Han decidido habitar una casa, tan misteriosa como modesta, en Gales, pero a la Corona británica no le faltan palacios para elegir. La lista de casas en las que viven los miembros de la corona británica es innumerable.
No son pocas las diferencias que existen entre la monarquía británica y el resto de monarquías de Occidente, aunque sólo sea porque la familia real británica conoce a la institución de la Corona bajo el nombre de The firm, es decir, “la empresa”. La monarquía más arraigada del mundo, en sus usos y costumbres seculares, sigue manteniendo las inercias de la tradición más que ninguna otra corona pues, en buena parte, fueron ellos quienes codificaron esos usos y costumbres seguidos por las demás casas reales. A la hora de marcar la distinción, por ejemplo, entre la Corona británica y la Corona española, Don Juan Carlos relató a la revista Newsweek que “el Príncipe de Asturias nunca aprendería a jugar al polo”. Una actividad –los partidos de polo– que Lady Di tuvo que soportar sin gesto de contrariedad cuando era la prometida del príncipe Carlos; sólo después se supo que Diana aborrecía tal deporte. Son viejas formas que se expresan bien a las claras cuando –allá por la Gran Guerra– una niña de la familia real protestó de la fatiga que suponía ir a ver a los enfermos: “Estoy muy cansada y odio los hospitales”. La reina María la reprobó en el acto: “Perteneces a la familia real británica. Nunca nos cansamos y nos gustan mucho los hospitales”.
Al contrario que a la institución monárquica española, que no dispone de nada equivalente, a la inglesa también le gustan los gentileshombres y las damas de cámara. Pero cabe recordar que no siempre fue la británica la Corona en la que se miraron las demás coronas: a Carlos de Estuardo, según relata el gran ensayista monárquico angloespañol Tom Burns Marañón, le dejaron impresionados las colecciones reales de pintura en tiempos de nuestro Felipe IV, y así empezó el monarca inglés sus propias colecciones. Siglos después, en una exposición –relata Burns–, coincidieron el príncipe de Gales y el Príncipe de Asturias, que de nuevo se vuelven a llamar Carlos y Felipe. Y el príncipe de Gales refirió cómo quería un par de buenos cuadros de Juan Pérez, llamado el Labrador, para decorar su casa de Highgrove, porque disponía de algunos “inferiores”.
Hoy, el esplendor, siquiera sea pecuniario, pertenece a la Corte inglesa. Basta para ello centrarse en lo que es pura propiedad inmobiliaria, la innumerable lista de casas y palacios en los que –según las estaciones del año– pasan la vida la reina Isabel y el duque de Edimburgo, el príncipe de Gales y la duquesa de Cornualles, los duques de Kent... Sólo la complejidad jurídica de Crown Estate –propiedades de la Corona–, entidad que no pertenece en privado a los monarcas y cuyas propiedades no se pueden enajenar, les da derecho hasta a las pesquerías de salmón de diversos lugares de las islas...
Centrados en las casas, desde que el viejo palacio de Westminster –hoy sede del Parlamento– dejó de servir de residencia de los reyes en el siglo XVI, no han faltado lugares de nota. Por ejemplo, la residencia oficial de la reina en Londres es el Palacio de Buckingham, de lunes a viernes; el castillo de Windsor –parcialmente quemado en el annus horribilis de 1992– es residencia oficial en el campo “la mayor parte de los fines de semana, por Pascua, con ocasión del Royal Ascot y para los actos de la Orden de la Jarretera”. Holyroodhouse es la residencia oficial en Escocia. Pero las citadas son residencias oficiales; las privadas son muchas más: sólo para la reina y el duque, está Sandringham House en Norfolk, para el invierno, y el célebre castillo de Balmoral para la temporada de verano, entre otros inmuebles.
Especialmente notable es el Palacio de St. James, en pleno Pall Mall londinense, actualmente el más antiguo de los privativos de la Corona inglesa, y edificio que da nombre, precisamente a “la Corte de St. James”. El enorme complejo incluye York House, antigua residencia del príncipe de Gales y sus hijos, y Clarence House, actual residencia de los mismos y antigua residencia de la Reina Madre. Por su parte, también en una zona excelente de Londres, Kensington Palace fue el lugar en que residió Diana de Gales tras el final de su matrimonio con Carlos.
Por el momento, Guillermo y Kate han decidido seguir viviendo en una casa de campo del norte de Gales donde ambos vivían ya, si bien ella residía oficialmente con sus padres en el Berkshire. De la casa no se conoce el número de cuartos, pero sí que Guillermo paga 750 libras de alquiler al mes: el vivir en un lugar tan remoto se debe a que el príncipe trabaja en una base aérea cercana. Pero antes o después tendrán que volver a los predios oficiales de la Corona donde, sin duda alguna, vivirán como reyes.
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3 Comentarios
Anónimo(No registrado)22:00 | 22 de abril, 2011
Error. La Monarquía más arraigada del Mundo es la Casa Real Danesa. Es la más antigua también. De hecho todas las monarquías europeas poseen algo de sangre danesa y/o alemana. Especialmente la Casa Real británica es en su mayoría alemana, de la familia de los Battenberg, que ellos más tarde rebautizaron Mountbatten para quitarle el toque "alemán". Berg es montaña en alemán. Como anécdota cuando el príncipe Charles habló en español hace poco en la cena, lo hizo sorprendentemente con un acento alemán, y no con acento inglés. Ésto se comentó mucho en Alemania e Inglaterra, unos riéndose y otros enfadados jeje.
Señores creia que este periodico es serio.....
¿Y qué nos importa a nosotros donde vivan ése par de pajarracos ingleses?
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