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    Carlos Núñez
    Carlos Núñez

    "La gaita es una patria sin fronteras"

    16 FEB 2010 | Belén Lorenzana

    Alabado por la prensa del mundo entero y nominado a dos premios de la Academia, el músico gallego, uno de nuestros artistas más internacionales, vuelve a sorprender con su nuevo trabajo. Alborada do Brasil es la prueba irrefutable de la maestría de Carlos Núñez.

  • Le ha dedicado tres años de trabajo a su último disco, Alborada do Brasil. El esfuerzo ha merecido la pena. Su presentación, hace apenas tres semanas, en el Glasgow Royal Concert Hall escocés, fue definida por The Times como “una ocasión gloriosa”. Ahora, a la espera de los Premios de la Música -con dos nominaciones- que se entregarán el 4 de marzo, llega, al fin, a nuestro país. Será en el Teatro Fernán Gómez de Madrid, el próximo 27 de febrero, como parte de la programación del IV Encuentro de Músicas en la Villa. La crème de la crème.

    -‘Libération’ le ha definido como ‘la única estrella planetaria de la gaita’…

    -Esto seguramente viene inspirado por críticas que me hicieron en Los Angeles Times o The New York Times hace años, cuando giraba con The Chieftains por América… Los americanos son bastante generosos con ese tipo de etiquetas… Siempre al límite: o me comparan con Jimi Hendrix o con Yehudi Menuhin. Palabras mayores.

    -¿Le incomoda?

    -Me hace muy feliz, pero, sobre todo, me reafirma en la convicción de que está todo por hacer. Siempre tengo la sensación de estar empezando.

    -Lleva muchos años apareciendo en la lista de los gallegos más influyentes. ¿Es usted una especie de embajador ?

    -Más que embajador de Galicia, cada vez más creo que esta música que tengo entre las manos no es algo circunscrito a mi tierra. Es una especie de sensibilidad común con muchos países atlánticos, que compartimos con Escocia, Irlanda, Bretaña, la propia Inglaterra... Lo que muchas veces se ha llamado música celta.

    -Pero la que se hace en España tiene sus particularidades, ¿no?

    -España es uno de los pocos países en el mundo que cuenta con dos grandes mares que la bañan: el Atlántico y el Mediterráneo. Y los españoles, como los portugueses, desde hace muchos siglos somos los que mejor hemos sabido mezclar. Las culturas anglosajonas y de más del norte de Europa juntan estilos, pero no llegan a hacer síntesis. Es algo propio de nuestra cultura y podemos estar realmente orgullosos. Es uno de los primeros valores que tenemos.

    -Usted ha demostrado que la celta casa muy bien con otras músicas...

    -Todos los géneros han buscado siempre algo en las mezclas. Los flamencos se mezclaron con la música cubana para tener éxito en el siglo xx. De ahí nació la rumba flamenca. Lo que yo busco de una forma natural desde niño viene heredado de mi propia cultura. A mucha gente le resulta curioso el hecho de que los gallegos tengamos la necesidad de encontrar las conexiones con todo, de buscar ese vínculo con Galicia. Creo que es algo propio de los celtas, porque conecta con mis maestros irlandeses The Chieftains. Hay países que hacen todo lo contrario, que siempre buscan el factor más diferencial.

    -¿Qué más aprendió de sus maestros?

    -De The Chieftains he heredado eso de invitar a artistas de todo tipo de géneros a cantar canciones irlandesas. Desde los Rolling Stones, Sting o Sinead O’ Connor a Montserrat Caballé.

    -¿Ya existe un estilo Carlos Nuñez?

    -Desde que empecé en solitario, hace 15 años, la gente sabe que la música celta que yo hago no es la que se puede escuchar en Irlanda, Escocia, Bretaña o la de otros compañeros en Galicia o Asturias. Creo que tengo una etiqueta propia y se basa, precisamente, en poner a trabajar en equipo a gentes de diferentes procedencias. Aunque no es nada nuevo: Alfonso X, el Sabio, en su orquesta medieval, ya tenía a músicos judios, árabes y cristianos tocando juntos.

    -Se habrá encontrado con reticencias...

    -Sí, pero también es muy fuerte que en Irlanda un español se encargue del concierto oficial de San Patricio. Son muchos años de trabajo. Los primeros fueron más difíciles. Se me criticó mucho en Galicia por mis incursiones en el flamenco. También me ha costado mucho esfuerzo y trabajo ganarme la confianza de Carmen Linares, Vicente Amigo o Paco de Lucía, por ejemplo. Es el mismo proceso que he pasado en Brasil, donde he estado durante tres años preparando mi último disco.

