen desde las filas socialistas a LA GACETA.

    El clamor interno instalado en el PSOE ante la deriva del Gobierno la sitúa en el disparadero. Y pocos dudan que la crisis de Gobierno tendrá lugar antes del verano. No ha perdido el mando porque Rodríguez Zapatero no se lo ha quitado, pero sí ha perdido autoridad y consideración en el Gobierno, el PSOE y el Congreso (y entre la opinión pública, como reflejan las encuestas). Llega el fuego amigo.

    En el PSOE reconocen a LA GACETA que la semana negra del Gobierno “ha tocado mucho a todos”, especialmente a Fernández, que centra el grueso de las críticas de los socialistas, que llegan a responsabilizarla directamente de los errores de Zapatero.

    Coordinación

    Como resumen, otras fuentes socialistas dicen que “no basta con decir a los ministros y secretarios de Estado que tienen que presentar iniciativas, hay que coordinarlas, elaborar un discurso serio y transmitirlo con claridad a los ciudadanos y, desde hace tiempo, la sensación que transmitimos es que todo está manga por hombro, con un equipo poco compacto que no se encuentra a la altura de las circunstancias”.

    Quienes antes ensalzaban su coraje y capacidad de trabajo, ahora destacan su pésimo carácter e incluso ponen el acento en la falta de respeto hacia los compañeros. Malestar que, según fuentes socialistas, se respira también en su propio equipo, en el que se producido más de una “baja voluntaria”. Un caso muy comentado ha sido el de Fernando Escribano, su jefe de Gabinete desde enero de 2005, de cuya marcha poco ha trascendido aún, pero se comenta que mantuvo fuertes discrepancias con “la vice” o “la jefa” (así la llaman sus colaboradores).

    Asimismo, las malas lenguas aseguran que su equipo de confianza se limita prácticamente a una sola persona en estos momentos: su directora de comunicación, Ángeles Puerta. En el PSOE no entienden cómo se ha podido gestionar tan torpemente el cambio de rumbo en la política económica del Gobierno.

    Sobre todo, no dan crédito al control estratégico del anuncio de la reforma de la edad de jubilación, un tema de extrema sensibilidad que afecta de lleno tanto a su caldera electoral como a sus principales aliados: los sindicatos. “Nadie se explica qué ha pasado con el tema de la jubilación y las pensiones, la más importante de todas las medidas de los últimos días y donde las pautas son claras”.

    Se atribuye al ministro de Fomento, José Blanco, y al ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, una “influencia decisiva” para que el presidente se decidiera a abordar de cara reformas estructurales (“fueron los que decidieron comenzar a tomar decisiones”), pero se quejan por las formas y los tiempos empleados para su anuncio, un error que identifican con Fernández.

    “Se podrá estar o no de acuerdo, pero la actuación de De la Vega no tiene pase, no cabe en ninguna cabeza la forma de su presentación con Salgado”, lamentan.

    Todos los consultados coinciden en que no deberían haber anunciado explícitamente una reforma de semejante calado, más cuando “cuentan con la excusa del Congreso con la Comisión del Pacto de Toledo”.

    Caos e improvisación “La sensación es de desmadre total”, relatan en el PSOE, donde consideran que están trasladando una impresión de “caos, improvisación y desgobierno”. Ahora bien, la simpatía en los cuadros del PSOE hacia Fernández viene de lejos... “A lo único que se ha dedicado en su vida en el Gobierno es a intentar colocar a amigos, a Ledesma y compañía; y luego no han hecho nada en lo que se supone que su especialidad, el tema jurídico”, destacan.

    “Sus viajecitos sientan muy mal, no sólo es que siempre mete la pata y pretende ser tratada como jefa de Estado, sino que se carga la agenda de Moratinos”, denuncian. Tampoco perdonan su fiasco electoral en Valencia (“su tirón fue nulo”), comunidad en la que encabezó las listas del PSOE. Sentó muy mal en su día la negociación con los obispos, por libre”, prosiguen las mismas fuentes.

    Por si fuera poco, recuerdan que “encima no está afiliada y va diciendo que la militancia no es lo importante, sino el compromiso”. A todo ello se suma “su afán acaparador”, lo que le ha valido algún que otro disgusto. “Alonso tuvo que pararle en la negociación de los PGE, que también quería llevarla”, inciden. En el PSOE alertan sobre la falta de criterio en la política económica.

