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Mario Conde habla de su relación con el Monarca, de su pasado en la cárcel, de lo que le condujo allí y de su nueva vida. El empresario responde a las preguntas del director de LA GACETA, Carlos Dávila, en el programa de entrevistas Diálogos al límite.
-Habrá gente que piense que le hago esta entrevista porque está financiando a Intereconomía.
-Lo he escuchado, y tengo que decir que esta casa se financia afortunadamente por sí misma. El éxito que está teniendo LA GACETA es indiscutible.
-Una vez le pregunté a Rafael Vera: ¿Usted ha hecho alguna cosa fea? Ahora se lo pregunto a usted.
-Delito es simplemente sobrepasar los niveles de inmoralidad media de una sociedad y que, además, te pillen. Por ejemplo, no es muy estético ejecutar un crédito a una persona a la que sabes que dejas en la calle, pero está en las reglas del juego. En mi caso, hay unas sentencias y da igual que las haya anulado el Comité de Derechos Humanos de la ONU. ¿Los hechos descritos en esa sentencia son delictivos? Mire, ¿yo le dí 300 millones al CDS? Sí, ¿eso es delito? Pues sí es delito, lo cometí, ¿feo?...
-¿Quién los cobró directamente?
-CDS.
-¿Qué mano?
-Navalón, se entregaron a Antonio Navalón.
-Que iba de ‘demandadero’.
-Claro, fue la persona que se encargó de cobrarlos. ¿Eso era una práctica insólita? Le voy a decir una cosa y, probablemente, es una barbaridad: cuando yo llego en el año 1988 a la banca y me piden 300 millones para un partido político, a mí 300 millones me parecen muchísimo dinero, porque lo son, y en el 88 más, y eso de darlos a un partido político me asustaba. Llamé al director general y me dijo: “No te preocupes presidente; esto se hace”. Llamé a Navalón y me dijo: “Pero ¡hombre, por Dios! Tú no sabes qué cantidades se dan en otros bancos”.
-A parte de al CDS, ¿dio usted dinero al Partido Socialista en las mismas condiciones? ¿Ni siquiera con créditos blandos?
-No. No sé por qué, pero no me lo pidieron en esa época a mi.
-¿Al Partido Popular?
-Creo que le dimos dinero; estará en la contabilidad del banco. Con el Partido Popular teníamos dinero, pero insisto: lo que haya pasado con esos créditos no lo sé. Sé que a alguna persona del Partido Socialista en concreto sí la ayudamos, y alguna persona del Partido Popular también, e incluso a alguna de Izquierda Unida.
-¿Su pecado fue la prepotencia, la chulería?
-Mi pecado fue la debilidad de otros, es decir, yo estaba ahí...
-¿A quién no perdona?
-Yo no soy quién para perdonar. Todo eso estaba en las reglas del juego. Cuando uno está en un banco y tiene esa notoriedad se expone en un país como éste a eso. La primera vez que me he planteado el perdón es cuando a Lourdes se le declaró un tumor. Ahí es donde no entiendo tanta crueldad, pero no tengo con quién enfadarme, porque es una lógica cósmica. La humildad funciona muy bien para las relaciones entre los seres humanos, pero es absolutamente básica para la relación con Dios.
-¿Cuánto tiempo ha estado en la cárcel en total?
-La primera vez fue en el año 94. Salí en febrero con fianza. Luego volví a entrar por Argentia Trust en el 98 y terminé en el 2000. De nuevo volví en 2002 y salí de Alcalá Meco en 2005. Después pasé al centro de inserción social Victoria Kent hasta el año 2006. En total, unos cuatro años, es decir, el equivalente a dos o tres violaciones, cinco estupros, cuatro abusos deshonestos, dos raptos.
-¿Qué pensó en ese momento?
-Cuando lees que a mí me doblaban la condena a 20 años, mientras que a un violador se la dejan en seis y a un traficante de drogas en cuatro, uno percibe una aparente desproporción en la penalidad. Pero sólo es aparente: los 20 tenían una finalidad determinada.
-¿Usted tuvo que comprar su seguridad en la cárcel?
-Una persona, apodado El cubano, teóricamente se ocupó de mi seguridad. Pero se fue y nunca tuve problemas. Curiosamente había unos chicos jóvenes que siempre me andaban protegiendo, pero yo no necesitaba ninguna protección. No tuve ninguna sensación de inseguridad.
-¿Cómo es la vida en un centro penitenciario?
-La comida no está mal. De hecho, hay varios menús. Respecto a la higiene, uno dentro puede ser un cerdo. Había gente que no se duchaba y que olía fatal. Pese a esos detalles, la cárcel no es tan tremenda. Lo tremendo es cuando el ser humano quiere rebelarse contra lo inevitable.
