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Los expertos dietéticos españoles alertan de que en nutrición la magia no existe. En el periodo estival se disparan los trastornos alimentarios.
Atienden a muchos nombres: melón, pollo, alcachofa, bocadillos, sándwiches, uvas, sandía o plátano pero lo cierto es que todas son igualmente dañinas. Hablamos de las dietas milagro, la forma de alimentación que prolifera en verano, prometiendo perder gran cantidad de kilos en pocas semanas, las mismas que dañan nuestra salud y metabolismo, provocando un efecto rebote. En nuestro país se estima que cada año se mueven en torno a 2.050 millones de euros del bolsillo de los ciudadanos que invierten en productos dietéticos complementarios con la finalidad ineficaz de adelgazar.
“Existen centenares, por no decir miles, de dietas y métodos milagrosos para perder peso corporal. Tantos, que se pueden agrupar en familias”, aseguró Ramón de Cangas, presidente de la Asociación de Dietistas de Asturias.
De esta forma, nos encontramos con dietas basadas en propiedades mágicas de un alimento concreto, “que anuncian una sustancia como milagrosa y a la cual se le atribuyen propiedades que hacen que la dieta sea más efectiva para reducir la grasa corporal”. Al igual que las dietas hipoproteicas e hipoglucídicas, donde según este experto se retiran las fuentes de hidratos de carbono como el arroz, la pasta o el pan, y que además son deficitarias en vitaminas, minerales, hidratos de carbono y fibra.
En tercer lugar estarían las dietas disociadas, cuya base propone no mezclar unos macronutrientes con otros. Otros ejemplos son las denominadas dietas de apariencia atractiva, aquellas que introducen un producto como estrella invitada. Por ejemplo, el chocolate utilizado para llamar la atención cuando dicha dieta se publicita en los medios.
Todas estas son dietas milagro convertidas en realidades que pasan a engrosar una larga lista dietética como la cronodieta, la dieta del semáforo, la de la sopa de cebolla o de tomate o la del pomelo... Antonio Ramírez, director del Centro de Orientación Nutricional de Jaén, advierte así: “Estos métodos suelen carecer de base científica y aparte de sembrar ilusiones y recoger decepciones, en otras ocasiones lo que adelgaza suele ser el bolsillo”. Ramírez agrega: “La meta no es bajar peso, sino mantenerlo de por vida, y para ello es fundamental la práctica diaria de ejercicio físico”.
La obediencia y el consumo de estas dietas implica efectos secundarios en nuestra salud, sobre todo cuando se prolongan durante semanas o meses. La mayoría de ellas tienen consecuencias directas como la pérdida de masa muscular, anemia, descalcificación y osteoporosis, bajadas en los niveles de potasio. Además lo que últimamente se está poniendo de manifiesto es el riesgo que corren las personas que siguen dietas incontroladas de caer en Trastornos de Conducta Alimentaria (TCA), como es el caso de la anorexia nerviosa y de la bulimia.
Sus consecuencias llegan a ser aún más graves cuando la dieta es desequilibrada, es decir, deficitarias en nutrientes, provocando problemas importantes tanto renales como hepáticos y aumentando el riesgo de padecer algunos tipos de cáncer.
Lo realmente adecuado es mantener una alimentación saludable y equilibrada, donde lo más importante es perder peso sin la necesidad de perder salud, aplicando una dieta individualizada que nos permite llevar un ritmo de vida normal, teniendo siempre muy claro que en nutrición la magia no existe.
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