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El actor repasa su vida y su carrera en una entrevista con César Vidal. Va a protagonizar una película sobre Vicente Ferrer. Se mudó a Madrid en 1975 y durante una temporada durmió en la estación de metro de Ópera.
Redacción. Madrid
Ha sido Severo Ochoa, Eleuterio Sánchez y Antonio Alcántara en la pantalla. Y antes de eso fue un alumno de Formación Profesional en la Escuela de Armas de Éibar, un figurante de zarzuelas y un cabo primera durante la mili en Ceuta.
Imanol Arias (Riaño, León, 1956) habla de sus recuerdos de infancia, de sus esfuerzos para convertirse en actor y de su trayectoria profesional en una larga entrevista con César Vidal emitida en Libertad Digital Televisión.
El protagonista de Cuéntame relata detalles de su vida familiar y de su niñez en Ermua, el pueblo vizcaíno al que emigraron sus padres. “Mi padre hablaba un poco de euskera. Yo descubrí que mi patria era mi lengua. Mi lengua es la castellana y mi patria es España”.
Le habría encantado estudiar una carrera, y lo intentó. “A través de un jefe de estudios de Formación Profesional entré en la universidad laboral para hacer una especie de curso puente, pero yo no tenía base para aquello. Sin embargo, allí encontré algo maravilloso: un grupo de teatro”, relata.
Convencido de la fortaleza de su vocación, se lanzó a un reto mayor y viajó a Madrid. Llegó en septiembre de 1975, después de haber trabajado en la vendimia. Asistió a la Escuela Nacional de Teatro como oyente: “No tenía la titulación para entrar. Yo era un culto intitulado, lo leía todo”, explica. Para sobrevivir durante aquellos primeros años madrileños fueron cruciales las 240 pesetas que cobraba como figurinista de las zarzuelas del Teatro Español de José Tamayo, un director al que recuerda con enorme afecto.
Cuando en mayo acababa la temporada de zarzuela, se terminaba el sustento y entonces Imanol dormía en el metro, en la estación de la plaza de Ópera. Hasta 1977, cuando los militares le dieron un techo: el servicio militar le tocó en la Compañía de Mar, en el peñón de Vélez de la Gomera, en Ceuta, un destino que no le disgustó porque “me podía dejar la barba y había una biblioteca de libros castigados”, dice.
Tras la mili comenzó el despegue profesional. Primero en el Centro Dramático Nacional, luego con el cine y la televisión, sus catapultas. Ha protagonizado grandes películas como La muerte de Mikel, un largometraje que se estrenó en 1984 y que el actor destaca que “había algo implícito que no era habitual, que es mostrar el totalitarismo de los movimientos de izquierdas”.
Tras una filmografía brillante y una década de grandes audiencias en televisión el actor revela sus proyectos: la serie de televisión Un país para comérselo y una película sobre Vicente Ferrer que se rodará en la India. Y como remate a sus recuerdos, Imanol Arias hace una reflexión sincera y modesta de su carrera y su vida: “Nunca me he creído nada más importante que ser actor. Y he intentado ser buena persona”.
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