-¿Usted cómo se preparó para su nueva vida?
-Yo me dije: “Mario, estás aquí hoy, mañana y pasado. Los ruidos serán los mismos, al igual que los olores. Así que acostúmbrate, vive y subsiste”.
-Sus relaciones con la Monarquía se convirtieron en un episodio ejemplarizante y vidrioso.
-Mis relaciones con el Rey nacen mucho antes de llegar a Banesto, como consecuencia de nuestra afición a la vela. Yo voy a Palma desde 1974 y ya antes de ser presidente del banco iba a desayunar alguna vez a Marivent. Mis relaciones con el Rey se enfriaron por razones que no deseo confesar.
-¿Quizá porque no le ayudó demasiado?
-No, yo jamás pedí ayuda al Rey, ni la necesité. Otros quizás sí le usaron en algún tema financiero, probablemente con muy poco respeto por la figura del Monarca. Algunos parece que han sentido celos por la relación que el padre del Rey mantenía conmigo. Quizá querían monopolizarla.
-Se llegó a decir que usted pagaba las cuentas hospitalarias...
-Lo hubiera hecho encantado, pero no lo necesitaba. Me llegué a preguntar qué hubiese pasado si Don Juan no hubiese muerto el 1 de abril de 1993. Evidentemente, fui el responsable de sugerir al Rey, el 28 de diciembre de 1993, que se apartara del asunto Banesto y que hiciera caso al presidente del Gobierno cuando afirmó que no se metiera en esto por tratarse de un asunto político.
-¿Había alguien presente en ese momento?
-Como relato en el libro, la conversación la escuchan dos personas porque, faltando al respeto al Rey, puse la conversación en manos libres. Justo en ese momento, el Rey pidió que se hiciera lo que se está haciendo hoy con cualquier banco en problemas. Con la milésima parte de lo que actualmente se está destinando a saneamientos de los bancos, Banesto hubiera tenido de sobra.
-Según relata, protagonizó una trama digna de la mejor novela negra.
-Hay una cosa más grave. Los medios de comunicación oficiales ocultaron la visita del vicepresidente de Morgan Stanley al juicio de Banesto. Esta entidad nos había apoyado, había hecho un plan, pero el Banco de España lo había rechazado.
-Pero lo que usted relata no coincide con la declaración del vicepresidente de Morgan Stanley ante el Tribunal.
-Después de decir que sí en reiteradas ocasiones, se preguntó delante del tribunal si hubiéramos tenido éxito. Esa cuestión me la he planteado yo y, visto lo visto, después de estos años ninguna persona de buena voluntad dudaría que nosotros hubiéramos tenido éxito sin la necesidad de la intervención.
-Otra cosa que sorprende es que la masonería no le haya ayudado cuando usted, en un cierto momento, formó parte de ella.
-No hay nada que funcione mejor que la información que maneja la secretaría de Estado del Vaticano, en vida de Juan Pablo II. Organicé con dos cardenales un congreso en el Vaticano con presencia del papa Juan Pablo II. Hay una cena a la que asiste un hombre tan importante como el entonces presidente de la Congregación para la Santa Fe, Ratzinger, hoy Santo Padre. La Iglesia puede ser lo que sea, menos frívola. El Vaticano, por tanto, sabía muy bien lo que estaba haciendo.
-Que era...
-En el discurso de su santidad, el Papa Juan Pablo II se dirige a mí por mi nombre y yo, que no tenía ni idea del protocolo, no sabía que eso no es habitual. Me lo explicó Paloma Gómez Borrero, que de esto entiende mucho y, desde entonces, me empezó a tratar de una manera un poco más distinguida.
-¿Hay más pasos?
-Sí. En el año 2008, la Facultad de Teología de Múnich celebra un congreso y me invita a que lo clausure. Obviamente, ningún movimiento de esa facultad se realiza sin conocimiento del Vaticano. A otro nivel, pero también muy satisfactorio para mí, hace muy poco, el 6 de diciembre en presencia del obispo de Orense, se me pide que sea yo el que me dirija a los seminaristas para la celebración del día de la Inmaculada. Entonces, todo eso ¿cómo casa con una masonería que en España no tiene en los años 80 ninguna influencia? ¿Cómo casa con el hecho de que en mi doctorado honoris causa esté presente un nombre que se llama Dibernardo, que es un catedrático de ética que había organizado la gran logia de Italia? Hay alguna otra conexión de interés, pero no me destripe el libro...
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