    -‘The Times’ le ha dado cinco estrellas a ‘Alborada do Brasil’...

    -Se está entendiendo muy bien y además se está recibiendo como un proyecto internacional más allá de los países. La verdad es que me hace mucha ilusión este disco porque de lo que se trata es de explorar esas conexiones que tiene la cultura atlántica, en este caso Galicia y el norte de Portugal, que un día fueron un único país llamado Gallaecia.

    -¿Cómo llega la gaita a Brasil?

    -Los portugueses de 1500 no eran los de hoy, que tienen mucha más influencia árabe. Entonces eran muy galaicos, con un fuerte componente medieval. El instrumento que se tocaba básicamente en todo Portugal era la gaita. En la famosa carta del descubrimiento de Pero Vaz de Caminha al rey de Portugal narra su llegada a Brasil en 1500. Cuando arribaron en Porto Seguro, lo primero fue bajar a un gaitero del barco, y aquello acabó en una fiesta con los indios…

    -¿Y cómo evolucionó aquel encuentro?

    -En Brasil te vas 50 kilómetros hacia el interior desde cualquier punto de la costa y te encuentras con la Edad Media, con todas aquellas tradiciones del noroeste de la Península Ibérica. Desde nuestros cantos de bueyes a instrumentos que ya sólo vemos en piedra en lugares como el Pórtico de la Gloria en la catedral de Santiago, como las rabecas o las violas, que vienen a ser los violines y las guitarras medievales. Así, pese a lo que se piensa en el resto del mundo, la música que más consumen los brasileños es la sertaneja, una especie de música celta, con voces de hombres, terceritas que parecen música country, inglesa.

    -Y, sin embargo, lo que nos llega a nosotros es la bossa nova...

    -La música bossa nova es lo más conocido fuera porque sale en las películas, la parte más turística. Desde finales del siglo xix, principios del xx, digamos que se le dio prioridad al africanismo, a la parte que sufrió más.

    -¿Por qué la gaita es un instrumento tan desconocido?

    -Las músicas del norte no sólo no están en el mercado sino que además, en cuanto haces un pequeño esfuerzo para abrirlo al gran público, hay quien lo critica. Estamos en esa disyuntiva. El flamenco, que también nació de la música tradicional, ha conseguido hacerlo muy bien, renovándose, mezclándose. De alguna forma, la gaita vivió una carrera con su contrincante natural que fue la guitarra.

    -Y ganó la guitarra...

    -Cuando llegamos a Latinoamérica, en los barcos viajaban dos mundos: la Edad Media, con las viejas tradiciones de la gente del campo que iba con su gaita, y el Renacimiento, el Barroco, el mundo de las ciudades, de los acordes mayores y menores de la guitarra. La gaita fue desapareciendo porque se impuso el Barroco, aunque su alma quedó en nuevos instrumentos como el acordeón, al que llaman gaita en Brasil.

    -Ha sido imprescindible para usted empezar el camino desde fuera, ¿por qué?

    -Al tipo de música que hago le cuesta más salir en los medios de comunicación. No queda otra que ampliar fronteras. Y es muy duro porque debes aprender cómo sienten, hacer tu música internacional. No es lo mismo tocar en Francia, Reino Unido o en Japón. Hace tiempo un mánager español me decía que en España no puedes estar girando cada año porque la dejas exprimida como un limón. El mundo es muy grande.

    -Con todo, usted no se prodiga mucho por España...

    -Hay países en los que, a pesar de la crisis, sigue habiendo vida de conciertos; la vida cultural no se para porque está sostenida por el público. Sin embargo, en España, como en Italia, todo depende más de la ayuda pública y eso, con la crisis, se ha parado. Por eso este año tengo 10 veces más conciertos en Francia o en Alemania que en España.

    -¿La música celta goza de buena salud?

    -Con la experiencia brasileira he abierto una brecha hacia Latinoamérica. Hemos descubierto el punto de unión entre la cultura celta y el mundo africano. No ha habido en el siglo xx ninguna música con éxito que no haya tenido el componente africano detrás. Los Beatles, la rumba flamenca, el tango… Estoy muy contento porque creo que tenemos ahí temática para unos cuantos años.

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