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    Más de la mitad de los internautas escuchan música o ven películas 'online', sin descargar
    ÉPOCA

    Internet salvará la música

    29 MAR 2010 | Mar Tagle

    El 'streaming' (consumo 'online') le gana la batalla a las descargas. Portales como Last.fm, Pandora, Spotify, Deezer o Yes.fm ganan cada día más adeptos. ¿Su secreto? Los usuarios tienen acceso a las canciones, pero no las almacenan. Es legal, gratis y el bote de salvavidas de las discográficas. Internet salvará la industria que casi ahoga.

  • Que la industria musical está viviendo su peor crisis es un hecho ya conocido. Las cifras no dejan lugar a dudas: las ventas de discos han bajado un 71,46% en los últimos nueve años en España y continúan en caída libre. En 2009, los españoles se gastaron 211 millones frente a los 254 del 2008. ¿Culpables? ¿La piratería, las descargas ilegales o quizás las mismas discográficas con los altos precios de los discos? Una mezcla de todo aunque el mejor resumen es, sencillamente, que ahora se puede conseguir gratis algo que antes costaba dinero. La primera reacción de la industria fue protestar y denunciar, pero resultó inútil. Después de una década parece que ha caído en la cuenta de que al igual que Internet ha sido uno de los principales culpables de esta crisis, también puede ser su salvación. Las discográficas lo tienen claro y apuestan por servicios que pueden ayudarles a salir a flote.

    Merece la pena hacer un breve repaso de la última década para ver la revolución que ha sufrido este negocio.

    En el año 2000 nace Napster, el primer gran software de intercambio de ficheros. Un año más tarde, aparece iTunes (reproductor y tienda de música online de Apple) actual artífice del 70% de las ventas digitales de discos en España. Ese mismo año, Amazon.com, la tienda de discos más importante del mundo, registraba ganancias por primera vez. Los programas de P2P (peer-to-peer) como el Emule y el Ares se popularizan y el ansia por poseer se dispara. La gente comienza a descargar cosas sin parar y la venta de discos cae en picado. Al mismo tiempo, el compact-disc deja paso a los dispositivos mp3 como el Creative y, por supuesto, el iPod. “La industria musical está en crisis”, afirmaban las discográficas. Pero la gente cada vez compartía más música, había más conciertos, los blogs sobre el tema se multiplicaban y MySpace daba a conocer artistas que nunca hubiesen tenido una oportunidad en el mercado de los noventa. “La piratería y las descargas ilegales son las culpables”, continuaban las discográficas. Sin embargo, lo que la Red revoluciona es la manera de consumir del usuario. Al igual que Internet pasó de ser la web (a secas), a ser 2.0 con la participación de los usuarios, con la música pasó lo mismo. El oyente quiere elegir, quiere formar parte del proceso. No quiere sólo consumir. Así, en 2001 surge también Rhapsody la primera radio a la carta, donde era el usuario el que elegía qué escuchar. Las playlists (listas hechas por los usuarios para compartir con sus amigos) arrasan. Todo gratis.

    Pero la mentalidad está cambiando. Las descargas de pago (legales) crecieron un 10% en 2009 en todo el mundo, hasta los 3.300 millones y la venta de álbumes completos subió un 18%, hasta los 110 millones de unidades. En España, el segmento online supone ya más del 50% de las ventas digitales, frente al 40% de EE UU. Evidentemente, estas cifras aún no compensan el desplome físico de la industria, pero es un avance. Así las discográficas perciben (¡por fin!) que Internet no es el enemigo, sencillamente porque no puede luchar contra él. Ya se sabe “si no puedes con tu enemigo...”.

    Apple lo entendió rápido lanzando iTunes. Y algunos artistas como Radiohead dieron el pistoletazo de salida al publicar su disco online sin precio fijo, es decir, a gusto del consumidor. Pero había que ir más allá. Había -y hay- que reinventar el modelo de negocio, y el público está dispuesto a ello. ¿El detonante? Las descargas de música están siendo sustituidas por el streaming (escucha online). Es legal, gratis y bueno para la industria.