    “A Salgado se le da todo hecho, aunque aún más a Corbacho, que se enteró casi al mismo tiempo que la prensa” de la intención de reforma en la edad de jubilación. “No hay política económica en el partido. Arrastramos la bronca entre Sevilla, Sebastián y Zapatero”, unida al “inmovilismo” de la etapa de Solbes. Y hoy, en sintonía con la línea de defensa del Ejecutivo, apelan a especulaciones intencionadas para perjudicar al Euro y a España.

    Enemigos

    Con todo, insisten en la responsabilidad de Fernández, entre cuyas atribuciones destacan la de presidir la Comisión General de Secretarios de Estado y Subsecretarios que prepara y ordena el Consejo de Ministros, y el importantísimo papel de portavoz del Ejecutivo.

    La sensación, dicen, es que a la vicepresidenta le queda “un corte de pelo”, pero al mismo tiempo subrayan que, si bien “tiene muchos enemigos dentro”, no es menos cierto que, al menos hasta ahora, a Zapa tero le ha venido muy bien para que le pare los golpes, en una estrategia que algún diputado compara con la de “poli malo, poli bueno”.

    Además, apuntan, la salida de la número dos justificaría por sí misma el calificativo de “profunda crisis” de Gobierno. Y otro interrogante que se plantea: ¿quién ocuparía la vacante dejada por Fernández de la Vega? Por otra parte, no hay que descartar que, así las cosas, sea ella la que se adelante y comunique a Zapatero su decisión de no continuar en el cargo.

    Los socialistas son conscientes de sus dos principales fallos de los últimos días: comunicación y coordinación. En Moncloa, por ejemplo, los responsables de la oficina económica despachan directamente con Zapatero sin mediar con la vicepresidenta segunda y ministra de Economía, Elena Salgado, quien a su vez carece de peso propio.

    Por su parte, la Secretaría de Estado de Comunicación, hoy en manos de Nieves Goicoechea, ha adquirido un perfil distinto al que tuvo con Miguel Barroso, marido de la ministra de Defensa, Carmen Chacón.

    Entonces, Barroso, íntimo de los responsables La Sexta, participaba en la estrategia del Gobierno de un modo diferente al que hoy lo hace Goicoechea, volcada en la relación directa con los medios y periodistas –con notable éxito–.

    A su vez, el enredo monclovita se complica por la falta de feeling entre Salgado y Fernández, ya que la primera también tiene línea directa con el presidente (muy aficionado a tirar de móvil), y la segunda con el subsecretario de Economía...

    Sirva el ejemplo del sainete de la semana pasada con el documento que se envió a la Comisión Europea, en el que se aludía al cambio en el cálculo de las pensiones, publicado en la web del Ministerio de Economía, rectificado después entre desmentidos increíbles.

    En Ferraz

    Por otro lado, en Moncloa hay que contar con el poder en la sombra de los hombres del presidente: el secretario general de Presidencia, Bernardino León –a quien se atribuye la invitación del Desayuno de Oración y la entrevista en la Casa Blanca– y el veterano José Enrique Serrano, fontanero entre fontaneros, director del Gabinete de Zapatero.

    En Ferraz, la secretaria de Organización, Leire Pajín, emula pero no alcanza el tirón de José Blanco. Las ruedas de prensa de los lunes se han convertido en un recital de argumentarios sin los reflejos y latigazos de Blanco –con gran predicamento entre las bases socialistas–.

    Además, ha causado algún que otro disgusto, como su desafortunada efusividad apelando al “encuentro planetario”. Al alza, Blanco y Rubalcaba. No es casualidad que el ministro de Fomento, con muy buena interlocución con los presidentes autonómicos del PP, se haya plantado ante los controladores aéreos ni que vaya dejando caer de nuevo, en muy pequeñas dosis, frases de alto voltaje político como sus recados a Barreda.

    La otra figura emergente, Rubalcaba, ha lucido operaciones antiterroristas. Sin embargo, aún le queda mucho que explicar sobre el chivatazo a ETA, asunto que van a retomar los populares inmediatamente desde el Congreso.

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