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La sociedad se polariza, hay más pobres y más ricos. “Tal como está la estructura en España, el Estado de bienestar es totalmente insostenible”, señalan los expertos.
Amparo Ledo y Pilar L. Cuntín. Madrid
Del aburguesamiento del proletariado a una proletarización de la clase media. “En los años setenta y ochenta, el 60% de los españoles pertenecía a la clase media. Hoy, se estima que apenas llegan al 40%”. De esta forma, la directora de estrategia del Banco Pastor, Ana J. Varela, sitúa la España de hoy en niveles similares a los años sesenta.
“Hemos vivido 10-15 años en una burbuja inexistente y artificial y ahora entramos en un concepto al que no estábamos acostumbrados”, resume el consultor Ángel Bonet, socio de Daemon Quest, que va mucho más allá al afirmar que, “tal y como está la estructura en España, el Estado de bienestar es insostenible”.
“El goteo de ese entramado de clase media hacia el de clase baja es constante”. Entonces, ¿quién va a sostener ese bienestar cuando llegue la generación del baby boom de los años sesenta?, se pregunta Bonet al apuntar que “el sistema sanitario y de pensiones se apoya, precisamente, en esa clase media que está en vías de extinción”.
Una agonía que profundizan los salarios mileuristas y la alta dependencia de los jóvenes de sus padres. Si la gente no sale gritando a la calle es, a juicio de Bonet, por dos factores. El primero, por la unidad familiar que da apoyo y sustento; y el segundo, por “el ritmo espeluznante” al que está creciendo la economía sumergida. Según los últimos datos, el incremento asciende al 25%, frente al 17% de la Unión Europea. “Aunque son datos que no se saben con certeza, se acercan mucho. Es la diferencia entre lo que se consume y lo que se ingresa”, define el consultor.
Los resultados provisionales de la Encuesta de Condiciones de Vida del año 2010, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística (INE), dibuja un perfil desalentador. Tres de cada diez hogares manifiestan llegar a fin de mes con dificultad o mucha dificultad, mientras el 20,8% de la población residente en España vive bajo el umbral de la pobreza relativa frente al 19,5% de 2009. Por edades, la mayor tasa de pobreza corresponde a los mayores de 65 años.
Pero los datos no acaban aquí. El 36,7% de los hogares afirma que no tiene capacidad para afrontar gastos imprevistos, con un aumento de 2,7 puntos respecto al año 2009. Algo lógico teniendo en cuenta que los ingresos medios anuales de los hogares españoles alcanzaron los 25.732 euros en 2009, lo que supone una disminución del 2,9% respecto al año anterior. Teniendo en cuenta que cada familia destinó de media, mensualmente, 330 euros a gastos relacionados con la vivienda principal –alquiler o hipoteca, comunidad, electricidad, agua y otros– no es de extrañar la gran afluencia de las familias normales a los comedores sociales. Sólo los gestionados por Cáritas han duplicado el número de personas atendidas.
¿Quién puede vivir con 26,37 euros al día? Esto es, según el INE, el ingreso medio por persona. 9.627 euros al año.
Y es que, según datos del Banco de España, el 80% de las familias ha visto cómo su renta disponible decrecía, mientras el 20% restante la incrementaba. “Se ha registrado una polarización del consumidor. Ahora se va a las marcas low-cost por un lado y, por otro, a las de lujo”, señala Bonet. Es el paradigma de dejar de comer pero sin privarnos de comprar un bolso de lujo.
Esto tiene un mensaje claro para las empresas, en opinión de Bonet. “Quien se quede en el segmento medio, desaparecerá”, sentencia. La solución es ser una gran marca o vender muy barato.
Aquí entra el éxito de cadenas como Primark o las marcas blancas, “una tendencia imparable y que parece definitivamente instalada en una sociedad que se encamina al low cost”, añade Varela.
La directora del banco gallego da buena cuenta de ello al señalar cómo marcas como Louis Vuitton han decidido subir en Navidad los precios de sus bolsos ante el temor de quedarse sin existencias. No hay más que darse un paseo por las millas de oro de las principales ciudades europeas, de las que no escapan las españolas, para observar que las tiendas de artículos de lujo, no sólo no cierran sino que se lanzan a nuevas aperturas.
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