Miguel Gil. Corresponsal político
El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, pidió a su homólogo en la Generalitat de Cataluña, José Montilla, la inmediata convocatoria de elecciones en aquella comunidad durante este verano. Si en un principio la clave pública de los contactos entre Moncloa y el presidente de la Generalitat residían en las consecuencias de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el nuevo Estatut, concretadas en el compromiso del Ejecutivo de sortear el fallo mediante nuevas iniciativas legislativas como la del Poder Judicial, la oculta se centró en la petición de Zapatero a Montilla de la inmediata convocatoria de elecciones para descargar la más que probable derrota del PSC cuanto antes.
Montilla se ha negado hasta el momento, y sigue sin anunciar la fecha definitiva de unos comicios que complican aún más el otoño a Zapatero, que desearía dejar pasar el cáliz catalán antes de la negociación presupuestaria. Hoy se especula con una cita electoral a mediados de diciembre o finales de noviembre.
De hecho, tal y como trasladan fuentes próximas al PSOE, la última encuesta interna de los socialistas sobre Cataluña –sin cocina– arroja el peor resultado de la serie histórica de los sondeos de esta formación. La derrota es segura, y el anuncio de la esperada salida del Gobierno del ministro de Trabajo e Inmigración del Gobierno, Celestino Corbacho, está directamente relacionada con ella.
Corbacho sale del Ejecutivo con destino a Cataluña para, por un lado, atemperar una más que posible sangría de votos de socialistas catalanes descontentos con la deriva nacionalista de su formación y el tripartito y, por otro, gestionar el día después de la misma. Esto es, representa al futuro recambio de Montilla o el gestor de su derrota en las próximas elecciones, otorgando más visibilidad y capacidad de maniobra al cinturón industrial catalán, ajeno al actual filonacionalismo imperante en el PSC.
Con la salida del ministro se abre de nuevo la puerta a una remodelación del Gobierno anunciada y reclamada en el PSOE, esperada para el pasado junio y que, debido a las filtraciones, Zapatero frenó en seco.
Todas las fuentes consultadas por este diario descartan una gran crisis de Gobierno pese al abandono de Corbacho, y apuntan a un “relevo” o minicrisis limitada a cubrir la vacante del aún hoy ministro de Trabajo, para la que suena como firme candidato el actual secretario de Estado de Seguridad Social y secretario federal de Economía y Empleo del PSOE, Octavio Granado, ex histórico senador socialista por Castilla y León.
Si acaso, primarias madrileñas mediante, se conjugaría con otro relevo, el de la actual ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, cargo al que ya le salen candidatos como al actual consejera de Sanidad catalana, Marina Geli (Zapatero, amigo de las cuotas, no puede olvidar la catalana: dos ministros de aquella comunidad en su Gabinete desde 2007. Si acaso, la salida de Corbacho podría suplirse con una futura vicepresidencia de Chacón).
Con todo, no faltan socialistas que especulan con la posibilidad de que Zapatero, con la necesidad de reducir ministerios que le demanda el Congreso, deje vacante la cartera de Trabajo integrándola en otra como la de Sanidad. Eso sí, prácticamente todos los consultados se curan en salud con la coletilla de “...esto es lo que parece que va a pasar, pero nunca se sabe con Zapatero”.
El presidente del Gobierno desvía parcialmente la atención sobre la verdadera crisis que, además de la económica e institucional, no es otra que la que atraviesa el propio Ejecutivo socialista. La supervivencia de Zapatero y su Gobierno dependen de unos Presupuestos Generales del Estado (PGE) en los que son imprescindibles los seis escaños del PNV, formación a la que se le brinda una oportunidad única para devolver a Patxi López el favor de su histórica salida de Ajuria Enea. De momento, la extensión del cambio en el País Vasco, gracias a populares y socialistas, queda en entredicho por la demanda de los jeltzales del “respeto a la lista más votada”, que impediría desbancar a esta formación de sus últimas cuotas de poder en las diputaciones e importantes ayuntamientos como el de Bilbao.
Corbacho no abandonará el Gabinete hasta después de la huelga general del próximo 29 de septiembre y, según auguran, tampoco hasta conocer el resultado de las primarias madrileñas y se culmine la elección de candidatos desde los comités regionales del PSOE. Sería “inútil quemar con la huelga al que llegue”, destacan desde el PSOE.
Fuentes de Moncloa consultadas por LA GACETA apuntan a la posibilidad de “que Trinidad Jiménez pueda seguir en el Gobierno hasta las autonómicas”, fecha con la que se especula, junto con diciembre tras la aprobación de los PGE –si se produce–, para la gran remodelación del Ejecutivo. “Lo lógico es que espere a culminar todas las reformas, incluida la de las pensiones, para que, en el momento que nos dé más empuje, tras los presupuestos o las elecciones municipales, se haga una gran lavado de cara del Gobierno”, apuntan fuentes socialistas.
Entonces, entrarían las quinielas tradicionales que sitúan a las vicepresidentas María Teresa Fernández de la Vega y Elena Salgado a la baja junto a ministras como Beatriz Corredor o Cristina Garmendia; y al alza, a ministros como José Blanco o Alfredo Pérez Rubalcaba entre rumores de golpes de efecto de fichajes como el de Javier Solana o Guillermo de la Dehesa.
Desde el Ejecutivo también se descarta una gran crisis de Gobierno junto a la salida de Corbacho (así que todo es posible). La tesis más extendida, la del relevo, se apoya en precedentes como la sustitución de Montilla por Joan Clos en 2006, la de Juan Fernando López Aguilar por Mariano Fernández Bermejo en 2007, y la de éste último por Francisco Caamaño en 2009.
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