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El vicepresidente y el consejero vasco convencieron al jefe del Ejecutivo. Enfriaron las intenciones del presidente, que quería dejar a los proetarras ir a las urnas en mayo. Se impusieron en el almuerzo de La Moncloa con Patxi López.
Ignacio González Galán y Miguel Gil. Madrid
Una vez más es José Luis Rodríguez Zapatero quien fuerza el optimismo dentro del Gobierno. El jefe del Ejecutivo, que el pasado 20 de octubre abrió la puerta a todo tipo de especulaciones con la ya famosa frase de “los pasos de la izquierda abertzale no caerán en balde”, ha sido el más decidido dentro del Gobierno a abrir las puertas a Batasuna para volver a las urnas en las próximas elecciones municipales y forales de mayo de 2011 en el País Vasco.
Al día siguiente de la declaración del presidente, Alfredo Pérez Rubalcaba accedía a la vicepresidencia del Gobierno, matizaba las palabras de su jefe, trataba de imponer cierto orden entre los ministros para que hablasen menos sobre ETA y Batasuna y, lo más importante, intentaba dar un giro a lo que hasta ese momento era la verdadera intención del máximo responsable del Ejecutivo: abrir las vías para que los proetarras entrasen en los próximos comicios de mayo e intentar así atar una declaración de ETA con un abandono definitivo de las armas, antes de las elecciones generales de 2012. Zapatero, decidido a repetir el esquema de la tregua de 2006 que permitió la entrada en los ayuntamientos a ANV, ha topado esta vez con la férrea oposición de Rubalcaba y de su hombre fuerte en el País Vasco, Rodolfo Ares, el consejo de Interior del Gobierno de Vitoria.
En este sentido, y según cuentan a LA GACETA fuentes socialistas, fue trascendental el almuerzo que el pasado día 23 mantuvieron en La Moncloa, al término de la reunión del Comité Federal del PSOE, el propio Zapatero, Rubalcaba, Ares y el lehendakari, Patxi López. Oficialmente se informó del encuentro al día siguiente y se dijo que los asistentes habían acordado “mantener la política antiterrorista”.
Sin embargo, hubo más. Según han apuntado fuentes conocedoras de ese almuerzo, el vicepresidente del Gobierno y el consejero vasco tuvieron que convencer al jefe del Ejecutivo para que frenase la entrada de Batasuna en las próximas elecciones, pase lo que pase con ETA y diga lo que diga la banda terrorista en los próximos comunicados que el Ejecutivo está esperando. Rubalcaba y Ares incluso llegaron a esgrimir informaciones en calidad de responsables de Interior en Madrid y Vitoria, que apuntaban a que la banda terrorista, aunque en tregua desde el comunicado de mediados de septiembre, aún está en un debate interno sobre si éste es o no el proceso definitivo. Rubalcaba y Ares, por tanto, apuntaron la recomendación de dejar al brazo político de ETA fuera de las urnas. Todo lo más, según apuntan fuentes socialistas, estarían dispuestos a abrir algunos huecos en listas ya existentes como las de Aralar o Eusko Alkartasuna para gentes del entorno radical, totalmente limpios.
Compartiendo tesis con el vicepresidente y el consejero vasco también estaría el presidente del PNV, Iñigo Urkullu. Él mismo ha llegado a admitir en público que en sus conversaciones con Zapatero en La Moncloa, para cerrar los presupuestos de 2011, le recomendó andarse “con prudencia y sin prisas”. Aunque al PNV le mueve más la motivación electoral –no le interesa una Batasuna en las municipales– Rubalcaba ha encontrado en ellos a un aliado. Tal vez por ello, la semana pasada cenaron a solas en Madrid. Sin Zapatero.
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