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Todos los signos externos indican que el tándem Zapatero-Rubalcaba realizará la operación antes de mayo. Acabar con una banda terrorista y sus cómplices es la obligación de todo gobierno. Ahora queda por ver dónde piensa colocar el jefe del Ejecutivo la raya divisoria. Quizás el presidente cree que el final de ETA puede hacer olvidar a los españoles, pero los más de cuatro millones de parados o la reforma laboral pesan demasiado en los ánimos. Cuando el Gobierno se siente con la soga al cuello aparece una derivada del Gürtel o el Brugal. Jáuregui asegura que el Ejecutivo no se conformará con una simple declaración formal. Será necesario hacer un seguimiento para ver si es todo un paripé. Ya veremos. l Todos brindaremos con champán cuando la izquierda ‘abertzale’ rompa con ETA
¿Se va a atrever el Gobierno a dar el último paso para que la izquierda abertzale pueda presentarse a las próximas elecciones municipales de 2011 en el País Vasco? Es la pregunta que circula por todos los mentideros y cenáculos políticos. La interrogación va acompañada de otra cuestión: ¿va a llegar a tiempo el tándem Zapatero-Rubalcaba para consumar esa operación antes del próximo mayo?
Todos los signos externos, al margen de los desmentidos, indican que sí, porque la estrategia ya está en marcha. Lo sabe el PNV, lo sabe Patxi López, lo sabe el círculo más próximo al presidente y lo intuye la izquierda abertzale. Ése es el panorama, por mucho que se obceque La Moncloa en negarlo. Acabar con una banda terrorista y sus cómplices es la obligación de todo gobierno, pero a qué precio. Ésa es la pregunta del millón: ¿dónde va a colocar Zapatero la raya? Queda por ver si, nuevamente, acude a los atajos y los recovecos de la legislatura pasada o decide consensuar su política antiterrorista con el Parlamento y la oposición y, por supuesto, respetando a las víctimas del terrorismo.
Me temo lo peor –una nueva jugada de trilero– porque Zapatero está necesitado de oxígeno político para llegar a 2012 y puede tener la tentación, una vez más, de ponerse el mundo por montera. La necesidad asfixia a ZP. Pero, en medio de la crisis económica que azota el país, ¿sigue creyendo el presidente que un hipotético abandono de las armas por parte de ETA puede granjearle un rédito electoral de cara a las legislativas de 2012? ¿Cree, sinceramente, Zapatero que el final de ETA puede hacer olvidar a los españoles los más de cuatro millones de parados, la congelación de las pensiones, las reformas laborales, el retraso de la edad de jubilación, el déficit, la deuda externa, la subida de impuestos el empobrecimiento de las familias, la quiebra de los autónomos y los pequeños empresarios, la pérdida de viviendas por el impago de los créditos hipotecarios, la escalada de la morosidad, la nefasta política exterior con Marruecos, Venezuela y Cuba, los recortes salariales... Si sigo, me quedo sin espacio para el resto del artículo.
Ramón Jáuregui, el flamante ministro de Presidencia, posiblemente el mejor fichaje de Zapatero en el nuevo Gobierno, tras mantenerlo alejado dos años en Bruselas, coincidía con mi valoración en el programa televisivo de Ana Rosa: el fin de ETA va a proporcionar pocos réditos electorales. El Gobierno centrista de Calvo Sotelo logró que ETA-PM –los polimilis– depusieran las armas en 1981, y un año después se pegó un batacazo electoral.
En todo caso, el final de ETA sí puede rentabilizarse para orillar o solapar otros asuntos más irritantes que afectan al Ejecutivo. En eso, el dúo Zapatero-Rubalcaba ha demostrado su maestría. Cada vez que el Gobierno se siente con la soga al cuello, aparece en el periódico de siempre una derivada del Gürtel o el Brugal o las Fuerzas de Seguridad desarticulan un comando terrorista.
Todos brindaremos con champán cuando la izquierda abertzale rompa de verdad con el entramado de ETA o la banda terrorista decida abandonar las armas, pero sin nubarrones que nos impidan ver la realidad. Estamos hartos de trampas saduceas y engañifas. Cuando la cúpula etarra en Francia se entregue a la Policía francesa, desvele dónde tiene el arsenal con las armas y los explosivos, facilite los números de cuenta donde guarda las ganancias de la extorsión o entregue las sacas con la pasta esquilmada a los empresarios vascos y facilite la lista de sus activistas, podremos hablar de final de ETA.
