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    Imágenes localizadas por Google China al rastrear Tiananmen.

    Google lucha contra la mordaza impuesta por el Gobierno chino

    31 ENE 2010 | Javier Muiña

    La nómina de los censores de la Red incluye a países como China, Cuba o Australia. Pekín pone a 40.000 personas a rastrear contenidos.

  • Madrid.- “El periódico Minzhu yu Fazhi Shibao utiliza fuentes informativas no reglamentarias. Por tanto, les rogamos que no utilicen artículos procedentes de ese periódico. A los sitios que los hayan utilizado se les ruega que lo borren inmediatamente. Responda urgentemente”. Con esas palabras el director adjunto de la Oficina de Gestión de la Información por Internet de Pekín (China), Fan Tao, advertía a los diarios digitales del peligro que entrañaba hacer referencia a los textos difundidos por la publicación opositora al régimen impuesto por el Partido Comunista Chino (PCCh).
    El gigante asiático se convierte en el paradigma del control de la información en la Red. Muestra de ello son los cerca de 40.000 empleados del Estado y el Partido dedicados a rastrear Internet, según los datos facilitados por Reporteros Sin Fronteras. Este exhaustivo control derivó en el cierre de cerca de 3.000 sitios informativos en 2008, como denuncia la ONG en su informe Enemigos de Internet.

    El férreo control estatal no siempre consigue sus propósitos. Rita Álvarez Tudela, una periodista española residente en Pekín, reconoce que desde los servidores chinos resulta imposible el acceso a aplicaciones como Facebook, Twitter o a diversos blogs relacionados con los Derechos Humanos, la democracia o la libertad de creencias. Para superar estas restricciones, los ciudadanos pagan un VPN (Red Privada Virtual, en sus siglas en inglés) y se conectan con otra IP (el DNI el ordenador) con el fin de engañar al sistema y simular que acceden desde otro país. “Antes usábamos proxys (puntos de conexión a Internet desde otro lugar), pero la mayoría han sido bloqueados”, denuncia Álvarez.

    Amenaza de Google

    Con este trasfondo, Google anunció recientemente que estudia salir de China. La compañía advirtió que ha descubierto ataques a otras 20 empresas, de las que no desveló sus nombres, así como varios intentos de acceder (en algunos casos con éxito) a las cuentas de correo de Gmail de activistas de Derechos Humanos de China y simpatizantes de su causa en otros países. “Decidimos que ya no queremos seguir censurando nuestros resultado en Google.cn (versión china del buscador) y en las próximas semanas negociaremos con el Gobierno chino las bases sobre las que podríamos operar un motor de búsqueda sin filtros dentro de la ley, si eso es posible”, informó Google en su blog. “Entendemos que esto bien puede significar el cierre de nuestro buscador y posiblemente nuestras oficinas en China”, agrega la compañía.

    Fuentes del sector desconfían de la verdadera intención de la compañía estadounidense y apuntan a que esta decisión responde a una campaña de lavado de imagen. La ilegalidad de Google Analitycs (servicio de estadísticas de sitios web) en Alemania, la posible alianza del magnate Rupert Murdoch y Microsoft para frenar el avance del gigante americano y otras crisis abiertas han minado la imagen de Google, que pretende revertir la situación con este golpe de efecto. Además, el buscador no registra el mismo aluvión de visitas que en otros países, según las cifras facilitadas por Alexa.

    La censura del buscador en China viene de largo, concretamente desde 2004. Este hecho generó las críticas de los internautas, quienes denunciaron la preponderancia de los intereses económicos sobre la presunta firme voluntad de la compañía por velar por la libertad en la Red, un compromiso que refrendó a finales de 2008 con la firma de los Global Network Initiative. En ese documento Google y otras compañías norteamericanas como Yahoo o Microsoft mostraron públicamente su voluntad de respetar la libertad de expresión de sus clientes de todo el mundo, desafiando las demandas de algunas autoridades gubernamentales.

    Sin embargo, la elección entre libertad y seguridad no entiende de límites ni fronteras. Australia, Cuba, Arabia Saudita, Egipto, Irán… La nómina es extensa y las modalidades de persecución y castigo, muy variadas. La infracción de las normas no requiere ataques directos a los organismos gubernamentales. Basta con teclear Tiananmen en Google.cn para comprobar que los efectos del Gran Hermano que presagió en su día George Orwell no eran pura utopía.

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