Madrid.-
Euforia contenida en la dirección del PP. Sus encuestas internas ya les dan una ventaja de seis puntos sobre el PSOE, ven al Gobierno “agotado” y ante la urgencia de emprender medidas antinaturales tanto para su programa como para buena parte de su electorado. Los populares siguen apostando fundamental y deliberadamente a una sola carta, la economía, y en sus previsiones “por desgracia la situación no va a remontar”. Más. En el PP dan por amortizadas las derivadas políticas del caso Gürtel (“eso no cala, ya se ha visto en Valencia”, reiteran varios dirigentes) y no temen como antes a los nuevos datos que pueda contener el sumario. “Algún viaje o regalo y nada más, nada de financiación ilegal”, subrayan en Génova.
Mariano Rajoy se ve crecido y actos como el de hoy en Valencia no son, ni mucho menos, casuales. Hace ya tiempo que retomó su interlocución fluida con Francisco Camps, pero su visita a la convención en la ciudad del Turia explicita su apoyo después de diversos rumores internos, en las más altas esferas y sostenidos en el tiempo, que lo daban por amortizado.
Sin embargo, Camps se ha rehecho y las encuestas siguen sonriéndole tanto a él como a Rita Barberá. “Las relaciones con Camps hace tiempo que están muy bien”, subrayan desde la dirección. Eso sí, en el imaginario colectivo del PP, y en su agenda, Andalucía ha desbancado a Valencia como escenario de sus grandes macroactos, también por razones electorales. Javier Arenas lo ha aprovechado.
Tampoco preocupan en la séptima planta de Génova 13 los roces, algunos sonados, entre sus dirigentes. “Son cosas que pasan en toda organización humana, no todo el mundo tiene que ser íntimo, pero además no afecta al día a día. El fulanismo es irrelevante”, destacan. El hecho es que el doble cargo de María Dolores de Cospedal, secretaria general y presidenta de los populares castellanomanchegos le ha valido más de un disgusto. “Conforme se acerquen las autonómicas se le irá haciendo más difícil”, subraya un veterano diputado. Por muy diferentes razones, Cospedal, a quien el entorno de Rajoy alaba su trabajo, ha despertado recelos varios. El almacén nuclear y el trasvase han sido los episodios más evidentes, aunque no los únicos. No es ningún secreto que la secretaria general no es íntima ni de Arenas, ni de Ana Mato, ni de Soraya Sáenz de Santamaría, como tampoco lo es el hecho de que ella fuera la mano de hierro durante los momentos más desagradables del Gürtel. En la sexta planta de la sede del PP saben bastante del tema y en la séptima se le agradece.Pendientes de Cobo
La Comunidad de Madrid, con Esperanza Aguirre al frente, lidera la oposición inmediata al Gobierno: rebelión contra el IVA, autoridad del profesor, Ley Antitabaco, defensa de los toros... Una alternativa explícita frente a la pausada decantación en la que confía Rajoy. Las relaciones entre ambos “son buenas”. Queda pendiente la resolución que se adopte sobre Manuel Cobo y su entrevista de “vómito”, “cloacas” y “gestapillo” en El País.
El Grupo Parlamentario en el Congreso que capitanea Sáenz de Santamaría quizá sea una de las mayores satisfacciones de Rajoy. “Funciona perfectamente”, destacan en el entorno del presidente. Su labor de oposición ha ahondado en los flancos débiles del Ejecutivo, más tras la semana negra, y las sesiones de control son uno de los mejores ejemplos: bien por “el nerviosismo de De la Vega ante Soraya o por evidenciar su irrelevancia” en el Gobierno, destacan sus compañeros, quienes también inciden en la fiscalización del chivatazo a ETA (“ni lo hemos soltado ni lo vamos a soltar”, recalcan) o sus constantes propuestas en política exterior, puntales de la oposición. Ya han sacado adelante varias iniciativas con otros grupos, y el “todos contra el PP”, afirman, se ha terminado.
Dan por hecha una inminente crisis de Gobierno (“en un año los ha quemado a todos”), aunque en realidad no la ven como tal. “Si, como se dice, todo consiste en que sale la vice y sube Pepiño no estaremos ante una crisis de Gobierno, sino ante una reordenación más. Una crisis sería que vinieran pesos pesados”. Entretanto, el ya malogrado gran pacto anticrisis de Zurbano. “No van a conseguir corresponsabilizarnos, ellos son los que tienen que tomar las medidas”, reiteran.
Las elecciones catalanas suponen su primer gran test. Un reconocidísimo miembro del Comité de Dirección no descarta que Zapatero planteé un adelanto electoral de las generales en el que coincidan ambos comicios. “Estamos analizando el CEO –barómetro del Centro de Estudios de Opinión–”, que apunta a una victoria de CiU y da un 4,6% de votos al PP. “Allí subimos más en las generales que ahora, aspiramos a ser decisivos”, enfatizan en el PP, donde se congratulan de que se haya terminado con el cordón sanitario “y en la agenda está la crisis y no los debates identitarios”. También destacan que, por primera vez, el PSC “puede perder Barcelona”. Calculan una subida de dos puntos y cuentan con “una encuesta muy amplia de enero que se encargó con la idea de que las elecciones se adelantarían a mayo”. Se trata del gran macrosondeo que se realiza antes de los comicios, aunque en el PP algunos destacan que “está viciado” porque no refleja la subida de CiU (entonces, enfrascado en la polémica de los refrendos).
Con una oposición de perfil –y perfil bajo– auguran que mantienen Madrid y Valencia amplían mayoría en La Rioja (“podemos hacernos con Logroño”) y acarician los Gobiernos de “Andalucía –Sevilla con mayoría absoluta–; Castilla–La Mancha y Extremadura. Con Alberto Núñez Feijóo y Antonio Basagoiti como ejemplos posValencia, Rajoy apuesta por el desgaste y la caída del Gobierno por su propio peso. Del Estatuto de Cataluña ni hablar (“ni vencedores ni vencidos”).
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