Ésa es la prueba del algodón: si el Gobierno se va a conformar con una declaración formal y protocolaria de los terroristas o va a fiscalizar sus pasos. Y con respecto al movimiento abertzale, tres cuartos de lo mismos. ¿Con qué gestos de Batasuna se va a contentar el Gobierno para autorizar su reinserción en la vida política? ¿Se va Zapatero a conformar con un comunicado de prensa de la extinta Mesa Nacional de HB anunciando el rechazo a la violencia o va a exigir más?
Hay que imponer a Batasuna los pasos que debe dar para poder presentarse a unas elecciones. Porque, ¿tan importante es que Batasuna pueda presentarse a las elecciones de mayo de 2011? O puede esperar a las siguientes cuando todo quede atado y bien atado. ¿Por qué tantas prisas? La izquierda abertzale, después de provocar el exilio de 200.000 vascos con las amenazas y la violencia, jamás se ha preocupado de que ese colectivo que vive fuera de Euskadi pueda votar en su lugar de nacimiento.
Siempre me he pronunciado a favor de la recuperación de la izquierda abertzale como una operación estratégica del Estado de derecho a fin de que ETA pierda el apoyo social y político de ese sector de la sociedad vasca. Pero sin cheques en blanco. Antes hay que hablar de muchas cosas. Ramón Jáuregui piensa lo mismo. El ministro de Presidencia afirma que el Gobierno no va a conformarse con una simple declaración formal. Piensa hacer un seguimiento para ver si van en serio o todo es un paripé. Ya veremos.
Los fiscales antiterroristas de la Audiencia Nacional, con su coordinador Vicente González Mota al frente, también mantienen que para que la izquierda abertzale pueda votar en las próximas elecciones municipales no sólo basta hacer una renuncia pública del uso de las armas. Las exigencias deben ser extremas.
Ley de Partidos
Y en esa línea de actuación, el Gobierno y la oposición lo tienen fácil. Sólo basta con que se aplique la ley correctamente. Porque desde el 27 de junio de 2002 en España tenemos de una Ley de Partido Políticos que fue votada en el Congreso por más del 90% de los diputados. La ley que ilegalizó a Batasuna señala en su título introductorio que lo que se pretende es “identificar y diferenciar con toda nitidez aquellas organizaciones que defienden y promueven sus ideas y programas, cualesquiera que éstas sean, incuso aquéllas que pretenden revisar el propio marco institucional, con un respeto escrupuloso de los métodos y principios democráticos, de aquellas otras que sustentan su acción política en la connivencia con la violencia, la exclusión y la violación de los derechos y de las libertades”.
El artículo 9 de la ley, que trata de las actividades de las formaciones políticas, deja muy claro en el punto tercero cuáles son las conductas intolerables de las fuerzas políticas. No basta sólo con dar apoyo político, expreso o tácito, al terrorismo, sino que se castigan también:
-Las manifestaciones que exculpen o minimicen la violación de los derechos fundamentales.
-Las actuaciones que fomenten una cultura de enfrentamiento civil ligada a la actividad terrorista que busca intimidar o asilar socialmente a quienes se oponen a la violencia, haciéndoles vivir en un ambiente de coacción, miedo o exclusión a la hora de opinar sobre asuntos públicos.
Basta ver cómo se la juegan algunos militantes de Batasuna o el odio que se destila en las herriko tabernas para verificar este extremo de la ley. Esa política de exclusión de la izquierda abertzale ha llevado a miles de vascos a residir fuera de Euskadi.
-La inclusión en las listas u órganos directivos de personas que han sido condenadas o imputadas de manera sistemática en procesos judiciales por colaboración con banda armada o enaltecimiento de la violencia. También mantener un amplio número de afiliados con doble militancia: en la organización política y en ETA. La ley dice que antes hay que expulsarlos del grupo.
-La utilización de símbolos que los identifique o relacione con bandas terroristas o con las conductas asociadas a los violentos.
-La colaboración con entidades o grupos que habitualmente mantienen relación con bandas armadas.
-La promoción, cobertura o participación en actividades que tengan como objetivo recompensar u homenajear a los terroristas.
-El apoyo a las acciones de desorden, en lo que podríamos llamar kale borroka o manifestaciones de apoyo a presos de ETA.
Esos son los límites con los que cuenta el Gobierno para autorizar a Batasuna para que se presente a las próximas elecciones. Veremos qué cara pone Zapatero en sus próximas comparecencias públicas. Digo eso porque el otro día La Voz Libre publicaba un estudio de la Universidad Europea Miguel Hernández de Valladolid sobre los gestos del presidente del Gobierno. Destacaba que el rostro de Zapatero se volvía más hostil, feroz y colérico cuando se refería a la crisis. No decía nada de cómo se le ponía cuando hablaba del final de ETA. Aunque las videotecas guardan su rostro de la conferencia de prensa unas horas antes del atentado de la T-4 de Barajas, el 30 de diciembre de 2006.
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