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Hace seis años aseguró que un texto estatutario que exigiese cambios en la Constitución sería un “callejón sin salida”. “Lo importante es que sea constitucional”, dijo en 2006.
Su poder y posición ha cambiado mucho desde que en 2004 el Estatut saliera del Parlamento de Cataluña. Entonces, José Montilla era ministro de Industria y ya había sido elevado al liderato del PSC como primer secretario, pero el presidente de la Generalitat era Pasqual Maragall, del alma catalanista del partido.
Montilla, el político que se calificaba a sí mismo como “moderado”, ha dado paso a un president reconvertido en el abanderado de la defensa del Estatut anterior a la sentencia del Tribunal Constitucional.
Alineado con los barones del PSOE y con el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, José Montilla aseguraba entonces que su partido no apoyaría un texto sin el beneplácito de los socialistas de toda España.
El ahora presidente catalán aseguraba en abril de 2004 que un Estatut que exigiese cambios en la Constitución sería un “callejón sin salida”. La desconfianza hacia Montilla, como exponente del aparato socialista, era tal cuando se negociaba el texto, que Artur Mas prefirió sellar el pacto con Zapatero.
Montilla fue el primero que cuando el Parlamento de Cataluña aprobó el Estatuto dijo que debería ser enmendado en el Congreso. Habló incluso de que el texto tenía inconstitucionalidades.
Fue tan inmediata su reacción que el resto de partidos que apoyaban el nuevo estatuto catalán se le tiraron encima, por pensar en “recortar” el texto sólo un día después de su aprobación. Montilla defendía el federalismo y estaba en contra del término nación, aunque al final aceptó que se incluyera en el preámbulo.
Hasta 62 enmiendas presentó el PSC en el Congreso de los Diputados al texto que había suscrito en el propio Parlamento de Cataluña. Y entre tanta enmienda, algunas que atañían al núcleo duro del Estatut, como la que se refería al traspaso de competencias a las comunidades autónomas –un aspecto que ahora está de nuevo sobre la mesa de negociación– o la limitación de la descentralización del poder judicial.
Las críticas le llovían desde sus propias filas, pero él proclamaba: “Me resbala que me llamen el cordobés traidor, yo no soy separatista”. En 2006, en una entrevista en El País, admitía incluso que él era muy crítico con el texto aprobado en Cataluña. “Lo importante era hacer un Estatuto que fuese claramente constitucional y tuviese el apoyo de los socialistas del resto de España. Hoy me siento más cómodo con el Estatut aprobado en las Cortes”, decía, pero añadía: “Si se hubiesen aceptado las enmiendas del PSC, el texto hubiese tenido menos problemas”.
Ahora llama a los catalanes a movilizarse por la sentencia del TC y ha vuelto a surgir la doble alma del PSC. Montilla propone ir detrás de una senyera, porque no quiere salir tras la pancarta de los organizadores, Omnium Cultural, con el lema “som una nación. Nosaltres decidim” (somos una nación, nosotros decidimos).
Una doble alma que se reproduce en el reparto de papeles entre Montilla y la ministra Carmen Chacón. La titular de Defensa adopta ahora el papel que Montilla tenía en 2004 y 2005. Se alinea con el PSOE y destaca que el 95% del Estatut ha sido aprobado, a la vez que rehuye cualquier manifestación en contra del Tribunal Constitucional.
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