Madrid. Ya no quedan dudas. Los dinosaurios desaparecieron de la faz de la Tierra por el impacto de un meteorito de 10 kilómetros de diámetro en el Caribe mexicano. Chicxulub, un cráter de casi 200 kilómetros de diámetro descubierto en 1991 en la península de Yucatán, exterminó al 70% de las especies de nuestro planeta hace 65,5 millones de años en uno de los eventos más devastadores de la historia de la vida.
Al menos así lo demuestra un grupo internacional de científicos, en el que participan tres paleontólogos de la Universidad de Zaragoza, en un artículo que publica hoy Science. Esta hipótesis, que ya se propuso hace 30 años cuando Luis Álvarez, Jan Smit y sus colaboradores descubrieron una abundancia anómala de iridio y otros platinoides (rutenio, rodio, paladio, osmio, iridio y platino), ha sido abrumadoramente aceptada desde entonces por la comunidad científica.
Ahora es más fuerte que nunca frente a teorías alternativas que intentan explicar la brusquedad de lo ocurrido hace 65 millones de años, en el límite entre el Cretácico y el Paleógeno (K-T). Una de ellas culpa de la extinción a una actividad volcánica inusual en la zona del Decán (India occidental), lo que provocó un enfriamiento global y lluvia ácida.
Estratigrafía
El grupo que cuestiona la hipótesis impactista se basa en el análisis de los sedimentos depositados alrededor del Golfo de México, donde se observan acumulaciones de diminutas gotas de material fundido (microtectitas) que fueron expulsadas tras el impacto de Chicxulub. Según estos autores, la edad de los foraminíferos indica que las microtectitas de Chicxulub se depositaron unos 300.000 años antes del límite K-T, demasiado pronto como para que el impacto sea la principal causa de la extinción.
Por el contrario, los autores del artículo de Science de hoy, demuestran que, en realidad, los sedimentos con microtectitas fueron violentamente removilizados, apilándose en un espacio de tiempo geológicamente instantáneo. Los modelos sugieren que la energía liberada por el impacto de Chicxulub fue un millón de veces mayor que la generada por la bomba nuclear más grande jamás probada.
En el antiguo Golfo de México produjo terremotos de magnitud superior a 11 grados, provocando el colapso de las plataformas continentales, gigantescos tsunamis y el deslizamiento de grandes volúmenes de sedimentos marinos, apilados en esta compleja secuencia de depósitos.
Teoría volcánica
En cuanto a la hipótesis volcánica, los autores del artículo argumentan que, a pesar de las evidencias de un vulcanismo relativamente activo en India, los ecosistemas marinos y terrestres tan sólo muestran cambios menores en los 500.000 años previos al límite K-T. La hipótesis del Decán se debilita aún más al revisar los modelos de la química atmosférica. A pesar de que importantes volúmenes de azufre pueden ser emitidos en cada erupción volcánica, formando aerosoles en la estratosfera, éstos permanecen poco tiempo en la atmósfera, por lo que sus efectos ambientales adversos tendrían una corta duración. En comparación, durante el impacto de Chicxulub se liberaron volúmenes mayores de azufre, polvo y hollín en pocos minutos, provocando perturbaciones medioambientales extremas, como el oscurecimiento y el enfriamiento global del planeta.
En áreas alejadas de México, el registro geológico indica claramente que un único meteorito golpeó la Tierra a finales del Cretácico. El aumento en el espesor de la capa del límite K-T hacia el cráter de Chicxulub demuestra que éste fue el lugar del impacto. Todos los cambios significativos en los ecosistemas de la Tierra se iniciaron en este momento y, por lo tanto, el impacto de un gran asteroide en los sedimentos ricos en sulfatos de la antigua plataforma del Yucatán sigue siendo la causa más factible para explicar la extinción en masa del límite K-T.
Una demostración que no hubiera sido posible sin el estudio de fósiles microscópicos (foraminíferos) de los españoles Laia Alegret, Ignacio Arenillas y José Antonio Arz para datar las rocas sedimentarias marinas.
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