Joan Josep Nuet, Senador de Izquierda Unida defiende el Sí. Fernando Díaz Villanueva, periodista, el no.
"Hace falta un bastión en defensa de los trabajadores"
Joan Josep Nuet, senador de Izquierda Unida
1 Sí, y la huelga del 29-S ha sido un éxito. Más de 10 millones de trabajadores y trabajadoras han hablado el 29-S. El sindicalismo de clase se consolida en su papel de bastión de defensa de los trabajadores. Han conseguido una amplia participación democrática en la huelga, equiparable a una jornada electoral, aquí no se vota con la papeleta, aquí se ejerce un derecho democrático, el de protestar de forma pacífica y masiva, para defenderse de los ataques de un Gobierno y de una patronal que quieren premiar a los que han provocado la crisis.
2 Otra política económica es posible. Los sindicatos de UGT y CC OO lo han hecho evidente con su movilización. Existe alternativa. A pesar de que algunos grandes medios de comunicación repiten una y otra vez que hay que tranquilizar a los mercados, la realidad es que muy pocos deciden de forma no democrática nuestro futuro y eso mucha gente ya no está dispuesta a consentirlo.
3 Garantizan la justicia social. Han favorecido el empoderamiento para garantizar los derechos humanos y la justicia social, no sólo de trabajadores y trabajadoras, también de autónomos, gente de la cultura, profesionales y pequeños y medianos empresarios devorados por los peces gordos.
4 Las centrales tienen un papel constitucional. Concretamente debemos hacer alusión a la Carta Magna cuando dice que somos un Estado social de derecho y donde la aplicación que se hace de ello garantiza la propiedad pero no el trabajo ni la vivienda. Han señalado, sobre todo, un camino de progreso entre tanta derecha rancia y tanta renuncia de autoderrotados.
"El único interés de las centrales es obtener fondos públicos"
Fernando Díaz Villanueva, periodista
1 No, porque la sociedad ya no se divide en clases El sindicalismo de clase parte de un error teórico. Se alinea con la doctrina marxista, desacreditada en el mundo real. Concibe la sociedad como un ente dividido en clases sociales estancas y necesariamente enfrentadas. La realidad nos dice exactamente lo contrario.
2 UGT y CC OO son parte del Estado. Así es en la práctica. Constituyen una simple evolución del Sindicato Vertical franquista, que se interpone a la fuerza entre los trabajadores y los empresarios. Viven de cuantiosas transferencias con cargo al contribuyente. Consecuencia: como cualquier otro organismo estatal, el único interés de ambas centrales es obtener más y más fondos públicos para crecer y perpetuarse.
3 Consideran al trabajador menor de edad. Tanto UGT como CC OO tienen una representación mínima, del orden del 10%, pero negocian en nombre de todos los trabajadores. Mediante los convenios colectivos imponen sus fines y merman la soberanía del trabajador a la hora de pactar sus condiciones laborales. En el proceso sobrecargan a las empresas de liberados y enlaces sindicales que buscan lo mismo que la casa matriz: mantener su empleo y sus privilegios a costa de cualquier cosa. Consideran al trabajador un eterno menor de edad incapaz de representarse a sí mismo.
4 Se lucran con el desempleo. Se han demostrado absolutamente inútiles en lo que se refiere a defensa del empleo. La tasa de paro en España ha sido siempre una de las más altas de Europa, incluso en los años de bonanza. Es más, para los sindicatos el desempleo es una jugosa fuente de ingresos a través de cursos de formación financiados por el erario público.
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