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    “En una ganadería como la nuestra, donde no hay cruces, mantener la pureza cuesta mucho”. / Jesús Maqueda

    Un día en la finca de los Victorino

    13 MAR 2010 | Laura Tenorio

    “Los toros son apolíticos. No entienden ni de izquierda ni de derecha ni de centro”.

  • Cáceres.- Los Victorino abren las puertas de su finca Las Tiesas (Cáceres) a LA GACETA. Padre e hijo hablan sin ambages sobre el devenir de la Fiesta. “Hoy se echa de menos el sentido de la lidia, el saber darle a cada toro lo que pide”, explica Victorino Martín García. Su padre habla de los toreros sin pelos en la lengua: “Los de antes se peleaban y hoy llegan a la plaza y se dan dos besos y se preguntan por la mujer”. Sobre la política, también opinan: “Los toros son apolíticos”, sentencia Martín García. Hoy padre e hijo ponen el broche a la Feria de la Magdalena de Castellón.

    Ya lo saben, al padre le tocó vivir su infancia entre años de guerra y escasez; huérfano desde niño, tuvo que agudizar el ingenio para sacar adelante a la familia. “Ser honrado, ser decente y ser serio” fue el consejo que le dio su padre cuando unos milicianos pidieron al hombre que les acompañara. Era julio de 1936 y Victorino Martín no volvió a verle. Su hijo, Victorino Martín García, veterinario y también ganadero, afirma de él que es “de los que hablan poco” y que su mayor acierto como ganadero fue “adelantarse a su tiempo y apostar por un modelo de Fiesta en el que nadie creía”. Hoy ponen broche a la Feria de la Magdalena de Castellón. Unos días antes, recibieron a LA GACETA en su finca de Las Tiesas, en la provincia de Cáceres, donde los Victorino, padre e hijo, hacen de la cría del toro una doctrina permanente.

    -¿Cómo es ese modelo?

    -Victorino Martín García: El de una Fiesta íntegra, pura y auténtica. La verdad de la Fiesta con toda su crudeza.

    -¿Alguna equivocación en su carrera?

    -Victorino Martín: No me ha pesado nada de lo hecho, porque siempre he defendido al toro.

    -Vayamos al grano, este año han decido no lidiar en Las Ventas: “Falta de garantías acorde a las exigencias de la afición de Madrid”, alegaron.

    -V. M. G.: Sí, analizamos la camada y vimos que no teníamos toros que fueran a estar rematados en mayo.

    -V. M.: En 2006 los problemas sanitarios nos obligaron a llevar al matadero un número importante de animales. Aquella camada, que es la que se lidia esta temporada, quedó muy mermada. Hemos pasado de 20 corridas de saca a las 12 o 13 que lidiaremos este año.

    -¿Qué gana y qué pierde Victorino con esa decisión?

    -V. M. G.: Victorino lo que ha hecho es seguir siendo fiel a sus ideas, por eso lo que va a ganar es credibilidad.

    -Don Victorino, ¿se le hará un nudo en la garganta cuando llegue mayo?

    -V. M.: No, no, la decisión entiendo que está bien tomada. Además, iré a mi abono como un espectador más.

    -El que 2009, con matices, no fuera el mejor año de Victorino, por los fracasos de Sevilla y Madrid, ¿les ha condicionado?

    -V. M. G.: Posiblemente.

    -¿No estaban acostumbrados a quedar tan mal, ‘ganaderamente’ hablando?

    -V. M.: Pues no, por desgracia, no. ¡O por suerte!

    -V. M. G.: Sí, mi padre lleva razón. El listón lo tenemos muy alto y ahora hay que afrontarlo.

    -En el caso de Sevilla, el que en el cartel estuvieran dos figuras como El Cid y Morante, ¿hizo quizá que el ‘petardo’ sonara más?

    -V. M. G.: Pues sí, sobre todo por la expectación. Porque en aquella corrida nadie esperaba que pudieran fallar los toros, y así fue, fallaron justo los toros.

    -Sin embargo, a Bilbao sí que irán.

    -V. M. G.: Bilbao es tres meses después a San Isidro y, en ese tiempo, los toros se rematan en el campo.

    -Hoy lidian en Castellón, donde en 2009 le dieron la vuelta al ruedo en el arrastre a dos de sus toros y aplaudieron a otros tres.

    -V. M. G.: Fue una gran tarde, con toros encastados y humillados. Ferrera y Bolívar salieron a hombros, junto al mayoral. A ver qué pasa este año, que en esto nunca se sabe. Y, si no, dime qué tuvo que ver la corrida de Sevilla de 2008, que fue extraordinaria, con la del año pasado. Para que después digamos que sabemos de esto.

    -¿Cuánto tiempo se necesita para que dé su fruto la ‘selección’?

    -V. M.: Uf, una vida, por lo menos una generación.

    -V. M. G.: Depende en cada caso. En una ganadería como la nuestra, donde no hay cruces, mantener la pureza cuesta mucho.

    -Abrir el abanico de procedencias, recuperando encastes, ¿haría que viejos aficionados volvieran a las plazas?

    -V. M.: Sí, por supuesto. Además, el buen aficionado, aparte de que le guste un determinado torero, suele ir a la plaza por los toros.

    -V. M. G.: El problema es que los toreros se han acostumbrado a matar un mismo tipo de toro, son especialistas en un solo encaste, lo que ha hecho que la técnica se haya empobrecido. ¿Y qué ocurre?, que cuando le sacas de ese toro, no son capaces. Por eso tendríamos que explicar a la gente que el torero más importante es el más largo, aquel que es capaz de poderle a más toros diferentes.