    Y otra vez los datos lo corroboran. Más de la mitad de los internautas escuchan música (56,9%) o ven películas online (41,8%) sin necesidad de descarga, según revela la XII Encuesta Anual de la Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación (AIMC) publicada en febrero de 2010.
    Pandora (en EE UU), Last.fm, Yes.fm, Rockola.fm o la francesa Deezer son algunos de los portales que ofrecen este servicio. Con conexión a Internet, y de forma legal (mediante acuerdos con las discográficas) los usuarios pueden escuchar de forma gratuita estas radios online. Pueden elegir música por canción, década, género, artista, etc. Financiados con publicidad, estos portales están vistos con buenos ojos por las distribuidoras porque sirven de plataforma para nuevos artistas, es más barato promocionar a los músicos, y además, funcionan como redes sociales en el sentido de que sus usuarios se recomiendan las canciones y ya se sabe que el mejor prescriptor es un amigo.

    En 2006 la industria da un paso más con la llegada del portal sueco Spotify. Con una inversión de siete millones de euros y más de seis millones de usuarios en ocho países europeos (950.000 en España), muchos dicen que es lo mejor que le ha pasado a la música online desde Napster. Pero ¿qué cualidades reúne para tener a todos contentos?

    A diferencia de las otras radios online, Spotify es un software que se instala en el ordenador. Su apariencia es un híbrido entre el iTunes y el Windows Media Player. No es sólo una radio, porque puedes pausar, avanzar y retroceder una canción al segundo que quieras. Es sencillo de usar, legal y gratuito. Tiene acuerdos con las grandes discográficas (Universal, Sony BMG, Emi y Warner), con sellos independientes y con entidades de gestión como la SGAE. Aunque faltan artistas como The Beatles, AC/DC o Metallica, cada día se suben 10.000 canciones nuevas. Se puede buscar por género, artista, año de publicación, nombre de la canción, discográfica, etc. Se pueden crear playlists personalizadas, compartirlas, guardarlas en su sesión y reproducirlas desde cualquier PC. Lo más importante es que se tiene acceso a la música, pero no la almacena y se presenta como clara alternativa al P2P. “Somos mejores porque somos legales, apoyamos a los artistas. ¿Por qué bajar música ilegal cuando puedes escuchar todo lo que quieras a un clic?”, dice Lutz Emmerich, director en España. Se financia con publicidad (cada cuatro canciones se escucha un anuncio) pero también con un servicio premium para usar Spotify sin necesidad de conexión y sin publicidad. El servicio cuesta 0,99 euros por un día y 9,99 euros al mes. Se calcula que cada mes, 50 nuevas marcas se anuncian en el portal.
    Pero aunque esto es una alegría para la industria hay que mirar con lupa los costes. Al igual que Spotify funciona por invitación para evitar colapsos del servidor, la española Yes.fm ha tenido que revisar sus cuentas. A finales de junio 2009 canceló el servicio premium, que permitía escuchar música a la carta en streaming por 3,95 euros mensuales, porque el consumo de canciones era más elevado que el previsto y la suscripción no era suficiente para pagar los derechos de autor. Un ejemplo de la dificultad de dar con el precio adecuado para estos servicios.

    Aun así, parece que estos portales son un buen negocio y han dado el salto a los teléfonos móviles (iPhone,Android...). Hasta la Asociación de Productores de Música en España, Promusicae, dependiente del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, lanzó en noviembre de 2009 su propio portal (www.elportaldemusica.es) para promover el consumo de música legal en Internet y luchar así contra la piratería. Un buen ejemplo de que la Administración (¡por fin!) está tomando partido, porque una cosa es evidente: los consumidores del futuro son los que ahora se están descargando las canciones, y de alguna manera habrá que captarlos.

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