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    El actor Lino Ventura, en una de sus películas.
    El otro combate

    La lucha del popular actor Lino Ventura a favor de los discapacitados

    25 FEB 2012 | Manuel Ortega

    Su rostro puso cara a mafiosos, truhanes y gente de mal vivir. También a policías serios, toscos y empeñados en una guerra contra el crimen.

  • Vito Genovese observa atentamente a quienes entran en la página web de la asociación Perce-Neige. El jefe mafioso de Los secretos de Cosa Nostra mira desde un ángulo de la pantalla a los visitantes que se interesan por una entidad que, con su medio centenar de casas, presta ayuda a los discapacitados franceses desde hace casi medio siglo. Claro que quien dice Vito Genovese podría hablar del Fernand de Gánster a la fuerza o del comisario Le Goff de El clan de los sicilianos, por citar tan solo dos referencias de una larga carrera cinematográfica que abarcó desde la década de los años cincuenta a la de los ochenta del pasado siglo: la de Lino Ventura.

    Y eso que la suya en el mundo del celuloide había comenzado de rebote. Corría el año 1953 cuando Jacques Becker tuvo noticias de un organizador de combates de lucha grecorromana italiano. El sujeto respondía al nombre de Angiolino Giuseppe Pasquale Ventura y, pese a haber nacido en Parma en 1919, llevaba viviendo en Francia desde que a los 7 años de edad había tenido que salir de su país natal para reunirse en París con su padre, que ejercía como representante comercial.

    Como prueba de su perfecta asimilación estaba su francés, al que no asomaba el menor acento italiano. A todos los efectos Ventura era, y siguió siendo el resto de su vida, un habitante de Francia. No obstante, nunca renunció a su nacionalidad italiana. Y eso que, en sus años de mayor popularidad, hubiera tenido fácil adquirir la francesa. Pero no adelantemos acontecimientos.

    Corazón grande. En ese año, 1953, Becker buscaba un italiano que interpretara el papel de Angelo en No tocar la pasta. No era poca cosa, porque la estrella era un nombre consolidado del cine francés y europeo: Jean Gabin. Quizá por eso, por el vértigo de trabajar junto a Gabin y porque no tenía la menor experiencia, Ventura, que se había retirado a causa de una lesión tras ser campeón de los pesos medios de lucha grecorromana de Europa en 1950, le dio un sonoro ‘no’ a Becker. Este no se arredró y volvió a presionar. Le gustaba el ‘careto’ de aquel tipo, que había combatido en la tarima con el nombre de Lino Borrini. Y este, según se cuenta, por quitarse a aquel pesado de encima, le respondió que trabajaría si le pagaba lo mismo que a Gabin. Con la sorpresa de encontrarse con una respuesta afirmativa.

    A partir de ese momento nació Lino Ventura como actor. El italiano se introdujo en el circuito y comenzaron a lloverle contratos. Además, en su primer rodaje se forjó una amistad indestructible con Gabin. Él mismo fue ganando en seguridad ante la cámara y recibió el parabién de la crítica y, sobre todo, del público. A finales de los años cincuenta su ritmo de trabajo era frenético: seis películas en 1957, cinco en 1958, otras seis en 1959…

    Cuando el éxito cinematográfico llamó a su puerta Ventura llevaba casado con una francesa, Olette, desde 1942. Del matrimonio saldrían cuatro hijos. Pero la vida de Ventura daría un primer vuelco en 1958, con el nacimiento de Linda. Su tercera hija era discapacitada y aquello le dio mucho que pensar. Ventura comenzó a interesarse por la situación de los discapacitados en Francia hasta que en 1965, preocupado por la carencia de medios al respecto, quiso lanzar un aldabonazo a la sociedad. Ante las cámaras de la televisión pública francesa, Ventura, popularísimo entonces, realizó una llamada exponiendo las circunstancias, incluyendo las suyas propias, y explicando cómo su esposa y él se preguntaban a menudo qué pasaría con su hija Linda cuando ellos faltaran.

    El discurso fue apoyado por Gabin y por la actriz Jeanne Moreau, e incluso el cantautor George Brassens dio un concierto solidario. La campaña sirvió para recaudar dos millones de francos que pusieron en marcha la asociación Perce-Neige, que, en sus inicios, se dedicó a apoyar a otras entidades que trabajaban en el mismo sentido. En los años setenta Perce-Neige, respaldada de forma pública por Ventura, consiguió presionar para que se legislara a favor de las personas discapacitadas. Y en 1982 abrió la primera casa de acogida propia en Sèvres, poniendo los cimientos de la futura expansión.

    Todo gracias a Ventura. Y si este no pudo ver completa su obra, pues falleció en 1987, Charles Aznavour describió de manera magistral al hombre que la había iniciado: “El corazón era del mismo tamaño que el buen hombre que era: un corazón grande pero oculto, con ese miedo a mostrar sus emociones. Lino era un ser de una sensibilidad extrema”.

    Su felicidad es su recompensa

    La asociación Perce-Neige, montada por Lino Ventura, continúa tan activa como siempre o más. Y es que su red de casas y hogares acoge a numerosos discapacitados, proporcionando también servicio médico y ayuda legal. Todo bajo la más estricta transparencia económica y haciendo gala de su lema: “Su felicidad es nuestra recompensa”.
     

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