    -¿Por qué los ganaderos son tal vez demasiado súbditos de los toreros, de sus gustos y preferencias?

    -V. M.: Ahí está el tema. Muchos ganaderos se han convertido en meros servidores de los diestros. No saben que la Fiesta es entre el torero y el toro, y punto.

    -Don Victorino, usted es de los que se ríe cuando escucha que hoy se torea mejor que nunca. ¿Por qué?

    -V. M.: Porque hoy no se cruzan, todos torean al hilo del pitón.

    -¿Cuándo dice “todos” significa ¡todos!?

    -V. M.: ¡Sálvese quién pueda!

    -V. M. G.: Hoy el toreo es más bonito que antaño, incluso se están alcanzando cotas impensables. Pero también es cierto que se echa de menos el sentido de la lidia, el saber darle a cada toro lo que pide.

    -V. M.: Ese Domingo Ortega, o ese Marcial, o ese Armillita… ¿Qué pasa, qué no sabían torear? ¡Je!

    -V. M. G.: No sé si hoy se torea mejor o peor, pero lo que sí digo es que hoy los toreros son más cortos.

    -V. M.: ¡Pero cómo no van a serlo si no se cruza ni uno!

    -V. M. G.: La verdad es que si te fijas en las faenas de muchos toreros son casi clavadas. No encuentras esas diferencias que había entre los que antes ha nombrado mi padre.

    -V. M.: Porque ahora torean siempre el mismo tipo de toro, el mismo encaste.

    -V. M. G.: Esa es la cuestión: ante un mismo problema, una misma solución.

    -Vayamos a otra cuestión, a la Fiesta como Patrimonio.

    -V. M. G.: La Fiesta es un gran patrimonio, una gran riqueza. Es responsabilidad nuestra el cuidarla y el pasar el testigo a las generaciones venideras en las mejores condiciones.

    -¿Cómo ve el momento actual?

    -V. M.: Creo que como algo no cambie iremos hacia atrás.

    -¿Y qué pide usted?

    -V. M.: Hombre, lo primero que pido es que aparezca el toro, el toro con casta. Encima hoy se va a las plazas a ver un espectáculo que la mitad no saben a qué van.

    -V. M. G.: Ahí difiero de lo que dice mi padre. Creo que la corrida ofrece una serie de valores en los que habría que apoyarse. La corrida no es sólo un rito en donde puede pasar cualquier cosa. La sociedad, al menos es lo que pienso, está falta de valores. Ahora, en el toro, está habiendo movimiento, se está uniendo el sector, ahí está la Mesa del Toro. En la unión de todos está el futuro, era la apuesta que faltaba. Hasta ahora nos han ninguneado sin desde luego merecérnoslo. La prueba está que a las grandes figuras, quitando una o dos, difícilmente se las conoce, a diferencia de futbolistas, tenistas o jugadores de la NBA.

    -V. M.: Mira, los toreros de antes se peleaban y hoy van a la plaza y se dan dos besos y se preguntan por la mujer. Eso lo he oído yo. Y antes se decían: “¡Prepárate que te voy a mondar!”, que también lo he oído.

    -V. M. G.: Bueno, bueno, que los toreros hoy hacen mucho esfuerzo, son muy profesionales y entre ellos tienen sus competencias. Además, están matando el toro más grande de la historia.

    -V. M.: ¿Pero a que no hablas del toro más bravo?

    -V. M. G.: Bueno, vale, pero el que hoy se está matando jamás se ha visto en una plaza.

    -V. M.: ¿Qué me dices de cuando El Miguelín retó a El Cordobés tirándose en su toro vestido de paisano?, ¿eh? Ahora es todo mentira. Algunos toreros no sé cómo se las arreglan para que no les televisen ni una. Bien saben que no les conviene, que como les vean se darán cuenta de que es mentira, el noventa por ciento es todo mentira. Además, cómo van todos los toros ahora, ¡por Dios!

    -V. M. G.: Uff.

    -En los años 20, Corrochano ya escribió que “la decadencia de la Fiesta tiene por causa que al público se le ha acostumbrado a mirar al torero y no al toro”. Hasta que llegó usted, ¿no?

    -V. M.: Claro, claro, aquello era una ruina.

    -V. M. G.: Pero sigue siendo igual.

    -V. M.: Sí, porque la gente va a ver al torero. Pero en mi caso, todo lo que soy se lo debo al público, que es el que va a ver mis toros. Si no fuera por los seguidores que tengo yo ya hubiera desaparecido. ¡Qué te parece!

    -Cuando se ha triunfado, cuando se está arriba, ¿el trato con las empresas es más fácil?

    -V. M. G.: Ese es terreno de mi padre, él es el que ajusta. Yo ahí no me meto.

    -V. M.: La verdad es que hace mucho tiempo que lo tengo fácil.

    -¿En qué año ganó su primer ‘kilo’?

    -V. M.: No me acuerdo.

    -V. M. G.: Uy, yo tengo también mala memoria para hablar de dinero (risas).

    -Bien, bien, me lo acaban de dar por alto, así que les cambio el viaje y les pregunto que qué papel juega la figura del veedor en su casa.

    -V. M.: ¡Ninguno!, ése ve lo que yo ya tengo apartado, que es lo que se embarca.

    -¿Sin Madrid, se les va a hacer dura la temporada?

    -V. M. G.: Vamos a ver qué pasa.

    -Don Victorino, dicen que para tener éxito en la vida hay que parecer loco y ser sabio.

    -V. M. G.: Jajaja…

    -V. M.: Pues yo no soy ni loco ni sabio.


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