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    El hermano del Papa

    10 MAR 2010 | F. J. F. de la Cigoña

    No es culpable de actos reprobables aunque sólo sea como encubridor.

  • Parece ser que en el coro de la cardenal de Ratisbona que dirigió el hermano del Papa, Georg Ratzinger, se produjeron en el pasado abusos sexuales sobre los niños cantores del mismo. Pues qué más queremos para carnaza del escándalo. El hermano del Papa manifestó que desconocía que tales hechos se hubieran producido, con lo que nada había que se le pudiera recriminar.

    Pero hoy han comenzado a circular noticias en las que se dice que pide perdón por haber ocultado semejante conducta de algún miembro del coro. Todo es confuso. Son hechos, al parecer no continuados, de finales de los años cincuenta o comienzos de los sesenta del siglo pasado cuando todavía Georg Ratzinger no era director de aquella institución. Sea lo que fuere, sin tener nada que ver el hermano del Pontífice con aquella deplorable conducta o habiéndola encubierto con su silencio, creo que debemos salir al paso de lo que pretende utilizarse, sin el menor sentido, contra el Santo Padre.

    Todo el mundo tiene familia: padres, hijos, hermanos, parientes más o menos próximos… Y a nadie se le puede responsabilizar por lo que esos parientes hayan podido hacer. Por tremendo que sea. El hermano del Papa es o no culpable de actuaciones reprobables aunque sólo sea como encubridor de las mismas. Si lo fuere, que todavía está por acreditarse, es comprensible el dolor de Benedicto XVI pero nada más. No se le puede reprochar ninguna otra cosa.

    Hoy se habría enterado de esos penosos y vergonzosos hechos. Que sin la menor razón van a pretender ser utilizados contra la Iglesia por sus enemigos de siempre. Deseo de todo corazón que no haya habido la menor intervención del hermano del Papa en los mismos.

    No por Georg Ratzinger, que de no ser hermano de quien es no tendría la noticia el menor eco, sino por el dolor que, de ser verdad, heriría al Papa. Si hubiera habido algo de verdad en ello que caiga sobre el anciano sacerdote la vindicta de su conducta. A pesar de su apellido. Y no extrapolemos lo que no es extrapolable. No caigamos es esa asquerosa trampa.

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